Cuadernos del Valle del Asón
Nº 2 Junio 1999 - Página 29
Lunes 28 de abril de 2003, por Pedro Merino Múgica

¿Qué nos impulsa a ir de cuevas? Ésta es una de las preguntas que más veces me han hecho (junto con la de: "¿Te importaría irte? Me asqueas").
Desde luego, no es la búsqueda de reconocimiento. Mira que he intentado veces tirarme el pegote con eso de "yo-espeleólogo-recio-y-viril-muñeca", y siempre he fracasado miserablemente. Si alguno se siente tentado de entrar en este gremio (quizá por una sobredosis de "Al Filo de lo Imposible"), que sepa que eso de andar "marcando paquete" queda sólo al alcance de los escaladores, principalmente de los que llevan melenita, camiseta solidaria/enrrollada y seis aros en la nariz (imprescindible mallas ajustadas de colorines). La espeleo no es chic (salvo que en el último cuarto de hora se haya puesto de moda el barro).
Entonces ¿por qué?
¿Quizás por algo más místico, más profundo? Veamos, veamos...
¿Por el placer del riesgo? Los coj... Eso es un cuento de los que escriben en Desnivel y demás sesudas revistas de montaña. Yo al menos no encuentro especial aliciente a esa sensación de miedo que me es tan familiar en todos sus grados (terror, pánico, angustia, miedo, aprensión, pavor, horror, yuyu...) y manifestaciones (escalofríos, sudor frío, encogimiento de estómago, relajamiento de esfínter...). Realmente podría hacer una tesis sobre el miedo. Quizás haya gente a la que le atraiga el que bloques de considerable tamaño le pasen rozando en pozos de 60, el bajar por cuerdas deshilachadas, el pasar por cornisas sin asegurarse (si hay gente que es vegetariana, yo ya me creo cualquier cosa)...Pero, sinceramente, ese es su problema, no el mío. Que vayan a un psiquiatra, que para eso están.
¿Porque nos gusta el esfuerzo físico, luchar contra el cansancio y el estrés, bordear el agotamiento extremo? Sí, y que nos pegue latigazos un tío vestido de cuero negro, no te jode. Aquí locos todos, pero bobo ninguno (bueno, casi ninguno).
¿Por el afán de explorar, de descubrir nuevos mundos, de pisar lugares ignotos? La verdad, si quisiera ir a un lugar desconocido para mí, me iría a clase. Además, todas las cuevas son iguales: oscuras, frías y llenas de piedras que tienen la mala costumbre de caerte encima. Vista una, vistas todas (cosa que tienen en común con las misas, los domingos y las-vomitivas- películas de Disney).
¿Por la camaradería? Realmente, si queréis conocer el odio, entrad en un club de espeleo. Dentro de poco la Federación tendrá que pedir a los Cascos Azules que patrullen por las zonas de exploración. Y no sólo hay jaleos entre clubs. También dentro de ellos (y peores). Afortunadamente nosotros tenemos un magnífico truco para llevarnos bien: pasamos de todo, incluso de nosotros mismos.
Si no es por nada de esto ¿por qué entonces?
Podría darte muchas razones: porque no tengo dinero para emborracharme, porque de pequeño me caí en una marmita llena de LSD, porque el asesinato- incomprensiblemente- se considera delito y con algo tengo que entretenerme... Pero ninguna de estas es la respuesta correcta.
Entonces ¿por qué? Pues... porque me da la gana. Además ¿¡a ti que piiiiiiii [1] te importa!?
[1] censurado por el webmaster