
- Casa donde nació Juan López Campillo
López Campillo nació en el valle de Liendo, el día 18 de septiembre del año 1785. Más conocido como Campillo, estaba empleado en el Resguardo de Rentas en Santander cuando estalló la guerra de la independencia. Tenía entonces 26 años y estaba soltero; se alistó en el batallón cántabro que mandaba el capitán Velarde. Cuando este batallón fue derrotado en el Escudo, Campillo se fue a su pueblo, Liendo, donde formó una partida de guerrilleros, dando mucho que padecer al ejército de Napoleón.
Creó el escuadrón de caballería con 100 hombres, con el nombre de "Húsares de Cantabria", y un regimiento que estuvo mandando denominado "Segundo de Tiradores de Cantabria". Desde entonces su vida fue un perpetuo luchar contra los franceses; en la acción de Santo Domingo de la Calzada, siendo ya cabo primero, mató a diez franceses, por lo que fue recompensado, ascendiendo pocos días después a sargento. El 8 de agosto quedó prisionera toda la guarnición francesa en el glorioso hecho de armas en Haro.
El 14 de noviembre siendo ya subteniente tomó parte en la acción de Tudela de Navarra, perdió su caballo y recuperó el del general francés. Como comandante de la partida patriótica que organizó en Liendo con sus antiguos convecinos y amigos, no dio reposo a los franceses, dando como resultado las 72 acciones, contando sólo aquellas en que obró como jefe de las fuerzas españolas, causándoles a los franceses 969 muertos, 1836 heridos y 174 prisioneros, sufriendo la baja de 13 muertos, 380 heridos y 19 prisioneros.
Fueron los pueblos de Liendo, Castro, la Aparecida, Laredo, Ruesga, Soba, Trasmiera, Ramales, entre otros, los teatros de sus hazañas.
Intervino en las batallas de Ramales, Laredo, Bustablao, Soba, San Roque, Limpias, Sierra de la Vida en Liendo. En las bóvedas de la iglesia del Valle de Liendo tenía su almacén de municiones; en Marrón y la Aparecida sus lugares de descanso, donde preparaba a sus soldados para nuevas hazañas, y en Hoz de Marrón y Valle de Soba su cuartel general, donde sirvieron estos sitios como depósitos principales de municiones. En Liendo, además de las bóvedas del pórtico de la iglesia, tenía armas también debajo del tillado del coro y en las sepulturas, llegando en ocasiones los franceses a dormir sobre los fusiles que estaban destinados a matarlos, porque cuando llegaban al valle se alojaban en la iglesia.
En Liendo en cierta ocasión quisieron cercarle los imperiales, pero él comenzó a batirles y les derrotó. Luego hizo frente a los que venían de Bilbao, obligándoles a meterse en Laredo. Los de Colindres, al saber lo ocurrido, se retiraron a Laredo, pidiendo refuerzos a Santoña, que les mandaron seis lanchas cargadas de gente, que al enterarse de las derrotas de sus compañeros regresaron a Santoña.
Campillo tuvo herido en un muslo al capitán de la primera compañía, un tal Cosío. Al amanecer de un día decidieron ir a la Vila de Limpias con una compañía; le acompañaban sus hermanos Francisco y José, también dedicado a las armas. Al llegar a Limpias le comunican que una columna francesa va en dirección del valle de Liendo. Les salió al encuentro alcanzándolos en la Sierra de la Vida (Liendo), donde mató una gran parte y el resto fueron hechos prisioneros con su jefe, en el sitio denominado el Montecillo, desde entonces célebre sitio. Éste y otros hechos se sucedieron en el Monte Candina de Liendo.
A las órdenes de Campillo estaba D. Hilario García de la Huerta. Con 30 hombres, en una acción que este famoso guerrillero dio a los franceses en Ayuela, obligándoles a retirarse a Torrelavega, García de la Huerta avanzó poseído de un valor temerario provocándoles a combatir sin poder lograrlo, hasta que Campillo le dio orden de retirarse.
Había otro guerrillero natural del Valle de Iguña, D. Lorenzo Herrero que no cedía en bravura a ninguno de sus compañeros. Muy alto, de gran valor, muy andarín y sufrido como nadie, dotado de gran fuerza, ganando en varias ocasiones a un oso sin más armas que sus brazos robustos. Un día, estando en Torrelavega, dictó la orden del día a sus guerrilleros: "¡Muchachos a Tragaldar (comer) a Reinosa y al jiso (de comer) a Pozazal!", para lo que tenían que andar 48 kilómetros para ir a Reinosa y 45 a Pozazal. Por sus servicios se vio ascendido a comandante del tercer batallón de Tiradores de Cantabria. Un día de junio en Cabezón de la Sal en combinación con su jefe Campillo atacaron con 1.000 soldados y 30 caballos a 1.500 enemigos que fueron rechazados antes de que pudieran cobrar los productos que exigían por la sal, haciéndoles 4 muertos y 9 heridos; los guerrilleros sólo tuvieron 6 heridos.
Por su inteligencia y patriotismo ocupó un distinguido puesto entre nuestros guerrilleros. Los franceses les llamaban bandidos, pero el pueblo le consideraba como un héroe, cantándole las siguientes coplas: "Llevan las montañesas en el justillo un letrero que dice: ¡Viva Campillo!" Otra: "Campillo para su gente tiene cara de enfadado, pero, para las mozuelas el piquito resalado".
En 1812 en el mes de julio desembarcó en Santander mandando un regimiento apoyado por la escuadra inglesa para arrojar a los franceses que ocupaban la capital; en 1814 batió a los enemigos que ocupaban los fuertes de Santoña. Después de 1814 al terminar la guerra era Campillo coronel; más tarde fue ascendido a brigadier y mariscal de campo en 1818 y desde entonces se dedicó a perseguir a las partidas de realistas que llenaban el país.
Era de ideas liberales, amigo de Porlier, apodado el Marquesito, que tanta importancia tenía en la provincia. Cuando entraron en España a imponer un régimen absolutista los 100.000 hijos de San Luis, en 1823, Campillo al mando de una columna de cántabros y vascos los persiguió por las Asturias de Santillana y más allá.
Al caer, a partir de esa fecha el régimen liberal huyó a Francia para así poder eludir la persecución de Fernando VII y allí murió joven en 1832 el día 2 de noviembre, condenado en rebeldía, y refugiado en Francia, el país contra cuyos soldados había arriesgado su vida durante tantos años, tierra que tan odiosa le fue siempre.
Campillo que se había casado con Doña Mariquita de las Llamas, natural de Somorrostro, a quien se le entregó la casaca de uniforme de coronel y el sombrero de tres picos, tuvo un hijo que llegó a ser brigadier de nuestro ejército.
La figura de Campillo fue una de las primeras figuras de nuestra patria y de tantos otros defensores de la independencia de España. Curioso destino de un guerrillero antifrancés, tener que acogerse al asilo de sus primitivos enemigos. Cómo terminó la vida de un gran cántabro.
El ayuntamiento de Santander le dedicó una calle en el grupo de Velarde "Calle de López Campillo".