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Cuadernos del Valle del Asón

Rockers in Ramales

Nº 7 Julio 2002 - Página 9-12

Miércoles 29 de octubre de 2003, por Antonio González Corbalán


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Pared del Eco

A finales del verano de 1980 me trasladé de Madrid a Laredo para trabajar en el Instituto de Bachillerato de esta Villa. Solía viajar a Madrid a través del puerto de Los Tornos y la Pared del Eco, cercana a Ramales, empezó a llamarme la atención. En aquella época no conocía escaladores de Santander pero sí tenía algunos amigos en Bilbao con los que había escalado y fue con ellos cómo comencé a ir a la Paredona -nombre por el que se conocía a la Pared del Eco entre la gente de Santander- y a escalar las pocas vías que había. A la izquierda de la pradera, mirando a la Pared del Eco, la Maitechu era una de ellas, asegurada con clavos y de la cual no había noticias de que hubiera sido realizada íntegramente en libre. Un poco a su derecha había otras dos vías, una de ellas, muy bonita por cierto, siguiendo una atractiva fisura. Propiamente en la Paredona no había ninguna ruta en libre, la única que existía era una burilada en dos largos a la Gran Cueva que hay en el centro de la pared. Esta vía estaba pésimamente equipada con chapas tipo hojalata que se deformaban poco a poco con el paso de los escaladores y que dieron algún susto a los incautos. De todas maneras como se trataba de ascender con estribos las chapas aguantaban solo el peso estático de un escalador y raramente una caída -que con seguridad las habría partido- . Realicé esa vía con un maestro de la Escuelas José Zorrilla de Ramales -con el que escalé algunas veces más- y cuando alcanzamos la Gran Cueva Central estuvimos mirando por la galería hacia dentro sin encontrar ninguna continuación obvia. Eso sí, había centenares de grajos anidando en la Pared y el lugar era fantástico y dado al ensueño.

Pasó el tiempo y comenzaron algunas tímidas iniciativas por parte de escaladores santanderinos para trazar una ruta que ascendiese íntegramente la Paredona. La primera idea fue continuar, lógico, los dos largos de artificial que ya estaban abiertos para seguir de la cueva hacia arriba. Siempre he aceptado escalar en artificial para poder iniciar, seguir o completar una ruta elegante. Desde mi punto de vista la cuestión principal en aquella época, al abrir una vía de escalada, era que la ruta siguiera una línea bella, con una estética definida...utilizando el artificial o, preferentemente, el libre para alcanzar esos objetivos. Y cuanto menos artificial hiciera falta mejor. Mi ideal, aún ahora soñado, hubiera sido una vía totalmente en libre que surcase la Paredona de abajo a arriba y centrada lo más posible. El proyecto de continuar desde la Gran Cueva Central hacia arriba no me satisfacía y además llevaba un alto % de trabajo en artificial con spits o buriles -que en aquella época se metían a mano- para superar placas compactas.

Estudiando la pared con prismáticos y algo de atención observé que en el tercio de la derecha existía una cueva alargada en vertical que se prolongaba en fisuras muy evidentes hacia arriba. Decidí comenzar una vía que alcanzase de la forma más armoniosa esa cueva y, luego, comprobar sobre el terreno que tal era la continuación. Con el primer largo superamos en artificial una placa hasta una estrecha repisa herbosa y continuamos por una fina grieta que escalada en oposición requería un restablecimiento de mucho equilibrio. En este paso estuvo a punto de tener una importante caída mi amigo Dylan de Bilbao, que protesto acerca de esta vía y con el cual ya no pude contar más para proseguir la apertura (También realicé con Dylan en aquella temporada una de las pocas repeticiones a la aguja del Fraile de Santoña).

Durante el curso 82/83 algunos alumnos del Instituto de Laredo -animados por mí- comenzaron a escalar. Entre los que escalaron alguna vez conmigo en aquella época estaban J.M. Ikazategui (Ika), I. Martínez (Nacho), Álvaro Bustamante, Ángel García (Gelo) -actualmente en el AER-, y algunos otros. Ika y Nacho me ayudaron en alguna ocasión en los largos segundo y tercero pero para ellos no era un tipo de escalada demasiado atractiva. La reunión del primer largo -muy aérea como todas las de estas vías- se realizó a horcajadas sobre un árbol con una cuevecita al lado. Desde éste árbol nos vimos precisados a picar varios buriles para alcanzar fisuras y con un pequeño péndulo a la izquierda alcanzar la base de la característica cueva. El tercer largo lo abrimos en libre por el borde izquierdo de la cueva. El cuarto largo fue muy aéreo y su parte final requirió movimientos limpios y muy elegantes.

Finalmente conseguí que un escalador de Santander, Ángel Luis Valero (Cuco), mordiese el anzuelo del proyecto y en Junio del 84 decidimos acabar de una vez la vía. La cuarta reunión - sobre estribos, junto a un arbolito y con un vacío ligeramente desplomado bajo nosotros- era impresionante. El quinto largo (de la fisura) es el más bonito de toda la vía y fue su largo clave también. Es muy probable que, actualmente, con un adecuado equipamiento para escalada en libre pueda realizarse este largo en libre y, más aún, todos los largos de la cueva para arriba. Pero en aquella época para mí esto era impensable. Al comienzo del largo metimos friends grandes en una fisura limpia y algún invento para continuar por una fisura ligeramente inclinada a la izquierda con clavos, empotradores y algún spit. Los largos siguientes -sexto, séptimo, octavo, noveno y décimo- se abrieron básicamente en libre y entrañaron dificultades moderadas con un máximo de V+ (o quizás 6a). En estos largos a veces la vegetación era una dificultad a tener en cuenta. El día de la apertura tuvimos que vivaquear en la reunión séptima que no es nada incómoda y pudimos acabar por la mañana los largos octavo, noveno y décimo que son relativamente "cortos". Bautizamos la vía con el nombre de "Nagual" que hace referencia a lo "desconocido" que era el terreno por el que discurre ya que nagual es la denominación de la parte oculta de la percepción en la lengua de los indios yaqui mexicanos.

Tras esta escalada pasaron varios años en que lo que me interesaba de la Paredona era hacer una, o varias, vía en libre. El frontón en que acaba el contrafuerte Sur de la Pared -que cierra la pradera en dirección al Puerto de Los Tornos- tenía un aspecto muy atractivo. Se veía fisurado por diedros y placas practicables en libre a ojo. Un día en la primavera de 1987 J.C. Balbás me acompañó y fuimos directos a ese frontón a ver que nos ofrecía el destino. Íbamos forrados de clavos, empotradores, y equipo de colocar spits para montar lo que hiciera falta. Los cuatro largos de la vía salieron de una atacada limpia. Nos quedamos tan contentos que le pusimos a la vía el nombre de un disco de nuestro cantautor predilecto: "Rabo de Nube" de Silvio Rodríguez. No es porque la hayamos abierto nosotros pero es la mejor vía de iniciación que conozco con una dificultad máxima de V.

Inicialmente la dejamos para equiparla con empotradores, friends y puentes de roca, pero luego -tras cierto número de repeticiones- volvimos para equiparla con parabolts, anillos de rappel y cosas similares. El primer largo parte del punto más alto y a la izquierda del contrafuerte, supera una placa y unas fisuras y descansa en una buena repisa herbosa. A continuación nos desplazamos a la derecha, tomamos un diedro durante unos 15 metros y alcanzamos una repisa -tipo nido de águila- desplazándonos en diagonal a la derecha. Son unos pasos que molan cantidad por lo aéreos y elegantes. A partir del nido de águila -donde actualmente muere una variante de dos largos llamada Udumbara- nos movemos superando la línea de mínima resistencia de la placa que tenemos encima, donde abundan los puentes de roca y las profundas fisura donde podemos meter seguros atómicos. Así vamos a parar a una amplia repisa poblada de encinas. Desde esta repisa, durante la apertura, fuimos por una zona de placa con arbolitos, eludiendo la zona más compacta y debiendo atravesar varios bardales que "desgraciaban" la vía.

Como esto no podía quedarse así volvimos para reabrir el último largo por la zona más elegante de la placa, para lo cual metimos varios parabolts de seguro. De esta forma nos movemos en diagonal ascendente hacia la izquierda para escalar a continuación un largo canalizo en plena placa hasta su final en donde la pared pierde la verticalidad y desemboca en una inmensa repisa con bosque. Desde la última reunión podemos bajar mediante dos rappeles hasta el suelo; el primero nos dejará en el nido de águilas y desde éste un largo rappel nos depositará en la base de la pared.

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Vía Nagual a la Pared del Eco
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Vía Rabo de Nube a la Pared del Eco

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