Cuadernos del Valle del Asón
Nº 2 Junio 1999 - Página 35-36
Lunes 28 de abril de 2003, por Luis Pedro Ruiz
Aquí te quiero ver, amigo, decidiendo, cual de las tres Gordas de Ramales es la que te merece más respeto y cual la que, en definitiva, vas a apuntar en tu diario de caminante objetivo como la más gorda de la muy noble, muy real y muy famosa villa ramaliega . Mejor te cuento por partes.
La primera gorda no tiene desperdicio y reiréis a gusto y con admiración si es el mismo Roldán quien te lo cuenta, porque D. Manuel es, seguramente, el mejor relator de todo esto.
Sucedió en 1886 que el Ministro de Justicia decretó la supresión del Juzgado de Primera Instancia en Ramales. La noticia sentó mal en la villa y alguien tuvo la arriesgada idea de formar una Junta Revolucionaria que tocó inmediatamente a consejo para las nueve de la noche, advirtiendo que quien no acudiera a la llamada sería quemado con casa, ajuar y todo lo demás.
Así que hubo en aquella anochecida unánime concurrencia en la Plaza Mayor y el presidente de la Junta recién nacida, D. Francisco Gándara, fue tajante en su lista de condiciones al Gobierno de Madrid: " Que se restableciere el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción de la villa; que se destituyera al Ministro de Gracia y Justicia; que se destituyera al jefe de Gobierno; y que la villa de Ramales fuera libre de contribuciones e impuestos del Estado. De no cumplirse estas condiciones, la Junta Revolucionaria declarará Ramales independiente, erigiéndose en Cantón Republicano y proclamando la anarquía".
Esto fue lo que dijo el primer orador, pero el segundo fue más explícito y, sobre todo, más exaltado, pues el vecindario terminó por desmandarse, cortando los árboles de las carreteras, arrastrando por las calles y quemando después a dos peleles de trapo que imitaban al Presidente del Gobierno y al Ministro; y quitándole las ruedas al correo Bilbao-Santander.
La cosa terminó con la llegada a Madrid de tan insólita noticia. El Jefe del Gobierno preguntó: "¿Que pasa en Ramales?". Le dijeron lo ocurrido y, a vuelta de correo, la villa volvió a tener Juzgado, pasando la Junta Revolucionaria a mejor vida sin ninguna dimisión a sus espaldas.
Gorda ya lo fue ésta pero dicen que aun lo fue más la que sucedió al final de la Guerra Carlista, en Abril de 1839, cuando Espartero hizo méritos para que el Ayuntamiento de Ramales le nombrara por unanimidad Alcalde Constitucional de la villa, recibiendo entonces el General, de las manos de la reina Cristina, el título de Duque de la Victoria, con el que paso a la posteridad; y Ramales el nombre de Ramales de la Victoria.
De Ramales al abrazo de Vergara no hay más que un paso y seguramente fue ésta la más importante y decisiva victoria de las fuerzas constitucionales en esta contienda civil.
Amos de Escalante dedicó a este suceso algunas páginas y la historia completa la tiene escrita, con la maestría acostumbrada, Simón Cabarga.
Fue en los primeros días de Mayo. Ya se cantaban en La Montaña algunas coplas que demostraban que la causa legitimista no tenía aquí demasiado ambiente. Esta copla, por ejemplo:
"De las provincias venimos dicen a la autoridad para buscar a los mozos que a la guerra marcharan. Los mozos se han escondido no los pueden encontrar y cuando ya estén seguros así pueden replicar. Vámonos con los Cristinos que más cuenta nos trae pues tendremos buena paga y vino y extras además." |
La cosa fue, más o menos, así:
El 17 de Abril, Espartero, que estaba por Vitoria, se puso en marcha hacia Villarcayo. El 25, pasados Los Tornos, ocupaba Lanestosa, en el límite Vizcaya-Santander, y el alto de Ubal. El 27 comienzan las hostilidades entre las tropas de Maroto, que mandaba 24 batallones sólidamente situadas en las paredes y montañas que cobijan a Ramales, y las de Espartero, con 3O unidades iguales.
A partir de aquí la batalla se libra en condiciones durísimas, si bien, poco a poco, la balanza de la victoria se va inclinando a favor de los constitucionales, que obligan a los Carlistas a retirarse al Fuerte de Guardamino, donde desesperadamente continua la lucha, hasta que la noche del 11 de Mayo Maroto envía un parlamentario cerca de Espartero, prometiéndole que, de suspender las hostilidades contra Guardamino y dejar salir la guarnición en calidad de prisionera, previo un canje con los prisioneros constitucionales que tenía en su poder, " mandaría evacuar la fortaleza sin ser su entrega a consta de sangre española ".
Así se hizo, no sin antes haber perdido la vida, a lo largo de toda la batalla de Ramales, más de 1800 hombres, 880 de ellos gubernamentales. Allí mismo cayó herido de gravedad el liberal O’Donnell.
Ramales quedó reducida a cenizas, a excepción de la Iglesia y la Ermita, "que fueron minuciosamente desvalijadas", tal como consta en el comunicado de "Cobanes" (Juan Ruiz Jiménez), un guerrillero montañés, audaz, inteligente y pasiego.
Más tarde, como digo, fue el abrazo de Vergara, la concesión de Duque de la Victoria a Baldomero Espartero quien recibió, además, una espada de la Diputación santanderina en la que se podía leer:" La provincia de Santander al General Espartero vencedor en Ramales y Guardamino. Año 1839."
No son sólo dos, sino tres, las gordas de Ramales. Y esta última la cuento como añadida, aunque también tiene lo suyo de histórica, de insólita y de sonada.
Fue hacia 1881. Ramales ya tenía un patrón y su correspondiente fiesta, pero los mozos, un poco calaveras, querían más festejos y decidieron celebrar a San Valentín, pretendiendo este nombre porque el sacristán de Guardamino, la tercera parroquia del municipio, se llamaba Valentín Allende Bringas y era, aparte de muy bajío, excelente persona.
El cura se opuso a semejantes pretensiones moceriles y hasta amenazo con la excomunión, con lo que a punto estuvo de armarse una más gorda que la ya propia de Ramales. Porque el herrero se vistió de cura y al frente de los mozos fue en busca del sacerdote, y delante de la puerta de la iglesia y con voluminosos palos en sus manos, le decían amenazadoramente: "Salga, salga, salga". El suceso no pasó de ahí porque el cura no salió e intervino oportunamente el obispo de la diócesis.
Queda, finalmente, averiguar y decidir cual de estas tres consta como "LA MÁS GORDA DE RAMALES".