
- Cueva del Pastal
- Autor: © Pedro Merino
LAS FRACTURAS
Las fracturas pueden ser presentadas, descritas y clasificadas según distintos criterios. No existe un sistema absoluto de clasificación.
A la hora de describir una fractura, existen categorías distintas que deben ser tenidas en cuenta.
- 1. Localización anatómica: las fracturas suelen describirse según su localización en el tercio proximal, medio o distal de un hueso largo. Otros términos anatómicos utilizados hacen referencia a la cabeza, diáfisis y base del hueso (por ejem. en las fracturas de metacarpianos y metatarsianos).
- 2. Dirección de las líneas de fractura:
- Transversa o transversal: una fractura transversa que discurre perpendicularmente al hueso.
- Oblicua: Las fracturas oblicuas son similares a las transversales pues no existe un elemento de torsión. La línea de fractura suele estar inclinada en un ángulo de 45 a 60 grados.
- Espiroidea: Estas fracturas tienen un componente de torsión.
- Conminuta: son las fracturas donde existen más de dos fragmentos rotos; otros ejemplos de este tipo de fracturas segmentarias o dobles y las en mariposa.
- Impactada: Una fractura impactada es aquella cuyos extremos están comprimidos entre sí. Suelen ser fracturas muy estables.
- 3. Estabilidad.
- Fractura estable: No tiende a desplazarse después de la reducción.
- Fractura Inestable: Tiende a desplazarse después de la reducción.
- 4. Lesiones asociadas con los tejidos blandos:
- Simple (cerrada): Una fractura en la que la piel circundante permanece intacta.
- Compuesta (abierta): Una fractura en la que la piel circundante se ha roto.
- Con complicaciones: Una fractura asociada con lesiones neurovasculares, viscerales, ligamentosas o musculares. Las fracturas intraarticulares también pertenecen a este grupo.
- Sin complicaciones: Una fractura con lesiones mínimas de tejido blando.
LA ROTULA
Clasificación:
Las fracturas de la rótula se clasifican en base a sus mecanismos de lesión en fracturas directas, debidas a un traumatismo directo, y en fracturas indirectas, que se producen por avulsión secundaria a la tracción del cuádriceps contra resistencia. En este caso, nosotros trataremos la fractura directa; por ser la que más se produce de las dos en la espeleología.
Mecanismo de lesión:
Un traumatismo directo o caída sobre la rótula puede producir una fractura no desplazada.
Examen físico:
El paciente se presentará con dolor a la palpación y tumefacción en la rodilla. Si existen sospechas de fractura OSTEOCONDRAL, se palpará la superficie posterior de la rótula. Se evaluará la extensión activa de la rodilla, y si está abolida, es posible que exista una sección del cuádriceps o su tendón, lo que requiere intervención quirúrgica.
Radiología:
Para definir estas fracturas suele bastar las proyecciones AP, de perfil y axial. Las fracturas OSTEOCONDRALES no suelen visualizarse bien mediante radiografías comunes, aunque en ocasiones puede verse un pequeño defecto característico en la superficie articular de la rótula.
Lesiones asociadas:
Las fracturas directas de la rótula se asocian con frecuencia a condromalacia traumática.
FRACTURAS SECUNDARIAS A UN TRAUMATISMO DIRECTO
Tratamiento
TIPO I (no desplazada Transversa)
El tratamiento de urgencia de estas fracturas incluyen artrocentesis de la hemartrosis (cuando exista) y colocación de un yeso cilíndrico largo que se extienda desde la ingle hasta los maléolos. El yeso debe estar bien moldeado alrededor de la rótula y la rodilla debe encontrarse en extensión completa. Se enviará al paciente al especialista para que pueda contar con un buen seguimiento y conviene la rehabilitación del cuádriceps lo más pronto posible.
TIPO II (Conminuta)
TIPO III (Vertical)
TIPO IV (Osteocondral)
- Clase B:
- TIPO I (Transversa Desplazada)
- TIPO II (Fractura del polo inferior o superior)
- TIPO III (Fractura vertical o longitudinal)
El tratamiento de urgencia de estas fracturas incluye aplicación de hielo, inmovilización en extensión, analgésicos e ingreso hospitalario para tratamiento quirúrgico si el desplazamiento es superior a los 4 mm. Las fracturas muy conminutas suelen tratarse mediante patelectomía y se asocian a una elevada incidencia de artrosis (39% en una serie).
La patelectomía parcial ha dado buenos resultados en casos de fractura conminuta de la rótula indemne. En algunos casos es inevitable llevar a cabo una excesión total de la rótula, aunque siempre conviene salvar la mayor parte posible de ésta.