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Cuadernos del Valle del Asón

La Torre de La Bárcena

Nº 8 Septiembre 2003 - Página 5-6

Lunes 3 de enero de 2005, por Asociación Cultural Juan de Espina


Recientemente el Ayuntamiento de Ampuero ha adquirido la edificación conocida como "Torre de la Bárcena" para su recuperación, restauración y dedicación a usos de tipo cultural. La Asociación realizó un breve informe, que fue presentado a las autoridades regionales, describiendo el conjunto, su historia, así como la de su ilustre propietario Juan de Espina y proponiendo diversos usos. Éste es un extracto del mismo.

La torre

El edificio se ubica a orillas del río Vallino, en el Barrio de la Bárcena, posiblemente uno de los más antiguos del municipio como denotan diversos restos arquitectónicos conservados en algunos edificios adyacentes.

La torre se fue enriqueciendo con el paso del tiempo con un conjunto de construcciones, algunas lamentablemente desaparecidas, que constituían una unidad socioeconómica, pues en este espacio, además de una capilla gótica, se integró en el siglo XVII una casa palacio con su correspondiente portalada y muro perimetral y en las proximidades, un molino y una ferrería, además de varios predios dedicados al cultivo de la vid y hortalizas.

Se trata de un edificio bajomedieval, cuadrangular, de planta baja y tres pisos, construido con muros de mampostería y sillares en los esquinales (dispuestos a soga y tizón) y vanos. La puerta de ingreso, con arco de medio punto y tal vez rehecha en el siglo XVI, se abre en la planta baja de la fachada oriental. Sobre la puerta, y también a la altura del primer piso, recorre esta fachada una doble línea de modillones, que posiblemente sirvieron para sostener las vigas del edificio levantado sobre un pórtico de doble arcada y anexo a la torre, con la que comunicaba a través de la puerta todavía hoy visible en el primer piso.

En la fachada que mira a la calle, en el siglo XVII se abrió en el primer piso un balcón con solera de piedra y barandilla de hierro, mientras que en el segundo, destaca en la perpendicular del balcón, una ventana con arco carpanel y guardapolvo. En las proximidades de los esquinales, rasgan el muro dos estrechas saeteras. En la fachada oeste, en la primera planta se ubica una ventana ojival, elemento que se repite en la planta superior, además de dos pequeñas saeteras.

En el último cuerpo del edificio se abren pequeñas troneras en tres de las fachadas: dos en las laterales y una en la principal. La construcción se remata con una cornisa de piedra labrada y tejado a cuatro aguas.

En el interior, es de destacar la escalera de madera, que asciende paralela al muro posterior y en el último piso, un nutrido conjunto de pies derechos que sostienen las vigas y la tablazón del tejado.

En la parte trasera del edificio se añadió, en el siglo XVII, una construcción en mampostería en la que el elemento más destacado es una columna coronada con el escudo de armas de los Espina, situada en el interior de la planta baja.

Miguel Ángel Aramburu-Zabala documenta varias reformas como la contratada en 1596 a Juan de la Llanilla y Juan de la Vega, vecinos de Ampuero, para que sacasen la piedra que estaba en el solar del licenciado Andrés de Espina. Parte de la piedra había de ser echada en unos torcos y parte había de colocarse en la puerta de la bodega de la torre. El 2 de febrero de 1602 Andrés de Espina contrató con el maestro de cantería Francisco Alonso de la Haza, vecino de Cubas, la obra de dos "cuartos" pegados a la torre que tenía en el barrio de La Bárcena. El 21 de julio de ese mismo año, el licenciado Andrés de Espina, en nombre de su hermano Juan de Espina Velasco, que ejercía el cargo de contador de Felipe II, contrató con el maestro Pedro del Hoyo la obra de carpintería "de las casas y torre" de su propiedad especificándose que se habían de deshacer los tres suelos de madera existentes, rehaciéndose de nuevo con cuarterones y barrotes, sobre los que se asentarían la tabla de madera. En cuanto al tejado, se debía retejar por completo, manteniendo las vigas principales, pero rehaciendo las demás con madera reaprovechada de los suelos reformados.

Su construcción fue contratada en 1602, al igual que la casa próxima a la torre, al maestro de cantería Francisco Alonso de la Haza y se inspira en la arquitectura militar, de las entradas a las fortificaciones. Levantada en sillería, presenta un arco de medio punto, con jambas y dovelas almohadilladas, flanqueado por cubos y dos maceros, sobre peanas leoninas, vestidos con corazas y medias calzas, y tocados con gorros frigios. Sobre el arco de ingreso el escudo de los Espina: un árbol de espino, florido, con cinco corazones y ocho aspas por orla.

La portalada se prolonga en un muro de mampostería en el que se abren varias troneras y cubos en las esquinas, coronado, uno de ellos, por el mismo escudo de armas.

Juan de Espina Velasco, un hombre del Renacimiento

Juan de Espina Velasco tuvo de su matrimonio con María de Mesa a su hijo homónimo Juan de Espina Velasco, nacido en Ampuero el 1 de agosto de 1563. En su casa madrileña coleccionó obras de arte, libros y todo tipo de objetos, puestos a disposición de los estudiosos. Numerosos poetas le dedicaron sus versos (Quevedo, Luis Vélez de Guevara, Castillo Solórzano, Juan de Piña), entre ellos Anastasio Pantaleón de Ribera con un soneto dedicado "A la curiosa y celebrada casa de don Juan de Espina". Allí había espejos deformantes, barcos que aparecían disparando sus cañones, muebles que se movían solos, órganos hidráulicos y también conservaba manuscritos de Leonardo da Vinci.

Desgraciadamente, el importante archivo familiar que se encontraba en la torre, donde quizá podrían estar estos manuscritos, se quemó en gran parte en 1765. Era propiedad entonces de don Juan Antonio Espina Velasco, quien declaró que el fuego se inició el 16 de mayo del citado año, afectando a la casa-torre y a la capilla que tenía en las casas anexas a la torre.

Algunas propuestas

Su antigüedad, su calidad como obra arquitectónica, su testimonio como ejemplo de la mentalidad y los modos de vida de épocas pasadas, que debe transmitirse como el más preciado de los legados a las generaciones venideras ya que constituye parte de su historia... son razones más que suficientes para justificar una cuidada actuación que devuelva a este rincón del municipio, tan maltratado por la desidia, el esplendor que sin duda se merece. Si a ello añadimos la necesidad de un lugar en el que ubicar adecuadamente los fondos del archivo municipal, o la posibilidad de instalar un pequeño museo de arte comarcal o un centro de interpretación de los ingenios hidráulicos, tan abundantes en la zona en otros tiempos, la restauración de la torre y de su portalada, no sólo resulta necesaria sino imprescindible.

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