Cuadernos del Valle del Asón
Nº 4 Diciembre 2000 - Página 7-10
Jueves 1ro de mayo de 2003, por Javier Ballesteros Cuevas
Un turista poco informado -o un extraterrestre- que hubiese decidido darse un paseo por Laredo el pasado 22 de septiembre, a eso de las 8 (la cosa empezó con una hora de retraso), habría quedado indudablemente sorprendido al contemplar un tumulto de gentes agolpadas en torno al puesto de la Cruz Roja y a lo largo de gruesas hileras que se perdían por la playa. Hubiese sin duda acrecentado su expresión facial de "My God, what the hell is this?" o "Qu’est ce que c’est...?" al percatarse de la presencia -en el meollo del asunto- de un grupo de saltimbanquis, figurantes, titiriteros y personas que parecían de alta cuna, engalanados todos con sedas de Taiwán y gruesos paños de China (todo a 100). Escuchábase música que era gustosa al oído y los caballos bailaban e facían cabriolas que eran de mucho mérito. Incluso uno blanco, muy bonito, recitaba en honor de su dueño retazos de prosa poética un poco subida de tono con requiebros tales o similares a: "quiero que me montes otra vez..." o "sentir tus muslos prietos en mi lomo" (lo juro). Si hubiese sido paciente, nuestro turista se hubiese quedado hasta el final para ver llegar un barco de vela, extracto de galeón del XVI, hasta las arenas de la Salvé, donde puso pie a tierra un hombre al que todos vitoreaban y que se hacía llamar emperador. No debía ser persona aficionada al ejercicio pues pronto subió a una silla porteada por cuatro mozos que lo llevaron en volandas hasta el Ayuntamiento, donde fue agasajado por las autoridades de la región. Lo que sucedió a continuación también fue cosa de maravilla, pues todas aquellas gentes vestidas a la manera del Renacimiento se conformaron en una bella procesión bordada de antorchas. Las sorpresas no terminaron aquí. A lo largo de la calle Menéndez Pelayo había florecido un auténtico mercado (post)medieval, con puestos rebosantes de viandas y artículos de lujo recién llegados de la ruta de la seda.
Como en nuestra comarca todos somos gente leída y "escribida", tú, querido lector, ya te habrás dado cuenta de que el personaje objeto de homenaje no podía ser sino Carlos V, nacido en 1500, de quien este año se celebra (procédase a una sencilla operación matemática) el quinto centenario. ¿Cuál era el acontecimiento?: su llegada al puerto de Laredo el 26 de septiembre de 1556, tras arreglar (inocente) los asuntos en sus posesiones europeas, para encaminarse a un monasterio extremeño donde habría de pasar sus últimos días de jubilado e intentaría ganarse un huequecito en el cielo.
Los laredanos acudieron un poco por llevar a los niños a dar un paseo, esperando un acto de circunstancias y, sin embargo, lo que vieron curioso estuvo y digno fue de ser contado... Parece ser éste un intento más serio que los anteriores de darle un carácter turístico a un hecho histórico. Además se ha publicado un folleto explicativo, editado por el Gobierno de Cantabria, y se ha jalonado el camino con unos monolitos blancos que presiden el "César" y su trayecto: Laredo, Colindres, Limpias, Cerbiago, Ampuero, Rasines, Ramales, Lanestosa, Soba, Los Tornos y de ahí Burgos, Valladolid, y el Monasterio de Yuste.
Hasta que nuestros vecinos construyeron el superpuerto, la carretera Burgos - Laredo tuvo gran importancia como acceso castellano al mar, por lo que ha sufrido continuas modificaciones y obras de "mejora" desde la Edad Media a nuestros días (literalmente, como sus usuarios conocen muy bien). No coincide, por tanto, de forma exacta el sendero utilizado por el rey con el de la nacional 629 de hoy. Dado que esta prestigiosa publicación está dedicada básicamente al deporte de aventura, prometemos, con los dedos cruzados en la espalda, cogernos un día la BTT e intentar cartografiar la ruta. Por si alguien quiere comenzar a investigar le podemos indicar el principio: en teoría comienza en la puebla vieja de Laredo, por ejemplo a los pies de la Iglesia de Santa María. Bajamos hasta el Ayuntamiento y enfilamos hacia la Pesquera por la calle José Antonio (donde antes paraban los autobuses). Atravesamos El Callejo, rodeamos las rotondas del hipermercado y nos metemos por detrás de la gasolinera para subir a Colindres de arriba. Casi pasada esta localidad llegamos a los depósitos de agua donde abandonamos la carretera y comenzamos a subir por una pista de tierra y grava. En la primera bifurcación que encontramos giramos a la derecha. Por ahí continúa el camino hasta Limpias. ¿Quién sigue?

Programas de televisión y radio, libros, exposiciones, artículos... es el año internacional de Carlos V, ¿qué podemos aportar de nuevo al peripatético espectador? Pues como es propio de estas páginas nos sumergiremos en las profundidades, las entrañas, lo de detrás. Haremos espeleología en las cuevas de la historia y descoseremos el dobladillo al traje oficial del personaje (!).
Si Carlos no hubiese nacido en familia con posibles, es muy probable que hubiera protagonizado alguna de las novelas picarescas de nuestro Siglo de Oro: "El Lazarillo de Gante", "El Carlos de Alfarache" o "La vida del buscón llamado don Carlos". Daremos algunas pistas para que el distinguido lector compruebe cómo los destinos se traspapelan a menudo y tuercen las vidas de los nacidos para más humildes menesteres. Para empezar, el solio le llegó por una serie de macabras carambolas: Su abuela, Isabel la Católica, le quitó el trono, por todo el morro, a su hermano Enrique IV y a su sobrina, la famosa Juana la Beltraneja y se casó después con el vivillo de Fernando de Aragón, unificando los reinos de España. Tuvieron varios hijos. Juan debía ser el heredero, pero murió de unas fiebres, al igual que su retoño. Su hermana Isabel, la nueva heredera, feneció al dar a luz a Manuel, niño debilucho que pasó pronto a mejor vida. De forma que la corona fue a parar a manos de la cabra loca de la familia, Juana (luego llamada la loca, lógicamente). Ésta era una morenaza resultona perdidamente enamorada de un guaperas norte europeo: Felipe el Hermoso, que era su marido. Juanita había salido a "güeluca" Isabel de Portugal que pasó 42 años de su vida encerrada en un castillo tras perder el seso. Además era muy celosa. Se dice que deformó la cara de sus sirvientas para que su cónyuge no cayese en la tentación. Entre broncas, peleas, discusiones familiares y ataques de melancolía, parece ser que fue capaz de sacar unos minutos para dedicarse a su pasatiempo favorito... y darle varios hijos a su esposo.
El primero fue Carlos. Los jóvenes esposos se hallaban en un baile. De pronto Juana salió disparada hacia el retrete. El príncipe ni se dio por aludido hasta que un murmullo se extendió por la sala. Había nacido el que sería cabeza del Sacro Imperio Romano Germánico.
En aquella época no había butaneros, entonces... ¿A quién se parecía la criatura? No tenía la hermosura de su padre ni la belleza exótica de su madre. El muchacho era muy feo, pequeño y enclenque. Además su barbilla prominente le impedía cerrar la boca dejando al descubierto una horrible dentadura, lo que le daba un cierto aspecto de "tonto de baba". Un infanzón de Calatayud (el pueblo de la Dolores) llegó a decirle: "Cerrad la boca, Majestad, que las moscas de este reino son traviesas". No sabemos si el mozo salió vivo del comentario. Se llegó a decir que era corto de entendederas y torpe para los idiomas. Pero lo cierto es que el muchacho, mírale, era hábil con las armas y en el deporte de la caza. Hablaba francés, flamenco, alemán y español. "El francés para hablar con las mujeres, el alemán para hablar con el caballo y el castellano para hablar con Dios" se le oía presumir cuando tomaba un par de vinos. No se le dieron mal las batallas y dirigió medio mundo casi él solito. Eso sí, comía como un animal, como no engordaba...
Su padre murió pronto y su madre no estaba para salir a trabajar, así que el niño tuvo que hacerse cargo del negocio familiar con sólo 17 años. Aunque no le hacía mucha gracia, hubo de venir a España para ocuparse de la herencia, desembarcando en el puerto de Laredo donde le tenían preparado un buen recibimiento (hacerle la pelota, vamos). Pero entre una tormenta y cuatro discusiones de los pilotos acabaron en Asturias. Carlos no sabía ni papa de castellano y venía acompañado de sus consejeros holandeses, muy flamencos ellos, y bastante impertinentes. Esto es lo que nos cuenta el cronista del rey L. Vidal, de los montañeses que vio en ese viaje: "Los hombres son bastante rudos y poco corteses con los extranjeros... Las mujeres de aquellas comarcas van vestidas sobriamente, con telas de poco precio... llevan muchas y negras horquillas; así que las mujeres y las mozas son poco o nada agradables."
En un principio a los españoles no les cayó nada bien el Habsburgo: centralizó el poder burlándose de sus acuerdos con las Cortes, frió a impuestos al personal, dio los mejores puestos políticos a sus paisanos y empaquetó el oro que venía de América hacia las arcas de los banqueros holandeses para pagar las deudas de sus continuas guerras contra los protestantes. Aquí se prefería a su hermano Fernando, nacido y criado en Castilla y de mejor aspecto. Pero... Carlos acabó gobernando en España y Fernando, que estrenaba así una tradición de gran aceptación en el siglo XX, emigró a Alemania para currar como encargado de aquel imperio.

Trabajo tenía a manta y si no, echemos un vistazo a los títulos con los que había de firmar cada una de sus misivas: "emperador romano, rey de España, de Sicilia, de Jerusalén, de Baleares, de las islas Canarias, y de las islas y continentes situados a otro lado del Océano, archiduque de Austria, duque de Borgoña, de Brabante, de Estiria, de Carintia, de Caniola, de Luxemburgo, de Limburgo, de Atenas y Patras, conde de Habsburgo, de Flandes y de Tirol, conde palatino de Borgoña, de Hainaut, de Ferrette, del Rosellón, landgrave de Alsacia, príncipe de Suabia, señor en Asia y en África".
Y hablando de títulos... ¿por qué le llamamos Carlos V, cuando era Carlos I de España? ¿Te has dado cuenta de que nuestro rey actual debería ser Carlos V, de acuerdo con el orden sucesorio español? ¿Se inventaron lo de Juan Carlos I para evitar maledicencias y chascarrillos?
Después de cartografiar la ruta me contestan las tres preguntas, gracias.
Otra curiosidad es que Carlos I sólo fue rey legítimo de España once meses, pues su nombramiento como monarca español por sus amiguetes flamencos no podía ser válido hasta la muerte de la auténtica reina, su madre Juana. Y ahora nosotros venga pedir papeles y el "augusto" era inmigrante e ilegal.
Hemos comentado con anterioridad que el muchacho no era un adonis, añadamos que sus graves excesos con las comidas le produjeron una terrible gota y una halitosis que espantaba. Pero sí, ser rey tiene sus ventajas, una de las más importantes es que se liga mucho. Resumen de sus mejores jugadas en el tálamo: Juana Van der Gheist le dio a la famosa Margarita de Parma; en Castilla echó algunas canitas al aire antes de enamorarse de Isabel de Portugal, que murió pronto y a quien siempre echará de menos; Bárbara Blomberg una rolliza holandesa le servirá de consuelo y le dará un hijo, Juan de Austria. Curiosamente esta muchacha juerguista y gastadora murió en Colindres y está enterrada en el convento de Montehano.

A los 56 años, cansado de gobernar tan vasto imperio, desilusionado y harto de las miserias humanas, abdica en su hijo Felipe II y decide retirarse a una vida de monje en su país de adopción. Veremos que este último viaje poco tiene que ver con los festejos del otro día: Llegó el hombre a Laredo proveniente de Bruselas en el "Spíritu Santo", pero como ya no era rey, casi nadie salió a recibirle: "S.M. está bien mohíno del mucho descuido que ha habido...". Se quedó una semana en la que hubo tal galerna que su flota se dispersó y se hundieron varios barcos. Para acabar de animarle, le visitó su nieto Carlos, futuro heredero, que era hidrocéfalo, cojo y jorobado. Sin duda el anciano suspiró, elevó los ojos al cielo y giro lentamente la cabeza a ambos lados. El camino por senderos en mal estado y embarrados no fue agradable. Recibió algún agasajo de los nobles de Burgos y Valladolid y continuó hacia su última morada. Al final del trayecto entróle la prisa y fuésele la compasión pues hizo a su comitiva abandonar el camino y atravesar los montes de la sierra a derecho para llegar antes, inmisericorde con los pobres campesinos que portaban su litera.
Se suponía que iba a llevar una vida sencilla y abnegada, pero lo cierto es que se hizo construir un palacio, al lado del monasterio, a imitación de aquel en que nació, adornado con cuadros, tapices y su impresionante colección de relojes. Su séquito era tan numeroso que, prácticamente, el vecino pueblo de Cuacos se fundó para alojar a sus criados. Mandó tirar una pared de la iglesia para poder ver el altar desde su cama y sus comidas siguieron siendo tan pantagruélicas que tuvo que dejar de comer con los monjes. Eso sí, pidió que le enterrasen debajo del altar, para que el sacerdote pisase eternamente su busto al decir misa. No le hicieron caso.
Tan gran señor merecía un gran final. Entregó su alma al Altísimo con bellas y originales palabras que conmovieron al mundo: "¡Ay, Jesús!", dijo y expiró. Era el 21 de septiembre de 1558.
ERLANGER, Philippe; "Carlos V"; Ed. Salvat; Barcelona, 1985.
VARIOS; "Carolvs V Imperator"; Ed.Lunwerg; Barcelona, 1999.
CASADO, José Luis; "Cantabria vista por los viajeros de los siglos XVI y XVII"; Ed. Institución Cultural de Cantabria; Santander, 1980.
FISAS, Carlos; "Historias de la Historia"; Ed. Planeta; Barcelona, 1985.
FISAS, Carlos; "Historias de la Historia. Segunda serie"; Ed. Planeta; Barcelona, 1985.
Nuestro agradecimiento a Juan Carlos, que nos ha provisto de la documentación necesaria y más. ¿Qué haríamos sin ti?