Cuadernos del Valle del Asón
Nº 4 Diciembre 2000 - Página 29-32
Jueves 1ro de mayo de 2003, por Ángel García Fuentes

Los espeleólogos que hemos tenido que participar en labores de socorro en una cavidad, conocemos muy bien la dureza y dificultad de mover una camilla por las rampas de fuerte pendiente, donde la fuerza física es la "técnica" más usada. Estas rampas, a menudo llenas de barro, agujeros y otras trampas, que provocan caídas de los socorristas y ponen en peligro la integridad del herido, también dejan mermadas las fuerzas del personal del socorro, probablemente mucho más que otras dificultades, en teoría más complejas. Si a esto le unimos la particularidad de que la rampa se encuentre en la cabecera de un pozo, entonces las operaciones se complican mucho, siendo necesario que desciendan varios hombres hasta el borde del pozo, en condiciones penosas de trabajo, con un mayor riesgo.
Para resolver los problemas arriba mencionados que presentan las rampas, el AER ha desarrollado una técnica que denominamos T.R.C.H.E. (Técnica de Rampas Con Hombre Estribo), que permite mover la camilla en este tipo de terreno con facilidad, comodidad y sin riesgo. Esta técnica ha sido probada con éxito en diversas ocasiones, entre ellas en el curso que impartimos a los Bomberos del Ayuntamiento de Burgos.
El concepto básico consiste en superar estas rampas mediante una cuerda de soporte sobre la que circula la camilla mediante poleas, como una tirolina normal. El extremo superior de la cuerda se fija a los anclajes, mientras en el extremo inferior es un hombre el que hace las funciones de anclaje.

El Hombre Estribo fija la cuerda soporte a su rapelador, colgándose de ella, y adoptando un ángulo de inclinación hacia su espalda que evite sea arrastrado por el peso de la camilla. La cuerda así dispuesta queda muy cerca del suelo, por lo que al colocar la camilla ésta puede rozar la tierra; para evitarlo se emplean Hombres Poste, es decir, se sitúan delante, detrás, y donde sea necesario, espeleólogos que eleven la cuerda soporte, colgándosela del arnés, o situándola encima del hombro, cosa que no tiene inconveniente, puesto que esta cuerda esta fija y no corre.
Estos hombres se aseguran a la cuerda con sus puños, pudiendo reasegurarse a la cuerda tractora con la baga de anclaje. Debemos recordar que en general será posible encontrar posiciones en las que estos hombres se sitúen de pie sin necesidad de colgarse de la cuerda. La ubicación de este personal dependerá de cada caso y fundamentalmente de la pendiente de la rampa, pero en general serán necesarios un hombre detrás de la camilla, otro en los escalones que la rampa pueda tener, y quizás otro más en la cabecera de la cuerda, si esta no se encuentra situada bastante alta. De cualquier forma, estos hombres pueden en muchos casos moverse, ascendiendo con la camilla, sin necesidad de abandonar su función, o mediante una pequeña parada, que se hace pasando la camilla en el suelo sujeta por la cuerda soporte.
El arrastre de la camilla se hace mediante una polea más un bloqueador, que generalmente es suficiente para moverla; con dos hombres que traccionen también tenemos bastante, pero si fuera preciso se monta un palan y se utiliza más personal.
Como cuerda soporte se puede usar en muchos casos las existentes en la instalación, ya que en la mayoría de estos lugares existen instalaciones. Se debe comprobar el estado de esta instalación, aunque el montaje no ejerce grandes tensiones sobre el material, al ser muy dinámico y la mayoría de los pesos se descargan sobre el suelo.
Para el montaje de la cabecera se pueden dar varios casos:
si disponemos de instalación, sólo será necesario reforzarla y buscar un emplazamiento para la tracción, que puede estar más alejado.
si actuamos como equipo de instalación sin transportar al herido, tenemos tiempo, por lo que clavaremos nuevos anclajes lo más altos posibles, para que la camilla esté más alejada del suelo.
Finalmente si actuamos como equipo de porteo de camilla, no debemos perder mucho tiempo en rebasar una rampa (al contrario que en el caso de un pozo, donde es necesario clavar de todas formas). Para montar esta técnica sin perder mucho tiempo clavando la cabecera, podemos buscar anclajes naturales, aunque estén alejados de la cabecera, situando en ese punto un hombre poste que eleve la cuerda lo necesario.

En cuanto al Hombre Estribo, aunque parezca un trabajo muy duro, no lo es tanto, soportándose con facilidad. Es aconsejable utilizar un hombre de envergadura para este trabajo; en el caso del pozo-rampa será el mismo que hace de Hombre Polea normalmente.
Respecto a los descensos, esta técnica es igualmente válida, con sólo cambiar el sistema de tracción por uno de retención.
Esta técnica una vez conocida es muy fácil de realizar, sin que el personal necesite una instrucción específica, su montaje es rápido y con los elementos que se llevan normalmente en las tareas de socorro. Es necesario tener en cuenta que una pequeña pérdida de tiempo en el montaje de este dispositivo no es importante, mientras que ahorrar las fuerzas que estas rampas consumen a raudales sí que lo es.
Para este ejemplo vamos a imaginar que tenemos un pozo con una rampa con fuerte inclinación en su cabecera. Por dicho pozo discurre una instalación que como es lógico tendrá un fraccionamiento en el borde del pozo. La rampa tiene un escalón de un metro en su mitad. Suponemos que el equipo de transporte es el encargado de realizar el montaje, sin que estuviera hecho por otro personal del socorro.
La secuencia de trabajo sería la siguiente:
1. Cuando la camilla llega a la base del pozo, todo el personal asciende por las cuerdas, salvo los que permanecen para fijar la camilla, el médico, o quién sea necesario.
2. Se revisa la instalación comprobando su buen estado, se ubica el anclaje de tracción y el de seguro si es preciso. Finalmente se despliegan las cuerdas que se fijan a la camilla y a los bloqueadores.
3. El Hombre Polea desciende por la cuerda de instalación hasta su posición habitual, permaneciendo colgado de la cuerda en el borde. También desciende a este punto un acompañante que le ayuda a mover la camilla y después hará de Hombre Poste detrás de la camilla; quedará fijado con el puño a la cuerda.
4. Comienza el ascenso de la camilla hasta el borde del pozo, donde los dos hombres allí situados la colocarán posada sobre el comienzo de la rampa, sujeta por la cuerda tractora y de seguro.
5. Se colocan poleas en los soportes de la camilla, pasándolas por la cuerda que hará de soporte, situándose los dos espeleólogos detrás de la camilla, y estando el hombre que hizo de polea colgado de su rapelador, pero sin ejercer tensión.
6. Dos hombres descienden, situándose un en el escalón de la rampa, con la cuerda soporte colgada del arnés por un mosquetón. El otro se sitúa en la misma cabecera con la cuerda soporte apoyada sobre el hombro, que se puede proteger con una saca vacía o un guante doblado.
7. Una vez listo todo el montaje, el Hombre Estribo comienza a tensar la cuerda, cargando su peso hacia atrás, al mismo tiempo que su ayudante levanta la cabeza de la camilla, hasta que este queda suspendida, y sujeta por la tracción.
8. El ayudante se coloca debajo de la camilla y con la cuerda soporte sobre el hombro, convirtiéndose en un Hombre poste del sistema.
9. La camilla ya puede ser desplazada sin que roce en el suelo. Al llegar al escalón el hombre allí situado se desplaza junto a la camilla, hasta llegar a la cabecera, o bien se puede posar la camilla en el suelo y situarse detrás de ella, para continuar el ascenso.
10. Finalmente la camilla llega a la cabecera donde es recogida por el resto del personal y colocada en un lugar seguro, mientras todo el mundo se reagrupa.
Esperamos que este informe sirva para facilitar el duro trabajo de todos aquellos que participan en labores de rescate en las cuevas, así como en el exterior, donde creemos que también son aplicables.
