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Cuadernos del Valle del Asón

Travesía Mortero-Rubicera

Nº 3 Abril 2000 - Página 21-22

Lunes 14 de abril de 2003, por Ángel García Fuente


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Rubicera
Autor: © Ángel García Fuente

En el mes de agosto de 1999, miembros del Spéléo club de Paris (S.C.P.) se encontraban realizando trabajos de exploración en el nivel más profundo del Sistema "Mortero-Rubicera (Las Canales)". Su propósito es unir estas cavidades con las galerías del otro gran sistema de la zona (Garmaciega-Cellagua-Mazo Chico-Sombrero), en el que vienen trabajando, al igual que nosotros, en los últimos años y cuyas galerías profundas se encuentran a pocos metros de las del Mortero.

Para permitir la exploración, tenían completamente instalados todos los pozos y dificultades del Mortero, así como las galerías de Rubicera que se encuentran conectadas con el Sistema. La exploración de Rubicera es mucho más reciente que la del Mortero y ha sido realizada por el S.E.I.I., que tras desobstruir un difícil paso en las grandes galerías conocidas de la cavidad, descubrieron y exploraron una intrincada red de galerías, de todos los tamaños, que se desarrollan a varios niveles y superan los 40 kilómetros. También consiguieron realizar la conexión, en varios puntos, de las nuevas galerías con la red del Mortero.

La completa instalación de esta travesía era una oportunidad única para poder realizar esta actividad, y tuvimos la suerte de ser invitados por los espeleólogos del SPC a acompañarles en la excursión subterránea.

El día 14 de agosto a las 8 horas acudimos Jesús y yo a la cita en La Gándara con Philippe Morverand que haría de guía por la travesía. Un segundo grupo de espeleólogos franceses nos seguirían un poco retrasados, y desinstalaría parte de la cavidad.

Así pues, después de las habituales tareas de vestirse y equiparse nos internamos en la gigantesca boca del Mortero, descendiendo los primeros pozos y rampas hasta llegar a las zonas inundadas del Mortero, que obligan a montar pasamanos y ponerse los pontos de látex para vadear las pozas profundas. A pesar de estas medidas es necesario utilizar un bote para cruzar un corto lago que se forma cerca de la cabecera del gran pozo de 178 metros, donde nos quitamos los pontos.

Hasta este punto, el paseo ha sido bonito y variado, comunicándonos con Philippe con una mezcla de francés-español chapurreado, que no ha impedido que nos entendamos perfectamente. Philippe nos comenta sus trabajos de exploración en el fondo y las posibilidades que ofrece el macizo.

Uno a uno descendemos el impresionante pozo de 178 metros, que afortunadamente apenas lleva agua, con lo que nos libramos de la ducha y el estruendo que ésta provoca al caer desde gran altura. En el fondo buscamos varios pasos entre bloques, que nos conducen al fondo de otro gran pozo paralelo al primero, por el que llega el río procedente de Rubicera y con él la cuerda que baja desde las galerías superiores.

Ascendemos el pozo que supera los 100 metros, mojándonos en algunos tramos, hasta alcanzar una sala con el suelo de arena, que recibe el río proveniente de un alto meandro de paredes irregulares y con aguas profundas en algunos lugares. El meandro conduce a la base de un nuevo pozo, también de gran tamaño, que de nuevo ascendemos, esta vez lejos del agua. La cabecera del pozo conduce a una galería de buen tamaño, por la que circula el río en su fondo y en la que nosotros progresamos a media altura, sobre las repisas que la forman. Es necesario remontar algunos pequeños resaltes equipados y marchar por el agua en otras zonas.

Hacemos una parada en una sala para comer algo y descarburar; la conversación pasa de la pura espeleología a temas más variados como la cocina francesa y española, las diferentes formas de vida de ambos países y las habituales de mujeres y trabajo.

Finalizado el descanso, continuamos remontando el río, hasta un punto en que éste sale de unas estrechas diaclasas. La continuación es trepando en oposición por el meandro, hasta alcanzar unas galerías fósiles de gran tamaño y sección cuadrada, por las que continuamos durante un tiempo. Estas galerías conducen a otras más estrechas e intrincadas, en las que es necesario buscar el paso entre varios cruces. Una diaclasa vertical y rectilínea nos lleva a la base de un pozo, que comunica con un nuevo nivel superior de grandes galerías.

En este punto nos está esperando una pareja de espeleólogos del SPC, que han entrado por Rubicera; todos juntos disfrutamos de este sector de la cavidad que nosotros ya conocemos de nuestras correrías por la cueva, y que incluye grandes salas caóticas, tubos freáticos, galerías desfondadas y bonitas formaciones de todos los tamaños; también cruzamos galerías con las paredes cubiertas de conchas y otros fósiles marinos.

Finalmente llegamos al estrecho paso entre bloques que fue desobstruido por el S.E.I.I. Y que conduce a las viejas galerías de Rubicera conocidas desde hace años, y que tienen un tamaño muy considerable, con el suelo cubierto de grandes bloques. Poco después vemos la luz que penetra por la boca de la cueva y salimos al sol que ilumina el Valle del Asón, que se encuentra a nuestros pies, con sus bosques de hayas y encinas, sus altas paredes, sus bocas de cuevas y su inconfundible cascada.

Nos quitamos los trastos del oficio y emprendemos la marcha, remontando los pasos que comunican las distintas terrazas que forman las paredes del Valle a este lado del río. Disfrutamos del sol tumbados junto a la carretera mientras Philippe recoge el coche y viene a buscarnos.

Ya en la cabaña que tienen de base los espeleólogos franceses en La Gándara, tomamos una cerveza y comentamos las incidencias de la travesía, estableciendo nuevas citas para el próximo verano. Poco después nos despedimos de los integrantes del grupo francés, agradeciéndoles el haber podido disfrutar de esta travesía, especialmente a Philippe Morverand, que ha hecho de guía en esta excursión.

En cuanto a la travesía en sí, sólo es apta para espeleólogos experimentados, siendo necesario instalar las dos cavidades que tienen las entradas a cotas similares. Las dos redes se unen a una profundidad de 400 metros, que es necesario descender primero para remontar después, con la complicación añadida del agua, que ocupa gran parte del sistema y que representa un gran peligro en caso de crecida.

Por último, destacar que el sistema se encuentra bastante limpio en general, y sería de desear que siga así durante mucho tiempo, por lo que deberían abstenerse de pisarlo aquellos que no tengan arraigadas las ideas de limpieza y preservación que todo espeleólogo, a mi entender, debe poseer.

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