
- Autor: © AER
Estamos en verano, mejor aún, estoy de vacaciones. Jesús también dispone de unos días libres y los dos tenemos un proyecto para una nueva vía en la Pared del Eco. ¡Qué más se puede pedir!
El itinerario de la vía ha sido trazado en nuestras mentes y revisado en largas observaciones de la pared, pero sabemos que al final será la roca la que marque su propio camino, mostrándonos por donde debemos seguir.
Los criterios básicos sobre los que pretendemos trabajar son:
Primero realizar una vía que nos permita aprovechar al máximo los recursos que ofrece la pared, y por lo tanto reducir todo lo posible la instalación de anclajes artificiales.
Segundo, que cuando sea necesario utilizar medios artificiales estos sean lo menos impactantes posibles, por lo que optamos por realizar pequeñísimos agujeros para ganchos de no más de 6 mm. de diámetro por 10 mm. de profundidad.
La ruta prevista se encuentra en el lado izquierdo de la Pared del Eco, que es un imponente muro de 200 metros de altura, y que presenta la peculiaridad de que sus 70 primeros metros son extraplomados y formados por una caliza llena de pequeñas regletas. Los restantes metros de pared son de caliza blanca de buena calidad en general, y que permite la escalada en libre en buena parte de su recorrido. Varias cavidades y oquedades aparecen en mitad de la pared.
Primer día
Con las ideas antes expuestas, comenzamos la escalada en una bonita mañana de verano en la que madrugamos para empezar con sombra los primeros metros, que abrimos combinando varios pasos de ganchos naturales y artificiales, e intercalando algún parabolt de seguro, ya que tampoco es cosa de dejar el pellejo en el intento. La primera y última parte del largo las abre Jesús, y la zona intermedia corre de mi cuenta.
El resultado final es satisfactorio y descendemos al final de la tarde, para dirigirnos al pueblo a tomar unas cervezas junto a los colegas, y comentar los pasos del largo entre bromas y risas.
Esta táctica de madrugar, escalar y cerveza al final del día, resulta de lo más satisfactoria y será la tónica del resto de la semana, mientras la altura alcanzada en la pared aumenta cada día.

- Autor: © AER
Segundo día
Comienzo el segundo largo con ganchos naturales y algún clavo, hasta que finalmente decido poner un parabolt y cederle el puesto de cabeza a Jesús, que ha estado asegurándome desde la reunión mientras me contaba alguna de sus largas historias. Seguramente ya me las había contado antes, pero su habilidad innata para las narraciones, hace que no resulte aburrido y, todo lo contrario, parezca una nueva historia. Cuando toma la cabeza para empezar una delicada travesía en ganchos hacia la cueva triangular, que será la segunda reunión, su conversación decae mucho y sólo me llegan breves comentarios sobre lo delicado de los pasos. Cuando monta la reunión subo desinstalando y compruebo que efectivamente la travesía ha quedado de lo más conseguida y la adrenalina corre a raudales por el cuerpo. El atardecer llega y bajamos en busca de la cerveza y la tertulia del bar.
Tercer día
El tercer largo lo inicio con una escalada en libre por la chimenea que forma la cueva, y que me conduce hasta el techo de la misma con algunos empotradores como seguro. En este punto es necesario avanzar en oposición, de cara al vacío y con un patio de 50 metros por debajo, que impresiona bastante y acelera el ritmo del corazón.
Un hermoso y oportuno puente de roca asegura el paso y quedo colgado sobre la reunión, mientras busco la forma de superar el resalte extraplomado que viene a continuación, cosa que consigo con varios ganchos naturales y un clavo de U como seguro. El siguiente tramo parece conducirme a un hueco en la pared, y también parece que la salida en libre es posible, por lo que abandono el estribo en el último seguro y salgo en libre con todos mis sentidos funcionando a máxima potencia, mientras las cuerdas cuelgan bajo mi cuerpo hacia el vacío y la reunión que ya no puedo ver. Tres movimientos más arriba alcanzo el agujero, que resulta menos acogedor de lo esperado, y empiezo a buscar un emplazamiento para un seguro antes de que comience a sentir la" Moto" en mis músculos, que provoca los temblores incontrolados de los brazos y piernas y es el preludio de la perdida del agarre sobre las presas y la caída segura. Finalmente consigo emplazar un clavo y desde él llegar a un puente de roca, que por fin me devuelve la tranquilidad, aunque no las fuerzas perdidas y cedo el honor de la cabeza a Jesús.
El resto de la tarde la emplea Jesús en resolver unos pasos de fisuras ciegas, en los que necesita recurrir a todos los trucos, que ha perfeccionado en los muchos años de oficio que tiene en su haber, para encontrar emplazamientos para los clavos. Luego de nuevo dos rápeles nos dejan en el suelo y camino del bar.
Cuarto día
Para finalizar el tercer largo, es preciso completar una larga travesía hacia la izquierda, siguiendo una fisura medio ciega, que asciende ligeramente hacia otra oquedad de la pared, en la que crece un arbusto. Emprendo el trabajo combinando ganchos, puentes de roca y clavos, lo que me permite, no meter ningún seguro artificial en todo el tramo, pero a cambio me regala una fuerte descarga de adrenalina, cuando uno de los ganchos se sale de su emplazamiento y caigo al vacío hasta que las cuerdas me retienen, dejándome colgado en el vacío a 70 metros del suelo, y a Jesús preocupado por mi salud. Pero ya se sabe que ¡Mala hierba nunca muere! y tras reponerme del susto consigo terminar el largo y montar la reunión. Dos rápeles y estamos en el suelo contemplando el largo recién terminado del que estamos muy orgullosos, ya que ha quedado muy completo con salidas en libre, mucho patio y buen artificial.

- Autor: © AER
Quinto día
Nuevo día de escalada y con el frescor de la mañana aprovechamos para ascender con los bloqueadores por las cuerdas fijas hasta la tercera reunión de la vía. El paisaje es una maravilla con el Pico San Vicente a nuestras espaldas, el bosquecillo a nuestros pies y el silencio que reina en el lugar, además una ardilla nos ofrece una exhibición de sus habilidades acrobáticas, descendiendo por una enredadera de la pared hasta alcanzar los árboles. Jesús comienza el cuarto largo ya sobre caliza blanca y con numerosas "Gotas de Agua", que son pequeños agujeros en la caliza formados por el agua. Con una buena técnica de clavos y ganchos, supera los metros más limpios y verticales hasta alcanzar una zona más tumbada y con numerosas lajas y algunos árboles, que crecen entre los agujeros de la roca. Es mi turno en cabeza y busco la zona más evidente para superar en libre los pasos, colocando algún puente de roca y algunos clavos hasta alcanzar el limite de las cuerdas lo que obliga a buscar un buen emplazamiento para la cuarta reunión, cosa que encontramos bajo un gran árbol, con buenos puentes de roca. Esta vez no vamos a descender al suelo por la propia vía, si no que continuaremos escalando hasta alcanzar una antigua travesía que cruza a esa altura, parte de la pared, y que permite salir de esta por el lado izquierdo, sobre la gran boca de la cueva de Cuevamur.
Hemos terminado pues la parte mas dura y laboriosa de la vía, pero aún nos quedan por delante muchos metros de escalada, en roca de buena calidad. Es Jesús el encargado de iniciar este largo por unas placas en adherencia que le hacen sudar la gota gorda, luego tomo el relevo y abro una zona de buenas presas, que termina en unos pasos de ganchos, para alcanzar una de las reuniones de la Vía Olatz, desde donde continúo la apertura del largo, siguiendo una fisura que atraviesa diagonalmente la Pared hacia la derecha hasta la base de un gran espolón rocoso que destaca en la Pared. Resulta ser un largo muy interesante, con abundantes salidas en libre, seguros naturales y en general bastante atlético.
Cuando estoy terminando el largo, coloco un gancho en una pequeña laja para poder fijar un seguro más fiable, y cuando estoy en ello, la laja decide romperse y me envía de nuevo al vacío solo que esta vez a 200 metros de altura. Recupero el equilibrio y termino el largo, montando la reunión en un pequeño nicho, con lo que ya podemos retirarnos por hoy en busca de la muy merecida cerveza, y la sombra del toldo del bar.
Hoy es el gran día, el día en que esperamos terminar nuestra vía y culminar así todos los esfuerzos que hemos dedicado estas mañanas de verano a trazar una nueva ruta en la pared. Jesús se muestra inflexible y reclama para si la apertura de este largo, después de que yo me apropiara de todo el largo anterior. Por lo tanto me limito a asegurarle mientras asciende por el lomo de caliza pura que le conduce hacia la cima del Pando. El largo queda también muy bonito, con apenas algún paso en pedales, siendo un digno final para una fabulosa escalada.
Por fin se oye el grito de ¡Sube! y recorro el largo desequipando y disfrutando como loco de estos últimos metros de la vía, hasta alcanzar la cumbre y darle la mano a Jesús entre sonrisas y felicitaciones mutuas, mientras contemplamos bajo nuestros pies el bonito paisaje que nos rodea. Las sensaciones son intensas y la alegría nos sale por los poros, han sido unos días intensos en los que he disfrutado como nunca en esta lucha por superar los obstáculos de la pared, y trazar un nuevo itinerario en la Pared del ECO.
Mientras descendemos andando en busca de las últimas cervezas, voy recordando mentalmente los pasos de la vía que decidimos llamar" MAÑANAS DE VERANO", que siempre será para mi un recuerdo de una buen amigo y una excelente escalada.
Apuntes sobre la instalación de Mañanas de Verano
La vía no está equipada por lo que hay que llevar un surtido completo de útiles de Big Wall (sobre todo ganchos muy variados).
Los tres últimos largos sí tienen pitones para evitar extravíos y el deterioro de la roca.
En la vía en la parte inferior hay algún parabolt pero hay mucho trabajo para progresar evitando zonas expuestas.
Las reuniones están equipadas y son seguras.
El horario de ascensión varía desde 12 horas hasta 2 días, dependiendo del conocimiento de la ruta, la experiencia en este tipo de escalada y la dificultad al encontrar la vía.