Cuadernos del Valle del Asón
Nº 3 Abril 2000 - Página 25-28
Lunes 14 de abril de 2003, por Jesús Olarra Pertica

El deporte de montaña cuenta cada día con más adeptos. No cabe duda de que la práctica de cualquiera d las facetas del montañismo (excursionismo, alpinismo, esquí de montaña, etc.) es algo sano y agradable, pero es necesario conocer y respetar unas reglas, para que la práctica de tales actividades no degenere en una mala experiencia o aún peor, en un accidente.
Analizando a lo largo de los años los accidentes derivados de la práctica del montañismo puede verse que una gran parte de ellos hubieran sido evitables, o lo que es lo mismo, que su origen pudo deberse a una imprudencia o acción errónea.
Así pues es necesario conocer algunas reglas básicas: "ir al monte sí, pero con garantías".
Dentro de los llamados peligros de la Montaña se pueden distinguir dos grupos: los llamados peligros objetivos, sobre los que el deportista no tiene responsabilidad directa, ya que no se derivan de su actuación (avalanchas de nieve, cambios bruscos de tiempo, tormentas, rayos...), y los llamados subjetivos, que derivan de una incorrecta actitud del deportista (por ejemplo, agotamiento físico por falta de preparación, caídas en hielo por falta de material adecuado...).
Los primeros no son evitables, aunque el conocimiento de tales fenómenos puede ayudarnos o no a eludirlos; los segundos no sólo pueden sino que deben ser evitados, siendo ello responsabilidad de cada practicante.
Conocer el terreno que vamos a recorrer puede ser de gran ayuda. Sin embargo en montaña no siempre ocurre esto, y a veces se va a zonas que antes nunca habíamos conocido. Aún así la experiencia y unos buenos conocimientos de orientación son fundamentales para que el montañero encare su salida con un mínimo de garantías. Es importante saber interpretar y manejar un plano y una brújula y aprender a orientarse de forma intuitiva y eficaz. Igualmente es de gran utilidad poseer conocimientos sobre meteorología y que puedan ayudarnos a intuir un cambio brusco de tiempo, una tormenta, o la llegada de la niebla.
La preparación y el entrenamiento también son importantes. Una actividad de montaña nunca debe emprenderse sin una forma física aceptable en consonancia con la actividad que vamos a realizar. Una norma básica de funcionamiento es la de "no ir más allá de los propios límites". Es decir, no aventurarse en acciones para las que uno no está preparado.
El equipo adecuado y de buena calidad es otro de los factores que tener en cuenta. La ropa, el calzado y demás material estará acorde a la actividad que vamos a realizar. Así, para una travesía invernal por montaña, llevaremos unas buenas botas de alta montaña, y no unas simples botas de excursionismo, que sin embargo servirán perfectamente para una excursión montañera de verano.
Hay que tener en cuenta que en la montaña los cambios de temperatura pueden ser bruscos y rápidos, por lo que es necesario llevar ropa de abrigo y prever esta circunstancia. No es raro que un día que comienza soleado y con calor pueda terminar con lluvia o nieve y frío intenso en zonas altas de montaña, por lo que no es aconsejable "ir con lo puesto".
En días soleados y en zonas nevadas es muy importante el uso de unas buenas gafas de protección con unos cristales adecuados, así como protegerse la cabeza del sol. También es interesante en zonas nevadas el uso de cremas labiales y cremas protectoras para la cara con alto índice de protección; no hay que olvidar que en la montaña la radiación solar es mucho más intensa que al nivel del mar y además se ve aumentada en las superficies nevadas (fenómeno de reverberación).

La alta montaña no es un mundo reservado a los alpinistas de elite, pero tampoco es un terreno en el que los profanos puedan andar a sus anchas. La alta montaña tiene sus reglas, pero respetándolas puede deparar muchas satisfacciones. Para practicarla es necesario poseer una buena experiencia, aprender a moverse en zonas a menudo escarpadas y difíciles, y también aprender a adaptarse al medio, ya que es difícil encontrarse zonas habitadas y la presencia humana es menor que en las zonas bajas.
Para acceder a la alta montaña es necesario poseer unos buenos conocimientos sobre meteorología, equipo y proveerse además de un material específico y de buena calidad. Además, en alta montaña las distancias son con frecuencia largas, y las marchas penosas, por lo que es necesaria una buena preparación física.
Una buena manera de iniciarse en la Alta Montaña es hacerlo de la mano de alpinistas más expertos, de los cuales siempre se puede aprender.
Es en invierno cuando la montaña está más bella. Sin embargo es también la época en que las condiciones son más duras y los peligros mayores. La nieve dificulta mucho la marcha y a menudo puede dejarnos bloqueados si su espesor es grande y está blanda.
Las temperaturas en invierno son generalmente bajas en la montaña, y en zonas de altitud pueden ser extremas (muchos grados bajo cero); sobra pues decir que para ir en invierno a la montaña es indispensable poseer experiencia y conocer perfectamente las técnicas de marcha sobre terrenos helados (uso del piolet y crampones). Hemos de disfrutar además de una buena preparación física, y conocer perfectamente nuestra capacidad.
La Alta Montaña en invierno es un mundo muy serio, donde un inexperto tiene muchas posibilidades de pasar un mal trago o algo peor. Así pues, si se quiere disfrutar de la montaña invernal, es imprescindible pasar antes por unas etapas previas que nos darán la experiencia y preparación necesarias para adentrarnos con garantías en ese mundo.

Este es uno de los mayores enemigos del montañero, ya que puede desorientar totalmente al más experto deportista.
Lo mejor es evitar que la niebla llegue a alcanzarnos, para lo que unos buenos conocimientos de meteorología pueden ayudarnos. Sin embargo, y dado que ésta puede llegar de forma rápida e inesperada, podemos citar algunas normas básicas de actuación:
La mejor arma contra este enemigo es la anticipación y el poseer unos buenos conocimientos de orientación que puedan ayudarnos a resolver la situación. Es de gran utilidad conocer el manejo de brújula y planos, saber dirigirse con ellos por terreno difícil y sin visibilidad, así como calcular el sitio donde nos hallamos (punto de estación). Por desgracia no son muchos los montañeros que tienen profundos conocimientos sobre topografía, a pesar de que las Federaciones organizan cursos de orientación con relativa frecuencia.

Las Escuelas de Montaña dependientes de las Federaciones organizan todos los años cursos sobre diferentes aspectos de la práctica montañera (esquí de montaña, orientación, técnicas invernales, principios de escalada y otros). Si os parece interesante asistid a estos cursos, se puede sacar provecho de ellos y os harán un poco más expertos.