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Cuadernos del Valle del Asón

Ruta de los viejos molinos del Asón

Nº 5 Julio 2001 - Página 15

Miércoles 19 de marzo de 2003, por Asociación Cultural Juan de Espina


Es sólo una película y no muy buena, pero -aparte de la bailarina con la serpiente- hay una escena en Abierto hasta el amanecer que llama especialmente la atención: la última. Los protagonistas esperan a sus compinches en un bar de Méjico, uno cualquiera. Sin embargo, aquel antro de mujeres, juego, música y camioneros borrachos se trasforma en un baño de sangre con vampiros y similares lanzándose al cuello de nuestros amigos. La explicación al misterio aparece en el plano final: la cámara se aleja y nos revela que el establecimiento hostelero se ubica, ni más ni menos, que en el altar de sacrificios de un antiguo templo azteca semienterrado en el desierto.

Una piedra. No hay nada más común, vulgar e insignificante: "Menos da una piedra" decimos de algo que tiene muy poco valor, aunque lo suficiente como para aceptarlo en vez de arrojarlo con desprecio como a... "una piedra en el zapato". Los caminos y cunetas están tan llenos de ellas que pasamos a su lado sin darnos cuenta de su presencia, a no ser que tengamos a bien premiarles con un puntapié de desahogo. Es cierto que hay gente muy rara, capaz de ensimismarse con una piedra, sonreír ante su presencia, restaurarla e, incluso, llevársela a casa. ¿Tiene explicación todo esto? Pues claro, y muy sencilla: ¡saber! Un geólogo, un arqueólogo, un cantero... ven dentro de ese trozo de materia, vislumbran detrás del polvo que lo envuelve, conocen su alma y su historia y lo que es mejor, pueden leer en sus estrías las historias de otros, de los nuestros, de los que nos precedieron.

Los profesores nos sentimos casi siempre como sacerdotes incomprendidos de una secta mal vista. Luchamos a brazo partido con nuestros alumnos -los pocos momentos que no estamos de vacaciones ¿verdad?- tratando de entregarles la llave que abre las puertas de mundos desconocidos llenos de placeres y satisfacciones. Y no nos creen. No conciben que pueda haber otros cielos más allá del "chunda-chunda" de la discoteca. Pero no desesperamos...

Por eso algunos de nosotros y Luisa, procedentes del instituto de Ampuero, decidimos hace un par de años contribuir al (re)conocimiento de la labor inestimada y callada de las piedras de nuestro valle y, aunque parezca increíblemente absurdo, tratar de salvarlas de la extinción. Así formamos la Asociación Cultural "Juan de Espina", dedicada a promover acciones que preserven y difundan el patrimonio histórico-artístico de la comarca del Asón.

Uno de los primeros proyectos que estamos acometiendo tiene como objetivo localizar los restos de antiguas construcciones que en su día se dedicaron a la molienda, diseñar rutas turísticas que faciliten a propios y extraños su visita y, como culminación, montar una exposición al efecto en la Casa de Cultura. También queremos involucrar a los alumnos de la zona, diseñando material didáctico que utilizaremos en una futura área optativa de Educación Secundaria, denominada "Conservación del Patrimonio".

Afortunadamente el patrimonio histórico es un tema que preocupa de forma creciente a las administraciones públicas, así hemos de mencionar y agradecer el apoyo y las ayudas recibidas del Ayuntamiento de Ampuero, el Gobierno de Cantabria y el Centro de Profesores y Recursos de Laredo. También hemos contado con la comprensión y colaboración de muchos vecinos y estudiosos del tema que, de forma entusiasta y desinteresada, han puesto a nuestra disposición su experiencia y sus valiosos conocimientos.

Una sorpresa muy agradable es la cantidad de trabajos que ya hay realizados sobre temas similares por personas e instituciones de la provincia e, incluso, de fuera de ella; por lo que afirmamos que el proyecto "Rutas de los viejos molinos del Vallino y el Asón" no es la primera piedra sino sólo una más de este futuro edificio donde podamos (re)conocer y disfrutar de lo que nos rodea... y cruzar, nada menos, que la puerta de nuestro pasado.

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