Cuadernos del Valle del Asón
Nº 2 Junio 1999 - Página 3-6
Lunes 28 de abril de 2003, por Juan Alonso

Aeropuerto de Santander: cuatro de Ramales nos encontramos aquí, y no precisamente Para llevar a alguien, ni nos hemos confundido de lugar. Vamos a coger un avión que nos lleve al país de "Pinocho".
Primera parada, Madrid, donde cogemos otro avión con destino a Sao Paulo (una pequeña reflexión: ¿no será mejor quedarse en Brasil con el calor de sus playas, sus fiestas y sus otras cosas?). Continuamos viaje y por fin llegamos a Santiago ¿será el de Compostela? Por suerte no nos hemos confundido de avión y estamos en el de Chile. Como suele suceder en nuestros viajes, primeros problemas ya en la aduana. Solventados estos con nuestro habitual tacto y diplomacia, pasamos a nuestras primeras indecisiones. ¿Qué hacemos? ¿Miramos tarifas de avión a la Patagonia, un bus en Santiago, nos buscamos la vida, alquilamos un coche? Optamos por alquilar un coche y nos dirigimos a las famosas playas de Umalima y Valparaíso. Decepcionados, no pasamos ni media tarde en estos lugares, y tras pasar la noche en un bosque cercano a un pueblo costero, nos dirigimos hacia los Andes (ciudad).
Aquí nos dicen que el Aconcagua está cerca. " Pues ya que tenemos toda la tarde libre ¿porqué no lo subimos?" dice Champi. A todos los demás nos parece bien, y salimos hacia el Puerto, a ver hasta donde llegamos. Así, nos plantamos en la misma frontera de Chile con Argentina, a 3.200 metros (en coche). A este ritmo nos sobra media tarde para subir ese "montuchu". En esto nos prohíben pasar, por ir en un coche alquilado. La burocracia salva al Aconcagua de ser conquistado por unos de Ramales. Por el mismo camino regresamos primero a los Andes, y más tarde al aeropuerto, tras un fugaz paseo en coche por las calles de Santiago en busca de alguna manifa contra el senador Pinocho.
Tras entregar el coche y pasar la noche en el aeropuerto, otro avión nos lleva a Punta Arenas.
En el vuelo, vistas espectaculares de los Andes (volcanes activos que nos sirven de guías en nuestro viaje hacia el Sur. Ya en Punta Arenas, después de dos horas de descanso, un bus nos lleva hasta Puerto Natales. Podemos ver los enormes "ranchos" de por aquí (lo normal es que tengan unas 13.000 hectáreas). Ya en Puerto Natales hacemos las visitas de rigor para informarnos, y compramos víveres. Luego nos dirigimos, quien nos lo iba a decir, al "Caribe", a pasar la noche. A la mañana siguiente, tras un gran madrugón (5:00 de la mañana), otro autobús nos lleva hasta el Parque Nacional de las Torres del Paine. En la entrada del Parque, bajo una intensa lluvia, nos dirigimos a cumplir el primer requisito del Parque: dar nombre y pagar.
De seguido cogemos los muertos (vulgo mochilas), y hala, a caminar, que es lo que vamos a hacer los siete próximos días. Tras dos horas de caminata llegamos a la hostería Las Torres, que es un rancho de 15.000 hectáreas. Todo privado, y dentro del Parque Nacional. Un pequeño reposo, vuelta a coger las mochilas, y tras varias horas de caminar bajo la lluvia llegamos a "Campo Serón", empapados de agua. Aquí conocemos a dos "huachos" (gauchos chilenos), que por el problema que hay con Pinocho nos mantuvieron secuestrados durante un día.
Sus armas: un plato de arroz con carne, un techo y una cocina de leña (que enseguida hicimos nuestra), una agradable compañía, y de postre una taza de mate. Cuando mejor estábamos vemos llegar a un alma en pena. Si nosotros llegamos regulares, al cocinero del Dickson daba pena verle. Había estado perdido durante diez horas, y se encontraba en pésimas condiciones.
Tras dormir debajo de la mesa de la cocina, y bajo la amenaza de que nos iban a hacer cortar leña, volvemos por lo andado el día anterior. Tras varias horas de caminata llegamos a la hostería; una comidita y a seguir andando. Nos introducimos por el valle Ascencio, que nos llevará primero al campamento chileno y luego al campamento Torres, donde haremos noche. Después de pensarlo un poco subimos entre rocas hasta el Mirador Las Torres, desde donde podemos admirar las tres grandes paredes (impresionantes), sueño de muchos escaladores. Unas fotos y otra vez para abajo, a ver que nos depara la cena. Nos hacemos amigos del encargado del refugio y nos deja cocinar dentro Le preguntamos que temperatura hace por las noches y nos dice que -6ºC. "Esto es la muerte" dice Champi.
Pasamos la noche sin novedad, y vuelta a lo mismo: coger la mochila y a caminar de regreso a la hostería, y de allí a la guardería, donde cogemos un autobús que nos lleva a toda hostia por un camino de piedras (los guiris flipaban), hasta la administración del Parque. Ya que tenemos una caseta y hay un lago con pesca pasamos la noche en este lugar. Aquí aparece la mente furtiva de mis compañeros, que empiezan a preparar los aparejos de pesca y unos lazos para cazar conejos. Mientras que ellos van a su tarea yo me voy a sacar fotos a un monte cercano, con la esperanza de que a la vuelta me espere una suculenta cena. Y a la vuelta me encuentro con lo de siempre: un arroz con tomate, y de pescado, sardinas.
Al parecer cuando se decidieron a lanzar los aparejos con un plomo eligieron una piedra demasiado grande, y claro, todos los útiles al fondo del lago (vaya pescadores). De los lazos, mejor ni hablamos.

Al día siguiente, un camino que se puede hacer en barca tranquilamente (pero pagando), tras cinco horas nos lleva hasta el refugio Pehoe, situado a orillas del mismo nombre. Descanso de una hora, y a seguir andando. Después de unas tres horas aparece ante nosotros el Lago Grey, con grandes moles de hielo que "taponan" el lago por su mitad, por lo que no se puede navegar por él. Un rato después vemos ya el Glaciar Grey, extremo inferior del Campo de Hielo Sur (segunda mayor masa de hielo existente). Una hora después llegaremos al refugio Grey, en cuyo exterior haremos noche. Al día siguiente nos acercamos a caminar por el glaciar. Como no encontramos el camino de bajada dejamos a Wichi de guía, y claro, nos toca embarcarnos monte a través, y a bajar como se pueda. Unas fotos para la posteridad, y escopeta y perro; otra vez a coger la mochila y volver por el mismo camino hasta el Refugio Pehoe. Como hay que parar a buscar un sitio cercano donde no nos vean acampar a orillas del lago. Un arroz con pescado buenísimo (como no hay otra cosa...), y a dormir.
El siguiente día, otra caminata, y regreso a la administración del Parque. Como no nos queda comida y no nos fiamos de lo que se pueda pescar, un autobús, y otra vez al Caribe, a dormir en una cama y salir un poco de los espaguetis y el arroz.
Tras haber realizado todos los preparativos para pasar dos días remando por la bahía, sale un viento del carajo, que imposibilita hacer nada, y como dicen los oriundos del lugar "lo mismo para esta tarde que dura una semana".
Así que cogemos un autobús y de nuevo a Punta Arenas a conocer un poco como se lo montan los de la ciudad aquí en la Patagonia.
Del Caribe nos pasamos a Hawai, y nos hospedamos en el Residencial Aloha, en el que estaremos tres días haciendo la vida del cerdo (comer, beber y dormir). El primer día en Punta Arenas nos vamos a ver dos pingüineras que están cerca. Mientras que mis compañeros deciden ir a verlas en autobús, yo cojo un barco que me lleva a una pequeña isla situada en mitad del Estrecho de Magallanes (Isla Magdalena, monumento nacional a los pingüinos). Allí me encuentro una isla de más de cinco hectáreas, con un faro en su centro y sin nada de vegetación. Está habitada por unos 130.000 pingüinos (sin contar crías), y un guarda que vive en el faro. Unas fotos y otra vez al barco y a ver que es lo que se cuece la noche de un viernes en la ciudad.

Una vez que estamos los cuatro, cenamos y nos dirigimos a una discoteca. Por supuesto, primer percance: un detector de metales, cuatro de Ramales y cuatro navajas que tenemos que dejar en la puerta. Un ratito después nos dirigimos a otra discoteca, cuando uno decide ir a mear a un bardal, mientras los demás esperamos en la esquina. 5, 10, 15, 20 minutos... y que no aparece. Vamos a buscarlo, y sigue sin aparecer. Buscamos en todos lados, hasta en la policía, y nada. Con esto de Pinochet, nosotros preocupados. Pues vamos a mirar en la disco. Justo allí está tomándose un Pisco-Sprax, más ancho que largo. Última vez que nos preocupamos por él.
Tras un montón de copas y tras la expulsión del que había tomado más de la disco, nos vamos a dormir (primera empalmada en la Patagonia). Al día siguiente, regalos y recuerdos, y la necesaria espera para coger el avión que nos llevará a Santiago. Allí una noche en el aeropuerto (con pequeña fiesta incluida). Sueño en un banco, y a coger otro avión que nos devuelva a nuestra tierra tras otro montón de horas de vuelo.
Y ya sabéis, el que quiera más información, un vuelo y a la Patagonia.
Nota: Pinocho llaman allí al señor Pinochet, ahora preso en Inglaterra. Y que conste que yo no conocí a ninguna persona que estuviera a su favor. Quizá por que sólo hablé con gente de la calle.
Juan Alonso, "Juan Lin"
Uno de los individuos más conocidos del pueblo. A diario nos lo podemos encontrar en el "Marcos" con sus inconfundibles melenas y su eterna sonrisa (nunca sabes si está riéndose de ti). Su agilidad y capacidad de esfuerzo en la montaña es inversamente proporcional a la intensidad del esfuerzo que desarrolla en su vida diaria. Vida diaria en la que suele estar acompañado por su perro "Sid", que es uno de los tres seres del pueblo (junto con su dueño Juan y Pedro González Hierro), de los cuales se comenta no tienen sistema nervioso.