El Soplao, una cueva única
PRÓLOGO
A menudo el nombre de las cuevas se relaciona inmediatamente con el descubridor o con el grupo que se ha entregado a su exploración y estudio. La cueva "El Soplao" y el Speleo Club Cántabro son términos inseparables con una historia en común de varios años, porque el conocimiento de una se subordinó a la existencia del otro, y esta fue condicionada y orientada por la dura y generosa empresa del estudio de la cavidad.
Es difícil imaginar el significado que tiene para sus exploradores esta cavidad, la ilusión y dedicación que pusieron en su estudio, sin haberles conocido o sin haber compartido con ellos algunos momentos, sea en los recovecos y galerías del Soplao, sea en la mesa de trabajo ya de regreso, componiendo el detallado plano con los datos recopilados en cada exploración.
El ambiente de amistad y compañerismo creado contagió a cuantos se les unieron posteriormente. Gentes que al margen de la propia exploración les ayudaron y a quienes desean expresar su agradecimiento como José Ramón Lastra, del departamento geológico de la facultad de Ciencias de Santander, Centro Meteorológico del Cantábrico y a los vecinos de Celis y Cabilla.
Excéntricas, "El Bozque", "Galería del Puente o del Barro", "Galerías Vírgenes". "Torca Ancha o Juñoso",... son nombres que nos resultan ya tan familiares por haberles recorrido de la mano de sus descubridores del Speleo Club Cántabro o por haberlos oído tantas veces de sus labios en amenas tertulias rememorativas o en laboriosas reuniones.
El resultado de tantos días y años de entrega en la tarea es este detallado trabajo. Aunque se quisiera extender en infinidad de datos y pormenores, de anécdotas y sensaciones, el aspecto humano sólo podrá comprenderse mínimamente cerrando los ojos y reviviendo las horas pasadas en las oscuras galerías, entre el barro y la humedad, entre las alegrías y los esfuerzos y el misterio que la naturaleza iba desvelando.
Pedro L. del Rio
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