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Cuadernos del Valle del Asón

La Quebrantahuesos

Nº 3 Abril 2000 - Página 23-24

Lunes 14 de abril de 2003, por Alejandro Torre Hierro


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Sabiñánigo

20 de Junio del 98. 6:00 A. M. Suena el despertador en casa de Miguel, el hermano de Liti, en su piso de Jaca. Me levanto tras un corto y ligero sueño, despierto al Moro y desayunamos. Hoy voy a participar en la QUEBRANTAHUESOS, nombre muy apropiado para una carrera cicloturista que recorre parte de los Pirineos (españoles y franceses) a lo largo de 210 kilómetros. y sus cuatro puertos de montaña y que es algo así como la "Selectividad" del cicloturismo patrio (hace falta aprobar...).

Una vez en Sabiñánigo, que es donde se celebra el evento, recojo los dorsales, pongo a punto la bici y como nos sobra tiempo, desayunamos otra vez, aprovechando para hacer la última visita al W.C., que se encuentra a rebosar. Como ya se acerca la hora de salida (8:30), me dirijo hacia el punto de partida, donde intento (sin éxito) buscar un buen sitio, ya que somos 3.800 ciclogloberos ávidos de asfalto los que componemos el pelotón.

Como quien no quiere la cosa, ya hemos dejado atrás Jaca y buscamos las primeras rampas de Somport, primer puerto del día, que marca la frontera con Francia. Es en Canfranc donde comienzan los 12 kilómetros de subida al 6-7%, que nos llevarán hasta los 1.640 metros de altura y en donde se encuentre la estación de esquí de Candanchú.

Tras un rápido avituallamiento en la cima, un rápido y revirado descenso nos conduce a los primeros pueblos franceses. Los kilómetros pasan a buen ritmo y la moral es alta, pero es que sólo llevamos unos 90 kilómetros, cuando llegamos a Escot y giramos a la derecha para encarar lo que será el puerto mas duro de la prueba, la Marie Blanque (1.035 metros), puerto muy ascendido en el Tour. Aquí el calor es insoportable y el termómetro, que debe de tener fiebre, marca los 39º C.

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Perfil de la ruta

Para hacerse una idea de lo duro que es éste puerto de nueve kilómetros: en los últimos cuatro, el 90% de la gente que yo vi nos tuvimos que bajar de la bici, puesto que mezclar 39º C y una pendiente continua de entre el 10 y el 15% no nos pareció buena idea a ninguno. Pero bueno, un ratito a pie y otro caminando, coronamos la tan ansiada cima, donde iniciamos un rápido descenso hacia Laruns.

Aquí cogemos el cruce que nos llevará hacia España, pero claro, si mis cálculos no me fallan los Pirineos están de por medio y es necesario subir otro puerto. Le toca el turno al Portalet. Si la Marie Blanque es el más duro, éste es el de la reválida, pues sus 30 kilómetros de subida, el calor que hace y los 120 kilómetros que llevamos pueden pasar factura.

Pasando Les Eaux Chaudes (conocido balneario) había quedado con Liti y el Moro para sacarme unas fotos y para recoger mi avituallamiento particular (nada ilegal ¿eh?), pero yo ya no estaba para fotos y tras dos minutos de escueta charla prosigo mi lento pedaleo en pos de la cima.

La primera parte de este puerto discurre entre árboles, lo que hace más llevadero el calor, pero los últimos 10-12 kilómetros el arbolado desaparece para dar paso a extensísimas praderas de montaña, donde el sol pega de plano, llegando el termómetro a marcar los 45º C. En los varios avituallamientos que hay en la subida nos recuerdan continuamente que comamos y sobre todo bebamos, pues se estaban dando los primeros casos de deshidratación (luego en meta me enteraría que se produjeron 700 abandonos y que a cincuenta les tuvieron que meter suero para recuperarse de la insolación).

¡Hostias! Si eso que se ve ahí parece que es la cima. No puede ser. Pues sí. La cima del Portalet (1.795) parece una etapa del Tour. Hay mogollón de gente viendo el paso de los ciclistas y animan a todos a tope. Por un momento me siento bien, pero esa sensación dura el tiempo que tardo en empezar a bajar, o sea, nada. Desde aquí me quedan unos 50 kilómetros hasta Sabiñánigo y lo que será el último puerto del día, la Hoz de Jaca, una tachuela de dos kilómetros, pero ¡al 10 y al 11%! Bueno, pensé yo, no es para tanto. Un poco antes de llegar a Biescas (cuna de Escartín), se gira a la izquierda y tras un breve paseo por la orilla de un embalse, se ataca la subida, dando paso al cuarto hora mas perro que he pasado sobre un sillín, pues los 180 kilómetros que llevábamos en las patas no perdonaron; eso sí, descolgué a mis cuatro acompañantes, que también tenían que estar "disfrutando" del momento casi tanto como yo.

Una vez en la carretera general de Biescas y cómodamente instalado en un numeroso grupo que nos dio caza, sólo nos quede cumplimentar como buenamente se pueda los veinte kilómetros que nos separan de la meta, donde arribo ocho horas después de haber salido y con una pequeña sonrisa en los labios por haberme "graduado". Ahora sólo pienso en ducharme, en comer y en las cervezas que me voy a tomar esta noche en Jaca (es sábado) con Liti, el Moro y Miguel.


Alejandro Torre (Jandro)

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Alejandro Torre

Miembro honorario del AER (si es que hay algo "honorable" en ello) que se caracteriza por una incompresible pasión por ese potro de tortura con ruedas llamado bicicleta. Su carácter masoquista lo podéis comprobar cualquier día en cualquier carretera en la que el desnivel sea considerable. Ramales y Ampuero son otros lugares donde suele "entrenar", con un ímpetu aún mayor que en la carretera. Por cierto, es alérgico a las diapositivas sobre Pakistán.


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