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Subterránea

La Rubicera-El Mortero de Astrana. Una historia de maniacos

Nº 18 2002/2 - Página 23-30

Viernes 13 de junio de 2003, por S.C.C.


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Entrada de Rubicera
Autor: © A. González/J. Colina

Antonio González Corbalan
Speleo Club Cántabro (Santander)

LA HISTORIA

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Autor: © A. González/J. Colina

A finales de la primavera de 1997 coincidí con José Ignacio, médico de Rasines (Cantabria), hombre con el que había entablado cierta amistad y con el que viví algunas salidas a la Naturaleza. No sé cómo pero surgió el tema de la espeleología y algo más llamativo: nuestras comunes amistades con el núcleo antiguo del grupo SEII de Ingenieros Industriales de Madrid. Chicha, Willy, Félix, el valenciano (Juan Casero) y otros muchos eran conocidos comunes. José Ignacio me contó que había visitado, invitado por la gente del SEII, una cueva a la que se entraba por la ladera oriental del Valle del Asón y que conectaba con el Mortero de Astrana, aunque él no había llegado al Mortero. Esa fue la primera vez que oí hablar de la Rubicera aunque no la nombrara así, ni de ninguna forma que yo recuerde.
Poco después fui a hablar con Juan Casero, que tiene una casa en Astrana (Soba), y me interesé por los trabajos que estaban realizando, comentándome él algo sobre la Rubicera. Puesto que había algunos problemas con los permisos de exploración y existían algunas suspicacias entre la gente del SEII y los del Speleo Club de París respecto a la Rubicera, preferí no hacer demasiadas preguntas. Mi interés por la Rubicera era turístico y no exploratorio pero en varias ocasiones había tropezado con incomprensiones y preferí ser cauteloso. Así pues, sabiendo que la cueva se llamaba Rubicera y que estaba en una de las hazas (cornisas) del valle, me acerque a una cabaña cercana a la Gran Cascada del Asón en la que había visto a un pastor y le pregunté por la cueva. El pastor fue muy amable y me dio, a su manera, las explicaciones para alcanzar las bocas de la Rubicera. Llegar a las entradas requirió dos intentos. Hay que bajar dos resaltes. El primero resulta evidente desde arriba y nos coloca en una gran cornisa que se extiende de sur a norte bajo el Mortillano a lo largo del valle. Aquel día me moví hacia el sur por esa primera cornisa que se perdía en una vira estrecha y vertiginosa; mi conclusión fue que por ahí no estaba la cueva. Para el segundo intento me cercioné de donde se ubicaban las entradas, mirando desde los puertos del Asón e incluso desde más enfrente, con lo que supe que desde esa primera cornisa había que destrepar a una segunda en una zona con buenas presas pero aérea. Así pues, pude entrar a la cueva de Las Canales o Rubicera y echar un primer vistazo a sus dos bocas. Comprobé que la boca sur es la que da acceso al sistema y que las proporciones de sus galerías iniciales eran ciclópeas por lo que en previsión de un extravío opté prudentemente por salir.

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Autor: © A. González/J. Colina

A primeros de Julio del 98 volvimos un numeroso grupo de amigos y miembros del SCC con la intención de encontrar la continuación de las grandes galerías iniciales, pasando la estrechez que permite la continuación más allá de éstas y que fue forzada por los miembros del SEII. A pesar de que estuvimos durante varias horas forcejeando y mirando con cuidado todos los recovecos, no dimos con la continuación. Algo fallaba. El 15 de Noviembre del 98 volvimos unos pocos miembros del SCC y tras varias horas de trabajo y repaso no habíamos conseguido encontrar el dichoso paso. Hartos y desanimados nos sentamos a tomar algo y a descansar. De golpe, como nos había ocurrido otras veces, la solución al misterio estaba en lo más sencillo y evidente. Solo hay un pequeño aporte de agua en toda la Gran Galería de entrada y el agua se va por alguna parte... Mirando en los derrumbes, entre los que se pierde el pequeño aporte, encontramos el ansiado paso, algo estrecho e inquietante por los grandes bloques que gravitan y se encajan entre sí, que se atraviesa en descenso de forma clara.
La historia de cómo llegamos a realizar esta travesía es una historia de forcejeo y tesón, aunque esto es algo bien sabido por casi todos los espeleólogos en sus exploraciones. Y si bien no estábamos explorando, debido a la poca información acerca de la cavidad casi todo eran incógnitas y nuestra visión de la cueva nebulosa y especulativa. Durante las Navidades del 98 volvimos a acercarnos a la Rubicera, y avanzando hacia el Este, más allá de la estrechez entre bloques, recorrimos hermosas galerías (en esta zona las formaciones y concreciones no son abundantes pero si muy hermosas), pequeños resaltes y grandes salas hasta alcanzar un pozo que nos llamó la atención. Dada la complejidad de lo que habíamos visto, avanzar hacia el Mortero sin otro útil que la maraña del esquema-topografía publicado nos pareció tarea imposible. Decidimos volver a hablar con Juan Casero y exponerle francamente nuestros planes con el ánimo de que nos ayudase.
En mi conversación con Juan, éste me explico la estructura de los cursos fluviales que confluyen en el Gran Pozo del Mortero. Los ríos de la Rubicera y del Mortero llegan por distintos puntos al Gran Pozo (uno con sendos saltos de 90 m y 100 m el del Mortero con 178 m) y las dos cuencas están también unidas por una red de galerías fósiles algo por encima del nivel del lago del Mortero. Además nos confirmó que el pozo en que nos habíamos fijado en nuestra última incursión era "uno de los posibles caminos" hacia el río de la Rubicera. Cuando Juan escuchó nuestra intención de unir en travesía el Mortero con la Rubicera nos dijo, si la memoria no me falla, que la mejor forma sería bajando un rosario de pequeños pozos a través de la zona fósil entre los dos sistemas que nos llevaría a la base del pozo de 90 y tras remontarlo continuar río arriba de la Rubicera y así alcanzar las grandes galerías de salida.

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Autor: © A. González/J. Colina

Así pues nuestro siguiente contacto con el asunto de la travesía, en Abril del 99, fue una visita al famoso Mortero de Astrana. Durante esta incursión localizamos una escalada que, tras un trabajoso equipamiento, nos permitió proseguir por un meandro fósil cortado por pequeños pozos hasta una espaciosa sala en la que se multiplicaron las posibilidades. La idea original de esta salida era alcanzar el río de la Rubicera. Sin embargo, esta red de galerías fósiles que inicialmente pensamos que nos llevarían a un punto intermedio entre los dos pozos del río de la Rubicera, resultó ser algo más compleja de lo que esperábamos. Poco después, a primeros de Julio del 99, un par de miembros del SCC entrando por la Rubicera bajaron el pozo de 31m y, recorriendo una galería fósil que desembocaba en una zona de agujas de lapiaz subterráneas así como una zona laberíntica, alcanzamos finalmente el río de la Rubicera. Tras recorrer este maravilloso curso de agua, a lo largo de lo que estimamos en al menos un kilómetro, fuimos a desembocar, previo paso de una gatera que evita la cabecera principal, en el borde del primer pozo del río de la Rubicera. Realmente estábamos muy contentos pues ya veíamos la conexión al alcance de la mano.
Tuvimos que esperar hasta finales de Agosto del 99 para volver a la carga. Habíamos sido informados por Juan Casero de que los pasamanos del Mortero estaban desinstalados pero, muy animados, volvimos a equiparlos así como la escalada y todos los pozos del meandro fósil. De esta manera nos colocamos en el punto final de la incursión de Abril y, tras pasar una gatera sopladora y unas galerías de proporciones modestas con abundantes formaciones, alcanzamos el primer pozo del río de la Rubicera por el lado opuesto. Nuestra alegría fue total. Aunque la forma más obvia de salvar el obstáculo del pozo era bajarlo por un lado y subirlo por el otro, nos resistimos a esa solución pues queríamos crear una ruta agradable y lo más cómoda posible. Nos interesaba abrir este recorrido por su encanto más que por su dificultad Con esto en mente observamos que, aunque los metros iniciales de las paredes del pozo eran de una roca nefasta, si nos situábamos al nivel del techo, digamos la tapadera del tubo vertical, la roca era sólida y permitía instalar un pasamanos fiable. Instalar desde el lado del Mortero era prácticamente imposible y desde el lado de la Rubicera factible aunque al final hicimos parte de la instalación desde el lado del Mortero. Dos entradas por la Rubicera durante el verano del 2000, una de ellas fallida, y una entrada final por el Mortero de Astrana en Octubre del 2000 nos permitieron completar la instalación del pasamanos.
Finalmente, tras tanto esfuerzos, solo quedaba realizar la travesía disfrutándola apaciblemente. Un viernes de primeros de Noviembre nos fuimos a dormir al pequeño robledal de La Gándara, previa instalación del pozo de entrada del Mortero de Astrana. Temprano, en la fresca mañana otoñal, nos aproximamos por las cornisas a la cueva de la Rubicera y algunas horas después salíamos contentos y satisfechos por el Mortero, después de una tranquila y placentera travesía.

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Autor: © A. González/J. Colina

 LA PARTE TÉCNICA 
Resalte entre cornisas.Cuerda de 35 m para recuperar en doble.Dos spits con chapas. Llevar cordinos o maillons.
Pozo de 31 m.Cuerda de 40 m.Tres spits.
Resalte de 3 m en la "Vía Real".Cuerda de 10 m.Anclajes naturales.
Resalte de 5 m en la "Vía Real".Cuerda de 15 m.Anclajes naturales.
Pasamanos del pozo de 90.Cuerdas de 20 + 30 m.Tres anclajes naturales + tres spits + 9 parabolts.
Pozo de 20 m.Cuerda de 25 m.Tres parabolts.
Resalte de 3 m.Cuerda de 6 m.Dos parabolts.
Pozo de 15 m.Cuerda de 20 m.Tres parabolts.
Pozo de 10 m.Cuerda de 10 m.Un spit.
Pozo de 15 m.Cuerda de 20 m.Dos parabolts.
Pasamanos de las marmitas.Cuerdas de 20+30 m.Quince spits.
Última marmita (saliendo).Cuerda de 10 m.Tres spits.
Rampa de salida.Cuerda de 15 m.Tres anclajes.
Salida por el Mortero.Cuerda de 40 m.Por rampa: Un anclaje + un spit. Por desplome: Cuatro spits.

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Autor: © A. González/J. Colina

EL RECORRIDO


Coordenadas U.T.M.:
 El Mortero de Astrana X: 453,860 Y: 4.784,400 Z: 720
 La Rubicera X: 452,350 Y: 4.785,300 Z: 750


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Autor: © A. González/J. Colina

Toda la aproximación es de una belleza excepcional y, salvando las proporciones, nos recuerda la estructura del valle de Ordesa. Para llegar a las bocas de la Rubicera dejaremos el coche en la última revuelta de la carretera que une Arredondo con La Gándara, antes de llegar al mirador del Asón. Desde aquí tomaremos una senda poco marcada, al principio sembrada de encinas, que parte horizontal hacia el Norte y que recorriendo una cornisa, donde a menudo el camino va justo al borde del precipicio, nos permite remontan suavemente hasta una fuente cuyo caudal es canalizado por un tubo negro hacia un abrevadero más cercano a la carretera. Desde aquí se sube menos de 100 metros de desnivel en diagonal por la empinada ladera buscado las trochas del ganado hasta alcanzar una zona, más llana por la cual avanzamos hasta un pequeño grupo de dos o tres grandes hayas muy característico. A partir de este punto deberemos seguir, más o menos, a la misma cota siguiendo alguna vereda de cabras hasta alcanzar, unos centenares de metros más allá, un, canal descendente en embudo recorrida por: una senda de cabras. Bajando esta canal, sin grandes dificultades a pesar de tú aspecto inicial, alcanzaremos una ancha cornisa herbosa en la cual continúa la senda hacia el sur (izquierda). La seguiremos durante un corto trecho hasta colocarnos en un amplio circo herboso en el que, bajando unas decenas de metros, nos encontraremos con una instalación de rappel en la roca, que emerge en la pendiente herbosa, formada por dos spits M8 con sendas chapas. Descendiendo unos 17 metros alcanzaremos de nuevo otra cornisa herbosa en la que se abre, a escasos metros, la boca Norte de la cueva. Bajando ligeramente hacia el sur por la cornisa nos toparemos con la entrada principal de la cavidad. (De tres cuartos a una hora desde los vehículos).
Desde el barrio de Astrana (Soba) parte una pista en buenas condiciones que se dirige hacia las cabañas de las Cerrajas, al pie de la peña del Mazo Grande. Recorridos un par de kilómetros, en una curva muy marcada a la derecha a la que le sigue otra a la izquierda en un tramo de fuerte pendiente, aparcaremos el coche. A partir de aquí tomaremos una vereda que, dirigiéndose al arroyo Leolorna, permite cruzar tú cauce, normalmente seco, y ascender por la ladera hacia el oeste unas decenas de metros para volver a bajan enseguida. Continuando por el sendero dejamos a la derecha una valla de alambre espinoso y la vaguada que baja del Cuivo; de inmediato el sendero, girando a la izquierda, penetra, por un pequeño barranquito, en la enorme boca del Mortero que ya, previamente, se intuye. (10 minutos).

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Autor: © A. González/J. Colina

LA TRAVESÍA EN SÍ

El amplio hall de entrada de la boca Sur de la Rubicera está tapizado de hierba y desde este fantástico balcón puede contemplarse, con un poco de suerte, el vuelo de buitres a nivel o incluso por debajo. La cascada del Asón siempre es visible en la otra ladera del valle. A veces, cuando hay mucho caudal, el agua pulverizada ofrece un arco iris brillante; sin embargo esto seria una indicación de que los ríos están demasiado crecidos para efectuar la travesía. A nuestra espalda remontaremos por unas profundas huellas una empinada colada de barro y luego una pedrera. Las galerías de entrada, que era la única parte conocida de la cavidad hasta hace pocos años, son formidables y no pueden ser iluminadas adecuadamente a menos que llevemos un potente foco lo que seria un placer. En esa galería tomaremos una marcada senda hacia el este que nos conducirá en unos 10 minutos hasta un amplio grupo de peculiares, solitarias y hermosas formaciones blancas. Pocos metros más allá una amplia tolva rellena de bloques y piedras y a la que llega un aporte de agua pon la izquierda nos cerrará el paso. Desde el borde de la tolva iremos a buscar en el fondo el comienzo del paso entre bloques que nos hará descender unos 20 m (el paso no tiene problemas salvo para las sacas, en la zona intermedia de la gatera, que deben pasar, preferiblemente, delante del espeleólogo).
Tras pasar esta dificultad entraremos en una sala que abandonaremos enseguida girando a la izquierda por una galería que avanza en sentido opuesto al que traíamos. El aspecto de la cavidad cambia. Varios conductos medianos, liosos, en los que existen algunos hitos, nos dejarán en una zona de amplias galerías fósiles en las que nos deberemos guiar por los hitos que continúan y las huellas que forman una marcada senda. Pasaremos una sala con grandes bloques untados de un barro muy deslizante y en la que observaremos un conducto descendente con una cuerda, que no deberemos seguir, continuando en la dirección que traíamos. Al cabo de un rato llegaremos a una sala de techo alto en la que confluyen varias grandes galerías. Desde aquí podemos visitar, volviendo hacia el Oeste y pasando por una enorme estalagmita, llamada la Teta, un meandro que se dirige hacia el Norte en el que se observan grupos de excéntricas negras. También es posible proveerse de agua. Las dimensiones de las galerías se hacen grandiosas y nos invitan a visitar la zona hurgando por doquier.
Yendo hacia el Este, siguiendo de nuevo los hitos, recorreremos una galería cómoda con varios desfondamientos en uno de los cuales hay un corto pasamanos. Entraremos en una sala en la que hay una gran pedrera y dos amplias ventanas al frente. Tomaremos la de la izquierda y descenderemos siguiendo una ruta evidente. Tras pasar una galería baja, desembocaremos en otra más amplia, que deberemos seguir hacia la derecha penetrando en una gatera en forma de tubo sinuoso, que nos depositará en la cabecera de un pozo de 31m. Una vez bajado este pozo a encontraremos grupos de formaciones con mucho encanto y continuaremos por un estrecho trecho y rectilíneo conducto, con paredes extremadamente planas en ocasiones, que finalmente se subdivide en varias rutas a conducentes al río. De todas ellas la mejor es la que, tomando galerías de grandes dimensiones, está indicada mediante señales. Destrepando con cuidado aterrizaremos en el nivel del río de la Rubicera y pocos metros más allá se encontrará el agua que es, en general poco profunda, máximo por los muslos. E cañón por el que discurriremos es amplio, armonioso y muy a menudo tiene sección de 1 invertida. Su recorrido deja una agradable huella en el espeleólogo. Al cabo de un rato nos situaremos en la parte superior del meandro por encima del río y tras saltar el desfondamiento en dos o tres ocasiones, nos alejaremos del curso del agua por una galería triangular y rectilínea, la llamada Vía Real acompañados por una fuerte corriente di aire. Siguiendo esta curiosa galería y tras pasar varios pequeños resaltes volveremos al ríe que aparece por la derecha formando una pequeña cascada. De aquí al pozo de 90 seguiremos un corto trecho el río, abandonándole por una gatera que nos llevará a un balcón sobre el pozo. Este pozo tiene un aspecto imponente por su anchura y su profundidad El pasamanos que comienza a nuestra izquierda conlleva el uso de descensor, Croll 1 puño y nos conduce de forma segura a la orilla opuesta del pozo, formada por una amplia terraza arenosa en donde es posible hace una agradable parada contemplando las acciones de los compañeros en el pasamanos.
Sin pérdida, un conducto de pequeña: dimensiones, con alguna gatera abarrotad de formaciones, nos llevará a una sala de techo alto en donde tomaremos la cuerda que se ve a la derecha para remontar hasta un: galería meandriforme colgada. El recorrido de esta galería está salpicado de pequeño: resaltes además de dos gateras y obliga a pasar tres pozos: uno ascendente y dos descendentes. Justo después de remontar el primer pozo hay que tomar a la izquierda por un portal agaterado no muy evidente. Final mente, tras rapelar el último pozo y bajar ni pequeño resalte con un cordino, llegaremos al río del Mortero a pocos metros de la zona embalsada. Este lago se deberá atravesar bien a nado, con neopreno completo, bien con un bote que es posible reenviar median te un cordino de unos 50 m. Aguas arriba e tramo de las marmitas es magnífico y los pasamanos instalados permiten remontarlo con seguridad sí bien, en algunos puntos, es difícil escucharse unos a otros debido al torrente. De aquí a la salida del Mortero pasaremos, río arriba, por la desembocadura del afluente del Cuivo, que dejaremos a la derecha, para alcanzar la Sala de la Cascada y poco más allá, ya fuera del río, tomar a la izquierda la galería de salida. Ésta nos llevará a una rampa instalada, que es posible sortear por una escalada entre bloques, y tras otro par de rampas y un corto resalte, por donde sopla un vendaval, a la Sala del Caos. Desde aquí podemos ver, lejana, la luz del día tamizada de verde. Un sendero con hitos nos facilitará ponernos al pié de la cuerda de salida, que habremos instalado previamente.

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Autor: © A. González/J. Colina

CONSEJOS

Nos gustaría hacer algunas recomendaciones para facilitar el recorrido. La travesía puede hacerse en ambos sentidos, sin embargo nos parece mejor hacerla en sentido Rubicera-El Mortero ya que, en dicho sentido, la estrechez entre bloques se recorre hacia abajo lo que significa mayor facilidad para mover las sacas. La salida de la travesía será más fácil saliendo por el Mortero pues la Rubicera es más laberíntica, por lo que una buena medida de precaución sería efectuar una incursión para conocer el itinerario (al menos por la Rubicera). Por otra parte los vehículos quedan más cerca desde el Mortero e incluso existe una cómoda senda que podría utilizarse para volver a la última curva de la carretera antes del mirador del Asón.
Es necesario asegurarse de que el nivel de las aguas tanto en el Mortero como en la Rubicera es adecuado -es fácil observando el río Asón y la surgencia de las Fuentes- y de que el tiempo previsto no incluye precipitaciones copiosas. Esto es importante sobre todo en el río del Mortero en donde, a veces, han quedado bloqueadas algunas expediciones por crecidas imprevistas. Para el recorrido de los ríos bastará usar escarpines de neopreno pues la mayor parte del tiempo se transita chapoteando. Sin embargo en el río del Mortero existe una zona embalsada de unos 50 metros de larga que requiere el uso de un bote neumático o de neopreno completo.
La travesía está instalada salvo, por estar fuera de la cueva, una cuerda de unos 35 metros es muy recomendable para alcanzar las bocas de la Rubicera y la cuerda que equipa la entrada del Mortero que deberá ser de 40 metros tanto si se utiliza la rampa como si se instala por el desplome. Hay que informarse previamente del estado de cuerdas y anclajes ya que hay varias zonas muy expuestas al deterioro. Sobre todo estamos hablando de los pasamanos del Mortero. Sería conveniente, a tal efecto, hablar con Juan Casero del SEII o con la FCE (Federación Cántabra de Espeleología). En caso de no obtener confirmación del buen estado de dicho material se deberá llevar para su sustitución chapas, tornillos de spit, maillons y cuerdas. De cualquier manera hay que hablar con la FCE (tf y fax 942255063) para obtener los permisos correspondientes.

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Autor: © A. González/J. Colina

AGRADECIMIENTOS

Este artículo, y la travesía de la que trata, no hubiera sido posible sin el magnífico trabajo del SEII con Juan Casero a su cabeza y a su generosa información. Sin la colaboración de los miembros del SCC y especialmente de Cesar Espinosa, Guillermo de la Maza y Juan Colina su realización habría sido tarea imposible e ingrata. Finalmente debo agradecer al Speleo Club de París la comunicación a la FCE de una topografía esquemática que fue de gran ayuda en las sucesivas incursiones. Como referencias tenemos el BCE n’14 v el libro Grandes Travesías de Isidoro Ortiz.

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Autor: © A. González/J. Colina

Topografías

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Croquis de la travesía, Rubicera

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Croquis de la travesía, Mortero


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Poligonal del Sistema


P.-S.

En agosto de 1999, el AER realizó la travesía del sistema pasando por los grandes pozos. La travesía se efectuó en el sentido Mortero-Rubicera, descendiento el gran pozo de 178 m y ascendiendo los pozos de 100 y 90 m. En esa fecha nos acompañaron Philippe Morverand y sus compañeros del Spéléo-club de Paris.
Se pueden consultar los artículos:

 Cuadernos del Valle del Asón 3, abril 2000: Travesía Mortero-Rubicera
 BCE 14, marzo 2000: Nuevas exploraciones en el Macizo de Mortillano

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