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Boletín Cántabro de Espeleología

Las pinturas rupestres de la Cueva de los Santos o del Becerral (La Gándara, Soba, Cantabria)

Nº 8 Diciembre 1987 - Página 133-140

Miércoles 7 de mayo de 2003, por Varios autores


Federico Bernaldo de Quirós (C.I.M.A.)
Ramón Bohigas Roldán (S.A.E.C.)
Victoria Cabrera Valdés (U.N.E.D.)

ANTECEDENTES

No vamos a entrar en nuevas descripciones de la cavidad, de sus características, su posición o de las propias circunstancias que rodearon el hallazgo de las pinturas que constituyen el tema de este artículo, ya que todo ello ha sido perfectamente tratado en el trabajo precedente de Carlos Puch, su descubridor. Únicamente debiéramos resaltar, por su posible relación con el tema desarrollado por nosotros, los hallazgos producidos en la cueva en el pasado, que consistieron en fragmentos de mandíbulas y de calotas craneanas humanas más dientes de oso (BUFFARD, R. y CHALINE, J., 1965, p. 52; MUGNIER, C1., 1969, p. 86); todo este material fue entregado para su depósito en el Museo de Prehistoria de Santander al Dr. González Echegaray.

DESCRIPCION DE LAS FIGURAS

Todas ellas se encuentran situadas al fondo de la sala de entrada de la cavidad, más hacia el interior del límite que separa, dentro de la referida sala, la zona que recibe iluminación directa desde el exterior y la que permanece en penumbra de modo continúo. Dentro de ella, todas las figuras se localizan en el sector del que parte la galería que conduce al interior de la cavidad, antes de llegar a un escarpe de unos 2 m., modificado por las obras de instalación de la toma de aguas, que limita hacia el interior la sala de entrada (Fig., 1)

En la pared derecha tenemos las siguientes figuras:

 1º.- Figura de caballo de 36 cm. de longitud, mirando hacia la izquierda, esto es, hacia el interior de la cavidad. Se encuentra a 17 m. de la entrada, a l’25 m. sobre el suelo. Está ejecutado mediante trazos negros, posiblemente realizados con madera quemada, por lo cual se puede considerar, como el resto de las figuras de la cavidad, como un dibujo más que como una pintura en el sentido estricto. Es una figura en la cual no se ha dibujado la cabeza, aunque su silueta parece completarse mediante un leve raspado de la colada sobre la cual se realiza. Únicamente se dibuja el pecho y las patas se representan mediante trazos lineales, indicándose la trasera con dos trazos, mientras de la pata delantera únicamente aparece la línea posterior, que se cruza con la del vientre. Se dibuja la crinera mediante una doble línea, que se prolonga a través de la que conforma el lomo, el anca y la cola, sumamente larga, con un engrosamiento circular en su extremo (Fig. II, 1; Lám. I, 1), por encima de esta figura, a unos 30 cms sobre el lomo se dispone un punto negro.

 2º.- Grupo de dos pequeños círculos, de 7’5 cm. de diámetro el mayor de ambos. De ambos, el situado más hacia el interior está incompleto, pues le falta aproximadamente un tercio de la figura, al limitarle lateralmente una colada (Fig. II, 2; Lám. I, 2). Sobre ella, hacia la derecha del mayor de ambos círculos, se localizan puntos negros aislados, pequeños tiznazos casi borrados.

En la pared izquierda tenemos las siguientes figuras:

 3º.- Posible figura de caballo orientada hacia la izquierda, mirando en este caso hacia el exterior de la cavidad. Es la figura sita más hacia el interior, encontrándose en las proximidades de una colada, actualmente seca, y a una altura de 3’20 m. sobre el suelo. Únicamente se encuentran representadas una parte del lomo, las ancas y la cola, muy larga como sucede con la del caballo nº 1, parte del vientre y parte de la cabeza. La técnica empleada es la ya descrita y, muy posiblemente, con el mismo instrumento, aunque su mayor tamaño produce la impresión de que el trazo es más fino que en el caso nº 1 (Fig. II, 3; Lám. II, 1).

 4º.- Figura de un animal hacia la izquierda, esto es, hacia la boca. Se encuentra casi frente por frente al caballo nº 1, a 1’80 m. sobre el suelo. Presenta un lomo muy arqueado, que hacia la cola se divide: una línea forma la cola propiamente dicha y otra parece corresponder a la parte externa de la pata posterior. Junto a ella encontramos otra que podría representar otra pata trasera, sin aparecer señalada la línea ventral. La cabeza es la continuidad de la línea del lomo, presentando una forma abultada en el morro, con una posible línea interior. Por ello quizás represente un oso, semejante en concepción formal al de Venta de la Perra o Les Combarelles. El tipo de trazo y la técnica empleada en su ejecución son los mismos que para las figuras precedentes (Fig. II, 4; Lám, II, 2).

El conjunto de representaciones de la sala se completa con un reticulado grabado sobre la roca, a continuación de los círculos, en la pared derecha. El grabado, fresco, parece apuntar a su cronología reciente.

CONSIDERACIONES TECNO-ESTILISTICAS

Debemos, en primer lugar, referirnos a la técnica utilizada en las figuras, siempre un trazo simple, lineal, sin carga aparente de pigmentos. Pensamos por ello que se ha podido realizar con una punta de carbón, técnica que denominamos dibujo, en sentido estricto, y cuyos ejemplos más claros los tendríamos en cuevas como las Monedas, las Chimeneas o la denominada "serie negra" de la Galería de la Cola de Caballo de la Cueva de Altamira. Debemos hacer constar que el caballo nº- 1 presenta unas manchas blancas contorneando el trazo, fenómeno que se percibe en el caballo nº 13 de la cueva de las Monedas (RIPOLL PERELLO, E., 1972, Lám. XV, l).

Esta técnica de dibujo no presenta carga de pigmentos y sí trazos lineales a veces entrelazados, observándose en algunos casos las inflexiones del carboncillo.

En el caso particular de la cueva del Becerras, esta técnica es la única empleada. Debemos hacer ver que todas las figuras aparentan estar hechas con el mismo instrumento, dado el espesor de línea, 4-5 mm., casi constante en todas ellas. Así las figuras 3 y 4 quedan más difusas a causa de su mayor tamaño.

Dentro de las consideraciones formales debemos remarcar varios hechos. En primer lugar, el que en todos los casos las figuras se encuentran mirando a la izquierda, dando una sensación de recorrido, primero hacia el interior de la cueva, en el caballo de la pared derecha, luego hacia su boca, mediante la orientación de las figuras representadas en la pared izquierda.

En el caso de los caballos (figuras nº 1 y 3) vemos que se usa una concepción muy semejante: en ambos se dibujan una serie de trazos claves, como son el vientre, anca, con la cola muy marcada en ambos casos, y la línea dorsal, obteniéndose así un perfil mínimo que delimita la forma del caballo sin posibilidad de confusión con otra especie animal.

El caso de la figura nº 4 es más complejo, aunque sigue el mismo esquema, al no tratarse de una figura de caballo se ha marcado la zona de la cabeza, indicando el morro saliente en que nos apoyamos para suponerlo un oso. También se marcan dos líneas en la pata anterior, para así poder relacionar mejor la cabeza con el cuerpo.

En todas las figuras aparece una cierta economía de trazos, salvo en el caballo nº 1, de forma que se dibujan los trazos necesarios para dar sensación de animal y su especie.

PARALELOS Y CRONOLOGIA

Los paralelos técnicos nos llevan, por un lado, hacia figuras dibujadas en negro, como las de la Cueva de las Monedas, es especialmente interesante la comparación con los caballos nº 11, 13, 18, 22 y 23 (RIPOLL PERELLO, E., 1972) con los del Becerral (1 y 3). También presentan relación con los inventariados con los números 47, 49, 50, 51 y 54 de la cueva de Le Portel (BELTRAN, A., ROBERT, R. y VEZIAN, J., 1966), así como con el caballo de Santimamiñe (ARANZADI, T., BARANDIARAN, J.M., EGUREN, E., 1925).

Un detalle particular del caballo nº 1 es la inserción de la crinera en la línea dorsal, cuya unión en ángulo resulta poco frecuente en el arte paleolítico. A pesar de ello se puede observar en Altamira (BREUIL, H. y OBERMAIER, H., 1935, en Hornos de la Peña (ALCALDE DEL RIO, H., BREUIL, H. y SIERRA, L., 1911), y, de nuevo, en Le Portel (BELTRAN, A., ROBERT, R. y VEZIAN, J., 1966) y Santimamiñe (ARANZADI, T., BARANDIARAN, J.M., EGUREN, E., 1925). Más compleja resulta la figura del supuesto oso. Este no es un animal representado con frecuencia en el arte parietal paleolítico. Las únicas representaciones que aparecen en un entorno cercano son las de las Monedas, Micolón, Venta la Perra, Ekaín y Santimamiñe. De todos ellos el más próximo formalmente sería el de Venta la Perra, en particular si atendemos a la concepción del morro. En relación con su atribución específica a Ursus spelaeus o Ursus arctos, la forma redondeada del cuerpo, sin giba marcada, la acercaría al Ursus arctos, aunque la indefinición de la figura no permite mayores precisiones.

Cronológicamente pensamos que los paralelos estilísticos nos llevarían hacia el Estilo IV antiguo, con santuarios como Santimamiñe y Le Portel, encontrándose, sin embargo, profundas similitudes técnicas y formales con la cueva de las Monedas. Es interesante señalar el carácter de santuario exterior del Becerral, característica que Leroi-Gourhan percibe igualmente en las Monedas, donde dice textualmente: "el santuario se agrupa en una única sala próxima a la boca, de una caverna de grandes dimensiones. Es un rasgo que se relaciona con la atribución de las figuras al periodo del Estilo IV reciente, en un momento en que los santuarios profundos parecen estar abandonados" (LEROI-GOURHAN, A., 1971, p. 316).

Es importante señalar que la cueva del Becerral representa el yacimiento con arte rupestre más alto de la región cantábrica, a 720 m. s.n.m. y a escasa distancia del límite administrativo con la provincia de Burgos, por el portillo de la Sía. Igualmente cabe señalar su cercanía a las morrenas terminales del glaciar de Bustalveinte. Este detalle parecería, a primera vista, un obstáculo insalvable para una ocupación humana durante el Paleolítico Superior. Con todo, la cronología rissiense que los geólogos atribuyen al episodio glaciar responsable de las morrenas glaciares de cota más baja, dentro del macizo de Valnera, dejaría todas las cotas por debajo de los 900-1000 m. como áreas susceptibles de ser ocupadas durante el Würm, ya que a esa altitud se situarían las morrenas de esta fase glaciar, en la cual los aparatos glaciares del macizo se ajustarían a los rasgos de los glaciares de circo de tipo pirenaico, en clara regresión respecto a los glaciares alpinos de lengua del Riss, al que pertenecerían las morrenas inmediatas al Becerral (PORTERO, J.M. y RAMIREZ DEL POZO, J.M., 1978).

La presencia humana en zonas altas, con cotas semejantes a las del Becerral, está atestiguada en los Pirineos, señalándose que es durante el Estilo IV de Leroi-Gourhan cuando se decoran las cuevas situadas a mayor altitud (CLOTTES, J., 1987). Por otro lado, no podemos olvidar que la posición de la cueva del Becerral representa un punto de unión entre ambas vertientes de la Cordillera Cantábrica. La proximidad de los puertos de los Tornos y del Cabrio, que constituyen uno de los puntos de menor cota en la divisoria de aguas entre el Cantábrico y el Valle del Ebro, es un dato a considerar a la hora de pensar en posibles caminos de comunicación entre los espacios del norte y el sur de la Cantábrica, donde se localizan yacimientos con arte rupestre del Paleolítico Superior Final, como Penches (HERNANDEZ PACHECO, E., 1917) u Ojo Guareña, distante esta última 18 km. lineales del Becerral. En esta cavidad se dispone de una fecha de C-14 de 15.600 ±30 para antorchas asociadas a huellas humanas (DELIBRIAS, C., GUILLIER, M.T. y LABEYRIE, J., 1974), así como de pinturas paleolíticas ejecutadas con una técnica semejante a las del Becerral (OSABA, B. y URIBARRI, J.L., 1968; JORDA, F., 1968-69; LEROI-GOURHAN, 1971; DAMS, M. y L., 1974; IBAÑEZ PEREZ, A., 1980 y MOURE, J.A., 1985).

En conclusión, a manera de resumen de todo lo expuesto, creemos que la clasificación que cabe atribuir a las pinturas de la cueva de los Santos o del Becerral, parece ser el estilo IV de Leroi-Gourhan.

BIBLIOGRAFÍA

 ALCALDE DEL RIO, H.; BREUIL, H.; SIERRA, L. (1911): "Les Cavernes de la Région Cantabrique", Mónaco.
 ARANZADI, T.; BARANDIARAN, J.M.; EGUREN, E. (1925); "Exploraciones en la caverna de Santimamiñe, Figuras rupestres", t, 1, Bilbao.
 BREUIL, H.; OBERMAIER, H. (1935): "The Cave of Altamira at Santillana del Mar (Spain)", Madrid.
 BELTRAN, A.; ROBERT, R.; VEZIAN, J. (1966); "La Cueva de Le Portel", Zaragoza.
 BUFFARD, R.; CHALINE, J. (1965): "La campagne 1961 du Speleo-Club de Dijon a Arredondo (Province de Santander, Espagne)", Sous le Plancher, IV, 4, p. 52,
 CLOTTES, J. (1987): "Le Magdalénien des Pyrenees", Problèmes sur la structuration du Magdalénien, Colloque de la Commission 8 de la U.I.S.S.P., Maguncia, pre-tirages, pp. 137-338.
 DAMS, M. y L. (1974): "L’art pariétal paléolithique de la caverna de Ojo Guareña", Bull. Société Royale Belgue d’Anthropologie et Préhistoire, 85, pp. 161-187.
 DELIBRIAS, C.; GUILLIER, M.T.; LABEYRIE, J. (1974): ’Gif Radiocarbon Measurements VIII", Radiocarbon, 16, p.52
 HERNANDEZ PACHECO, E. (1917): "Los grabados de la cueva de Penches (Burgos)", Memorias de la Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas, 17, Madrid,
 IBAAEZ PEREZ, A, (1980): "La pintura rupestre de Ojo Guareña", Biblioteca Universitaria Burgalesa, Burgos.
 JORDA, F, (1968-1969): "Nuevas representaciones en Ojo Guareña (Burgos)", Zephirus, 19-20, pp. 61-71.
 LEROI-GOURHAN, A. (1971): "Prehistoire de l’Art Occidental", Ed. Mazenod, Paris.
 MOURE ROMANILLO, J.A. (1985): "El Paleolítico y el Arte Rupestre en Burgos", Historia de Burgos, t, I, Edad Antigua, pp. 83-114, Burgos.
 MUGNIER, Cl. (1969): " El Karst de la Region de Asón y su evolución morfológica", Cuadernos de Espeleología, 4, p. 86, Santander.
 OSABA, B.; URIBARRI, J.L. (1968): "E1 Arte Rupestre de Ojo Guareña, Sección de Pinturas", Diputación Provincial de Burgos, Burgos.
 PORTERO, J.M.; RAMIREZ DEL POZO, J.M. (1978): "Memoria y Hoja nº 59 del Mapa Geológico de España a escala 1:50.000 Villacarriedo", I.G.M.E., Madrid.
 RIPOLL PERELLO, E. (1972): "La Cueva de las Monedas en Puente Viesgo (Santander)", Barcelona.

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Figura I
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Figura II
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Lámina I
1.- Caballo nº 1
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Lámina I
2.- Círculos de la pared derecha.
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Lámina II
1.- Caballo nº 2
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Lámina II
2.- Silueta de cuadrúpedo, interpretado como posible oso.

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