Cuadernos del Valle del Asón
Nº 3 Abril 2000 - Página 35-38
Lunes 14 de abril de 2003, por Manuel Ramón González Morales
El pasado día 1 de junio de 1999 dieron comienzo los trabajos de la cuarta campaña consecutiva de excavaciones arqueológicas en la Cueva del Mirón, en Ramales de la Victoria. Cuatro años que significan la consolidación de un proyecto investigador gestado en 1995 por sus directores Lawrance G. Straus, del Departamento de Antropología de la Universidad de Nuevo México, y Manuel González Morales, catedrático de Prehistoria de la Universidad de Cantabria, con el objetivo de profundizar en el conocimiento de diversos aspectos de la Prehistoria a través de este importante yacimiento situado en el Valle del Asón, muy próxima a las cuevas con pinturas rupestres de Covalanas y La Haza.
La elección de esta cueva para el desarrollo de la investigación se produjo tras sopesar una serie de factores, como su amplitud, localización y las referencias antiguas sobre hallazgos realizados allí a principios de siglo por el padre Lorenzo Sierra. A pesar de que diversos informes más recientes aseguraban que la cueva se encontraba completamente revuelta, los primeros sondeos realizados en 1996 en una zona minuciosamente seleccionada mostraron una secuencia de ocupaciones humanas muy bien conservada en el vestíbulo de la cueva, que había estado en uso como corral hasta ese momento. La sorpresa de los investigadores fue comprobar que toda la parte superior del depósito estaba integrada por restos de cabañas y acampadas que iban desde los inicios de la Edad de Bronce hasta los momentos más antiguos del Neolítico regional (entre 3.500 y 5.700 años atrás), una etapa de la que apenas se han conservado estructuras de este tipo en todo el Cantábrico. Su excavación está permitiendo conocer por primera vez las actividades cotidianas de cocina, preparación de alimentos y organización del espacio doméstico de los primeros ganaderos y agricultores de la región, la composición de su cabaña ganadera o los distintos tipos de granos y otros vegetales cultivados y los momentos sucesivos de introducción de cada uno de ellos en la zona.
Por debajo de estos depósitos, la secuencia de capas de ocupación humana continuaba casi sin interrupción a lo largo de los fines del Paleolítico Superior, sucesión que se reproducía, pero con una mayor riqueza en hallazgos, en un segundo sondeo abierto al fondo del vestíbulo; en ambos se alcanzaron estratos que el carbono 14 ha permitido situar unos 16.000 años atrás. Pero ese no era el final, ya que la prospección geofísica con radar llevada a cabo por un equipo de la Universidad Politécnica de Barcelona a principios de 1997 señaló que los depósitos de la cueva tenían un espesor de casi diez metros, mientras que el sondeo más profundo efectuado no alcanzaba los tres: apenas se estaba rascando la superficie de lo que puede ser una secuencia excepcional. Una confirmación parcial de este hecho se tuvo en la campaña de 1998, donde la continuación del sondeo del fondo del vestíbulo puso al descubierto niveles del período solutrense, con fechas de 19.000 años. Y no son fechas aisladas: los estratos del Mirón cuentan en la actualidad con más de cuarenta dataciones de Carbono 14, la serie más completa y continua para un solo yacimiento que hay en toda la Región Cantábrica.
Otras sorpresas fueron el hallazgo de grabados rupestres en varios puntos del vestíbulo, desconocidos hasta entonces, incluyendo un bloque con líneas grabadas recubierto por estratos de ocupación humana que permiten fechar muy aproximadamente el momento de su realización, un hecho ciertamente excepcional, o la recogida de tres dientes humanos en los niveles magdalenienses, que permitirán obtener información sobre las características y costumbres alimenticias de estos primitivos ramaliegos.
El equipo de excavaciones de la Cueva del Mirón trabaja en Ramales durante dos meses cada año, dedicando el primer mes y medio a tareas de excavación propiamente dicha y a trabajo de laboratorio, y la última quincena se reserva exclusivamente para esta última tarea; ello permite completar las clasificaciones, limpieza, consolidación y empaquetado de los materiales arqueológicos para continuar su estudio y análisis a lo largo de todo el año. Por término medio, el grupo de trabajo es de unas 22 personas, divididas en equipos que se encargan de la excavación en la cueva, del trabajo de laboratorio y del procesamiento de datos y tratamiento informático de los mismos. Para ello se cuenta con la colaboración del Ayuntamiento de Ramales, que desde el comienzo se ha volcado en apoyo de los trabajos proporcionando locales de laboratorio y almacenamiento, y del colegio público "Príncipe de Asturias", que alberga los equipos informáticos en el aula que tienen instalada a ese efecto. Los excavadores de la cueva inician su jornada a las ocho de la mañana, en que suben al yacimiento hasta pasadas las cinco de la tarde, hora en que se comienza a recoger para bajar al laboratorio el material recuperado en el día: una tarea penosa, porque supone acarrear todo el sedimento recogido para someterlo a procesos de flotación y lavado. Las pausas del café y la comida son las únicas que alteran la rutina diaria del grupo de diez personas que por término medio trabajan en la cueva cada día, equipos que se turnan semanalmente.
Todos los restos identificados en el yacimiento durante la excavación se sitúan mediante un equipo topográfico que almacena su posición y que posteriormente permite conocer la distribución de todos ellos en la cueva. Recoger todos los datos de la manera más precisa es una de las constantes del trabajo allí.
En el laboratorio, la jornada se inicia a las diez de la mañana, con la puesta en marcha de los aparatos de flotación y lavado. La flotación permite recuperar los restos orgánicos quemados, un proceso esencial para conocer los tipos de vegetales que consumían los habitantes prehistóricos del lugar, así como muchos tipos de minúsculos caracoles de tierra, importantes para conocer el clima da cada momento. Tras un proceso de secado del sedimento, éste se tamiza en mallas de dos y cuatro milímetros de luz, para separar dos fracciones de residuo que se escogen a mano en el laboratorio para seleccionar cualquier minúsculo resto de sílex o hueso de ratón: todo es importante para conocer el pasado. También se lavan los restos que han sido recogidos de manera individual en la cueva, conservando siempre junto a ellos su etiqueta de referencia. Materiales delicados, como algunos huesos o los restos de ocre, son tratados por una restauradora, que se encarga también de subir a la cueva a tratar en el sitio y extraer restos especialmente delicados o en mal estado de conservación. Cada día, la jornada se cierra a las ocho de la tarde, cuando se ha controlado y revisado el material y las hojas de referencia que vienen de la cueva, y se lavan las piezas individuales. Quienes aún no descansan a esa hora son los encargados de la topografía y la informática, que tienen que procesar la información diaria para evitar errores o pérdidas, tarea que se suele prolongar hasta la hora de la cena a las diez de la noche.

El equipo vive en Ramales durante la excavación, lo que permite una buena interrelación entre todos sus integrantes. Algunas personas -aparte de los directores- están allí los dos meses que duran los trabajos, y son en general quienes asumen responsabilidades concretas y aseguran la continuidad en los procedimientos de trabajo, muy detallados y que requieren gran atención. Otros participan por períodos más cortos, entre un mes y una quincena, plazo este mínimo para que los estudiantes puedan trabajar una semana en la cueva y otra en el laboratorio y conozcan así el proceso completo.
Por Ramales han pasado norteamericanos, canadienses, ingleses, escoceses, franceses o portugueses, junto al resto del equipo, integrado por licenciados o estudiantes españoles de diversas universidades. También han trabajado en El Mirón arqueólogos y profesores de universidades hispanoamericanas (Nicaragua, Argentina, México, Cuba), como parte de programas de intercambio académico y de formación. Estas colaboraciones posibilitan, además, intercambios de experiencias a través de charlas y seminarios para los participantes en la excavación, completando así su labor formativa, o para el público de Ramales.
Aparte de este grupo regular de trabajo, diversos expertos abandonan sus laboratorios para venir a tomar muestras realizar observaciones en la cueva y su entorno con objeto de perfilar sus investigaciones. En la campaña de 1998, los paleontólogos que estudian los restos de animales de diversos tipos, o de vegetales procedentes de la cueva se reunieron en Ramales para poner en común sus estrategias de trabajo; otros han acudido a recoger muestras de polen fósil, sedimentos o suelos, en un trabajo de equipo que incluye laboratorios de Francia, estados Unidos, Israel o España. Los geógrafos de la Universidad de Cantabria, Enrique Serrano y Juan Carlos García Codrón, están desarrollando el estudio geomorfológico de la zona del Asón, la evolución de su valle y sus cavernas, y otros especialistas de la universidad cántabra atienden al análisis de las cerámicas o de las materias primas líticas o las huellas de uso en instrumentos de sílex.
Un punto que no conviene olvidar es que la excavación de la Cueva del Mirón viene recibiendo visitas de numerosos especialistas en Prehistoria que acuden a Ramales para interesarse por los trabajos y los materiales obtenidos: a la ya habitual visita en Julio de los colegas del yacimiento de Atapuerca, algunos de los cuales también colaboran en diversos análisis de los materiales del Mirón hay que sumar cada año la de otros amigos o simplemente curiosos que desean conocer el detalle de una excavación. En Julio de 2000, un curso de verano de la Universidad de Cantabria incluirá una visita de sus alumnos a Ramales, para conocer en directo el desarrollo de los trabajos y los problemas de su gestión.
Uno de los proyectos de investigación que se han generado a partir de las excavaciones de la Cueva del Mirón nos recuerda al principio de Parque Jurásico, si bien con modestos salmones el lugar de espectaculares dinosaurios. Se trata de intentar determinar la presencia, y en caso positivo extraer ADN de restos de salmones fósiles encontrados en la cueva -algunos de los cuales se remontan a más de 18.000 años- con la finalidad de compararlo con el de ejemplares del río Asón y conocer así la mayor o menor distancia genética que existe entre ellos. Este trabajo permitiría saber, por ejemplo, si los salmones actuales provienen de poblaciones ancestrales de la región o son producto de repoblaciones posteriores, a la vez que nos ayudaría a conocer mejor la historia evolutiva de esa especie, algo fundamental para hacer frente a la amenaza de extinción que sufren en la actualidad nuestros ríos. Este trabajo, que se desarrolla por iniciativa de un equipo de biólogos del Centro Ictiológico de Arredondo (Carlos García de Leániz, Sofía Consuegra y Ángel Serdio) en colaboración con la Universidad de Cantabria (con la doctora Rosa Calvet), es de extrema dificultad por el deterioro del ADN ancestral y lo complejo de los análisis implicados, y está siendo subvencionado por la Consejería de Agricultura, Ganadería y Pesca del Gobierno de Cantabria.
Otra investigación que ha salido de las amplias posibilidades de la Cueva del Mirón es la de conocer usos de las cuevas en épocas históricas más recientes. Tras excavar una ocupación medieval en la galería interior de la cueva, se han datado muestras de los trazos carbonosos en las paredes de la entrada de la Cueva de Covalanas, conocida por sus pinturas paleolíticas: esos restos de tizones y antorchas corresponden a un intervalo que cubre buena parte de la Baja Edad Media, coincidiendo en el tiempo con la ocupación detectada en El Mirón y con la ocultación de un conjunto de monedas en la vecina Cueva de Ambascovas. Se confirma así, una vez más, que ese tipo de trazos en las cuevas de la región se realizaron sobre todo a lo largo de la época medieval, coincidiendo con períodos de inseguridad, cuando las cuevas sirvieron de refugio o de lugar de ocultación de los modestos bienes de los habitantes de las aldeas vecinas. Ahora sabemos también con seguridad -por si hubiera dudas- que las hermosas pinturas de ciervas de Covalanas datan de un período más remoto: algunas formaciones de estalagmita que las recubren se formaron hace unos 2.800 años, en un período relativamente húmedo, según las fechaciones por el método de series de uranio realizadas por el experto norteamericano James Bischoff.
Y si se trata de hablar de financiación, hay que decir que el Proyecto Mirón ha logrado fondos de algunas de las instituciones nacionales e internacionales más prestigiosas en cuanto a investigación científica se refiere. Por parte española, el soporte principal del mismo ha sido la Fundación Botín, que desde la primera campaña ha corrido con buena parte de los gastos de excavación propiamente dichos del equipo español; la Dirección General de Enseñanza Superior del Ministerio de Educación y Cultura subvenciona un proyecto derivado que se centra en la evolución del paisaje en el Cuaternario de la zona y aspectos ligados a las materias primas. Por parte norteamericana, la Leakey Foundation y la National Geographic Society han financiado parte de las campañas realizadas hasta ahora, y a partir de 1999 es la National Science Foundation, la principal institución pública de financiación de la investigación de Estados Unidos, la que sostiene el proyecto, en una convocatoria en la que tan sólo 19 de los 75 proyectos presentados obtuvieron fondos. Empresas como ICI Investigaciones Cibernéticas, de Madrid, o Caja Cantabria, aportan equipo o cantidades menores para otro proyecto innovador de imagen digital aplicada a la arqueología que se desarrolla también en la excavación. Esta diversificación de fuentes de financiación, junto la continua ayuda del Ayuntamiento y el Colegio Público de Ramales, es la que ha permitido llevar adelante estos trabajos y asegurar su continuidad, al menos para los dos próximos años. Aparte de estos apoyos, los miembros de la A.E.R. nos han prestado siempre sus conocimientos y apoyo, y organizado las charlas públicas o visitas -días de puertas abiertas- a la cueva.
A diferencia de lo ocurrido los cuatro años pasados -en que ningún responsable de la Consejería de Cultura del Gobierno de Cantabria se dignó a contestar a las peticiones de financiación, y tampoco a las invitaciones a visitar el yacimiento- el pasado mes de diciembre D. Jose Antonio Cagigas, Consejero de Cultura, visitó la cueva con parte del equipo de gobierno del Ayuntamiento de Ramales, y mostró su interés por el desarrollo de la investigación, con la promesa de normalizar la relación con la Consejería a este respecto. Igualmente, estamos ante las previsiones de conseguir, a través del programa PRODER, la dotación de infraestructura y elaboración de contenidos de exposición que permitan rentabilizar socialmente estos trabajos, haciendo visitable, con las normales restricciones, la cueva durante el desarrollo de la campaña y creando una exposición en Ramales que sirva también como apoyo a los intereses turísticos de la zona.