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- La Sima del Acebo, una de las entradas del Sistema del Mortillano
En el año 2005 Ojo Guareña (Burgos) alcanzaba los 110 kilómetros de desarrollo. Se confirmaba así como el primer sistema subterráneo de España, puesto que ostentaba desde la década de los 50. Puesto que se suponía eterno, pues ninguna otra cavidad parecía amenazar su “reinado”. Por aquel entonces, la segunda mayor cavidad española era el sistema del Valle (Rasines), con 62 kilómetros. Y sin embargo…
… y sin embargo, mientras los compañeros del Edelweiss [1] lograban los 110 kilómetros, un grupo de espeleólogos ramaliegos nos afanábamos en las entrañas del Mortillano, arrastrándonos por los recovecos de Garma Ciega. En aquellos años, a ninguno se nos hubiera ocurrido pensar, ni por un momento, que la cavidad que explorábamos pudiera superar algún día al gigante burgalés.
Pero lo cierto es que la historia del sistema del Mortillano comienza mucho antes, en el año 1963, fecha en la que espeleólogos franceses comienzan las exploraciones del Mortero de Astrana. Junto con el descubrimiento de Cellagua, será el comienzo de dos grandes sistemas subterráneos que irían desvelando sus secretos a lo largo de las décadas: el sistema Mortero-Rubicera (al Sur), y el sistema Garma Ciega-Cellagua (al Norte). Para el año 2007, ambos sistemas rondaban los 50 kilómetros de galerías exploradas, pero su unión parecía imposible: espeleólogos franceses y españoles lo habían intentado en repetidas ocasiones, pero siempre habían fracasado. Parecía que las dificultades eran demasiadas para lograr la unión física de ambos sistemas.
A pesar de todo, en el año 2008 los miembros de la AER, tras haber incrementado el desarrollo de Garma Ciega en más de 30 kilómetros a lo largo de los 15 años anteriores, nos planteamos retomar el reto. Un pozo de 180 metros por el que se precipita un río, crecidas, laminadores estrechos y barrosos, desobstrucciones…toda una serie de dificultades fueron vencidas, y finalmente el uno de mayo de ese año se lograba la unión: había nacido el Sistema del Mortillano, con 103 kilómetros de desarrollo y 848 metros de profundidad.
El Sistema del Mortillano
Era una gran cavidad, sí, pero desde luego las exploraciones no habían acabado. Siguiendo con ellas, tras una escalada localizamos en la Sima del Acebo una galería que parecía dirigirse hacia el sistema. Fueron días de frenéticas exploraciones. Los planos que levantábamos nos indicaban que nos acercábamos más y más al sistema. La galería se desplegaba ante nosotros poco a poco, como invitándonos a seguir, sin presentar excesivas dificultades más allá de las incomodidades propia del medio… Pero pronto las facilidades acabaron: el río que seguíamos se sumió en un sifón, y el aire se perdía en un enorme caos de bloques… Todo nuestro optimismo se vino abajo.
Sin embargo, pronto optamos por enfocar el problema desde otro ángulo: si Mahoma no va a la montaña, etc., etc.… Ya que desde el Acebo la cosa se ponía muy difícil, ¿Por qué no probar desde el propio sistema? Nos dirigimos así a la zona de Rubicera, hacia donde parecía dirigirse el río del Acebo. Allí, un pequeño aporte llamó nuestra atención: caudal similar, forma parecida, mismo estrato… Blanco y en botella, era de suponer que fuera leche. Animados por la perspectiva de unir, dirigimos nuestros esfuerzos a avanzar aguas arriba por ese riachuelo.
Pero era más fácil decirlo que hacerlo. Pronto las estrecheces que encontramos impidieron a nuestros compañeros más fornidos avanzar. El meandro desfondado era tan estrecho que no podíamos llevar ni sacas, por lo que la falta de instalaciones nos obligaba a asumir un riesgo notable en determinados pasos. Para empeorar las cosas, la topografía que levantábamos no parecía cuadrar: o habíamos cometido un error, o este río que tan afanosamente explorábamos no era el mismo que el del Acebo. Tenía que ser un error de topografía, no podían existir dos ríos tan juntos, sería una faena…
Finalmente, hubo que rendirse a la evidencia: contra todo pronóstico, se trataba de dos ríos diferentes; el esfuerzo de varios meses no había servido para nada (salvo para enriquecer a los fabricantes de monos, rodilleras y coderas).
Tras el desengaño, dedicamos los meses de primavera a explorar en otros lugares del sistema. Los diversos descubrimientos nos permitieron alcanzar los 110 kilómetros de desarrollo, igualando a Ojo Guareña. Pero la “espina” del río del Acebo seguía ahí…
Y decidimos quitarnos esa espina. Durante el campamento que organizamos todos los veranos, optamos por volver a “atacar” por la Sima del Acebo. Para ello instalamos un vivac que nos permitiría dormir dentro y explorar con mayor comodidad. Así, en julio de 2009, la primera incursión con vivac se saldó con un éxito: una pequeña galería que habíamos dejado sin mirar nos permitió bajar hasta el punto más profundo de la sima evitando su tramo más incómodo y húmedo: estábamos donde antes, pero más descansados... La revisión del caos de bloques que nos había detenido el año anterior nos permitió encontrar un paso minúsculo entre rocas inestables: tras él, y en el fondo de una profunda rampa, se oía de nuevo el río… La aventura podía continuar, y el optimismo crecía muchos enteros.
Sin embargo, la siguiente entrada nos traería de vuelta a la cruda realidad: tras bajar la rampa y retomar el curso del río, el techo bajaba tanto que apenas dejaba 35 centímetros para pasar, y el agua subía progresivamente… Sin material y desencantados, nos retiramos. El regreso al campamento, de madrugada y lloviendo, se hizo en un ambiente general de pesimismo. Esa estrechez inundada… tan cerca y tan lejos…
Pero había que seguir intentándolo. Durante nuestras incursiones invernales en Rubicera habíamos encontrado un pequeño aporte que a los anteriores exploradores les había pasado desapercibido. Los planos levantados indicaban que podría ser una buena opción. La primera intentona lo confirmó: una galería avanzaba recta hacia el norte, y la morfología y el caudal se parecían (otra vez) al río del Acebo.
Y finalmente llegó el 10 de agosto: animados (pero un tanto escépticos, dados los antecedentes), volvimos a esa galería. La cantidad de agua y el hecho de tener que ir a gatas nos había hecho llevar los neoprenos. Reptando poco a poco, avanzábamos metro a metro: el levantamiento topográfico parecía confirmar que íbamos por el buen camino… Y sin embargo, de nuevo una estrechez parecía que iba a volver a impedirnos lograr nuestro objetivo: aún de dimensiones más reducidas que las anteriores, el agua que bajaba por ella parecía desanimar cualquier intento… Sin embargo, Ricardo optó por echarle valor, siguiendo los demás tras él. Tras cincuenta angustiosos metros, en los que la altura del conducto no superaba los 30 centímetros y el agua nos golpeaba en la cara, se alzó ante nosotros… un modesto jito. Nada espectacular, ciertamente (apenas tres piedras de arenisca), pero que nos emocionaban como nunca antes: era el jito que habíamos dejado semanas antes en la Sima del Acebo. La unión estaba hecha, y el sistema del Mortillano se colocaba, por derecho propio, como el primero en la lista de cavidades peninsulares.
Aún así, y como dicen en Star Trek, la aventura continúa…
Algunos datos del sistema
114 kilómetros de galerías.
950 metros de profundidad (desde la boca más alta: Sima del Acebo).
22 entradas.
Pozos de enormes dimensiones: 340 metros, 266, 260, 240, 200, 180…
Presencia de mirabilita, un raro mineral que sólo es capaz de “sobrevivir” en ambientes saturados de humedad, convirtiéndose en una especie de nieve que cae del techo si la humedad relativa desciende. Según los exploradores franceses, en la galería de Titanes existen restos de un ictiosaurio.
46 años de exploraciones.
| PD: no podríamos acabar este artículo sin hacer mención a la gente que durante casi cinco décadas se ha dedicado a explorar en este sistema. Gente de multitud de grupos (AER [2], SCD [3], SEII [4], SCP [5]….) ha dedicado buena parte de su vida a desentrañar los secretos ocultos bajo las garmas del Alto Asón. No estaría de más recordar que ellos son los verdaderos protagonistas, y que a pesar de que la propaganda institucional tienda siempre a olvidarse de esas personas, si a día de hoy podemos disfrutar de maravillas como El Soplao, es gracias al callado trabajo de generaciones de espeleólogos, quienes como única recompensa obtienen, lamentablemente, crecientes trabas para desarrollar su labor. |
Podéis ver más fotografías sobre las exploraciones del Sistema del Mortillano en LA GALERÍA:



