AER

Cuadernos del Valle del Asón

Jodidos Pirineos

Nº 2 Junio 1999 - Página 9-12

Lunes 28 de abril de 2003, por Pedro Merino Múgica (Fecha de redacción anterior: junio de 1999).

Aburridos ya de encuevarnos cada fin de semana, Gelo y yo decidimos hacer el petate y marchar unos días al Pirineo. Así que el día 6 de julio salimos hacia el Pirineo Oscense con una considerable resaca (debida al concierto de los PDJ). Para las 11:30 estamos ya en el refugio de Lizara, punto de partida de nuestra excursión.

Picamos algo allí mismo y cogemos las mochilas, que en casa parecían bastante más ligeras. Salimos desde el mismo refugio (1.500 mts.), remontando una ladera herbosa que hay detrás de él. Un rato después entramos en un valle por el que baja un rumoroso arroyuelo, y cogemos una pedregosa senda que sube por su izquierda. Llegamos un rato después a la Plana Mistresa (2.000 mts.), amplia cubeta colmatada donde encontramos unos 8 millones de tiendas de campaña. Pasando ampliamente de socializarnos, giramos hacia el Este hasta llegar al Circo de Olibón (2.100), impresionante circo glaciar en cuyas paredes se aprecian perfectamente los estratos plegados y torturados.

Hacia el norte se abre el Valle de los Sarrios por el que continuamos, y en el que encontramos un ibón que ocupa casi toda su anchura. La niebla comienza a hacer acto de presencia, impidiéndonos ver el ibón de Estanés, al que nos dirigimos, así como el Midi d’Ossau, el Acue... llegamos por fin al Ibón de Estanés (1.770), en cuya otra orilla está ya La France. Aquí, y para no perder las rancias tradiciones del club, nos embarcamos (por culpa de la niebla, eh, no nuestra) y acabamos en "casa dios".

De todas formas así conocemos el ibón de Orua (1.850 mts.) y pasamos por debajo de la cara N del Puntal del Secús, un tapión que no tiene nada que envidiar al Naranjo de Bulnes.
Después de "desliar el lío" llegamos al valle colgado de Aguas Tuertas, marcadamente glaciar. Tiene unos 2 km. de largo por 350 metros de ancho, y es tan liso que el Río Aragón Subordán describe un trazado enormemente meandriforme.

Tras él llegamos al valle de Guarrinza. Para entonces empiezo a estar literalmente hasta los pies de caminar, y al llegar a un refugio cerrado (1.230 mts.) decidimos parar. Presento una moción para echar la puerta abajo y dormir dentro, que es rápidamente desestimada por el comisario político Angelovitch, por lo que extendemos los sacos en el "porche" (nombre un tanto pretencioso para cuatro tablas carcomidas y astilladas).

Desde donde estamos podemos ver las dos laderas del valle: la norte, completamente pelada, mientras que la sur está tapizada de una espesísima vegetación, principalmente hayas.

El Chipeta Alto

Tras una noche de sueño poco reparador comenzamos la segunda jornada. Ángel me informa del recorrido previsto, tras lo que comienzo- es costumbre -a quejarme. Pero como nadie me va a llevar la mochila, suspiro, juro, y voy detrás del jefe. Nos dirigimos hacia el collado de Petraficha (1.950), con sus característicos conglomerados rojizos. Éste es uno de los pasos más frecuentados entre los valles de Ansó y Echo. De aquí, en una media hora llegamos a la cima del Chipeta Alto (2.189 mts.), desde el que hay unas magníficas vistas, tales como el bocadillo de chorizo, el queso curado y las barritas energéticas (si me las pusieran en casa para comer, montaría una pirula del cuatro, pero aquí saben a gloria). También hay unas magníficas vistas de la Selva de Oza y sobre la zona francesa de los Pirineos.

Tras alimentar el cuerpo y el espíritu (el que lo tenga), descendemos por la suave ladera SO hasta una zona con depresiones kársticas (putas simas), donde andamos de aquí para allá hasta llegar al collado Estribiella (2.000 mts.), paso natural entre Zuriza y Oza. Desde el collado baja con una pendiente considerable, el valle de Estribiella, "cortado" en su mitad por un resalte rocoso que hay que destrepar (hay clavijas para ayudarse). Abundan aquí los sarrios (Capra pyrenaica pyrenaica, por si hay alguno de Ciencias), que huyen despavoridos ante nuestros efluvios corporales.

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El Valle de Otal
Autor: © AER

Higiene satánica

En un alarde de cretinismo total y absoluto, mezclado con un sentido de la higiene poco común en nosotros, decidimos bañarnos en el arroyo cristalino que nos acompaña. Cristalino, porque es como meterse en una bañera llena de vidrios. Tras 4 ó 5 paradas cardíacas provocadas por el frío, seguimos hacia el valle, internándonos ya entre las hayas de Oza (1.140 mts.). Aquí volvemos a encontrar algún atisbo de civilización, como cervezas frías y patatas fritas. También unos 300 domingueros ("¡Vanesaaa, que vengas aquí te he dicho, o sea!") y un campamento de "boy-scouts", mormones, Juventudes Sabinianas o algo por el estilo. Preparamos una cena tan apetitosa como la anterior (es decir, poco), y aprovechamos las dos horas de luz que nos quedan para leer (nada culto, por supuesto). Finalmente nos deseamos dulces sueños ("Así te la pique un pollo") y al catre.

Amanece un nuevo día que saludamos con renovadas energías ("¡Pasa de mí, Gelo, que me he muerto!") y emprendemos el camino hacia el Castillo de Acher (2.390 mts.). Es este un curioso monte, ya que su cima es...un valle. Es lo que se llama un "sinclinal colgado": los dos montes más altos que había a su lado han sido erosionados, quedando la "V". Es una vista impresionante, casi tanto como las piernas de la montañera que encontramos en un refugio más arriba. A nuestras espaldas queda, iluminado por los primeros rayos de sol, el collado y el valle de Estribiella, por donde bajamos ayer. No es una visión muy reconfortante, ya que me recuerda que hoy he de subir otro tanto.

Después de un par de horas de subida entre hayas, seguimos por el pelado Barranco Borreguil de Acher, cuyo nombre, a pesar de lo que se pueda pensar, no hace referencia a nosotros, sino al ganado que lo frecuenta. Cerca de la cabecera del valle, y al Sur, nos encontramos con el collado de Secús o Taxera, del que nos separa una cuesta infernal (en la parte superior es más trepada-escalada que otra cosa). Y una vez arriba, siguiendo la ley de la gravedad esa, otra vez para abajo, hasta el llamado Rincón de Secús. Los pies comienzan a resentirse, y las rozaduras hacen acto de presencia. De mutuo acuerdo pasamos de ascender el Bisaurín (otro año), y nos encaminamos al collado de Lo Foratón (2.032 mts.), desde el que podemos ver ya el Refugio de Lizara...y el coche. Cuarenta minutos después estamos abajo. El termómetro marca 32ºC, y nos parece fresco. No quiero ni pensar a la temperatura a la que hemos estado por arriba.

Tras bañarnos en un río con aguas más "calientes" que el anterior, nos dirigimos a Linza (valle de Ansó), con idea de ascender al día siguiente la Mesa de los Tres Reyes. Afortunadamente amanece lluvioso y nos dedicamos a mojarnos en el hayedo de Gamueta, tras lo que decidimos en asamblea y por unanimidad (como si mi opinión importara, teniendo en cuenta que el coche es de Gelo) volvernos al pueblo. Tanto deporte y tanta comunión mística con la naturaleza esa dan una sed considerable. Espero que tras las fiestas haya quedado algo de cerveza en Ramales.

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El Valle de Otal
Autor: © AER

El Retonno

Evidentemente, hombres recios y viriles como nosotros no podíamos dejar sin limpiar esa mancha que supuso el no subir a la Mesa de los Tres Reyes. Así que volvemos a la carga. ¿Cuándo? ¿Quizás en septiembre, cuando las temperaturas suaves invitan a caminar y descubrir las bellezas de la naturaleza? ¿O quizás en noviembre, cuando la llegada de un alegre frente siberiano hace que las temperaturas bajen a menos de 4ºC bajo cero por las noches?
Lógicamente, la segunda opción es la correcta. Así pues, el viernes 6 salimos de Ramales un tanto moscas por las bajas temperaturas. "¡Bah! Ya subirán". Sí...en junio. A eso de la 01:00 decidimos aparcar al lado de la carretera y plantar la tienda (en un tiempo record, a lo que contribuyó el "calor" que hacía). Aunque el despertador suena a las 06:00 ninguno de los dos está consciente para oírlo (lamentable). Así que hasta eso de las 08:00 o así no asoma la jeta fuera del saco ni el tato. Después de desayunar en un bareto en el que había una convención de skin-nazis, paramilitares sudamericanos, escopeteros o alguna otra aberración de la naturaleza, nos encaminamos resignados hacia el Refugio de Linza (1.320 mts.), desde donde comienza el pateo. Al llegar allí miramos el termómetro: 0ºC. Bien. Ni frío ni calor. Nos dirigimos por un sendero bastante marcado hasta el Collado de Linza (1.900 mts.), por una zona de lomas peladas en las que lo único crece es hierba rala. Tras el collado vemos la gran depresión de Hoya la Solana, donde tenemos la suerte de poder observar la carrera de dos sarrios que no se han percatado de nuestra presencia. Estos bichos pueden desarrollar unas enormes velocidades (iban tan rápido que en un principio pensamos que el de atrás era un depredador). Al llegar a nuestra altura nos ven, y se van con igual celeridad.

A partir de aquí comenzamos a ver otro tipo de bichos (montañeros varios), y la excursión comienza a parecerse a un paseo por la Gran Vía. En el último tramo la nieve y las piedras sueltas hacen que tengas que prestar atención, pero por lo demás no tiene mayor complicación. En la cumbre (2.421 mts.) hace un viento glaciar (estamos a bajo cero), y hay que sacar forros, chaquetas y toda la parafernalia de montañero pijo. Desde aquí vemos tierras de Navarra, Huesca y Francia (la cima de la Mesa hace de frontera entre los tres territorios). A lo lejos destaca el Midi d’Osseau.

Después de papear, y teniendo en cuenta que la perspectiva de emborracharnos y tener que soportarnos mutuamente no nos atrae demasiado, decidimos subir a La Pakiza de Linzola. Es una cima poco frecuentada (aunque de muy fácil acceso: sólo hay que poner un pie delante de otro hasta cinco pasos antes de morirte de asco), con unas magníficas vistas sobre el Valle de Belagua. Seguimos cresteando hasta el Collado de Aztaparreta, tapizado por un joven hayedo. Llegamos al coche. Ahora ¿adonde? Veamos: sábado, tarde-noche... AL BAR (el más cercano es el de Isaba).

Pero nuestro capital es bastante reducido. Descartada la opción de vender nuestros cuerpos (ante la falta de demanda, no por problemas morales), optamos por la siguiente ecuación: dos birras=dos horas ocupando mesa (por la jeta que pone la dueña del bar, no debe saber mucho de ecuaciones).
Finalmente nos decidimos a hacer la cena por ahí. Vamos en coche hasta mitad del Puerto de Belagua. Metemos sobres de "cosas" en un cazo de agua hirviendo y volvemos al coche a toda hostia. Cada cinco minutos sale uno de los dos a ver si ya está la manduca, pero con el frío que hace hasta al agua le cuesta hervir. Después de deglutir el rancho, plantamos la tienda en un bosquecillo (para evitar en lo posible la helada...y a la Guardia Civil). Buenas noches.

El Pic d’Anie

Nos levantamos a las 07:00, cargamos agua en las cantimploras en una fuente donde hay un pequeño letrero (de un metro más o menos) en el que pone AGUA NO POTABLE, y subimos en coche hasta el Refugio Belagua del C.D. Navarro. Para ir al Pic d’Anie (nuestro nuevo objetivo) hay dos opciones: por el fondo del valle o por una zona de sierra hasta las estribaciones mismas del Pico. Ambos caminos parecen claros de seguir en el mapa. Como era de esperar no cogemos ni uno ni otro. Me encantaría describiros el recorrido, daros nombres, cotas, etc... pero aún hoy día no tenemos ni la más mínima idea de por donde fuimos. La cosa es que tras cinco horas de subir y bajar, con zonas de lapiaz más o menos malas nos encontramos...en medio de la nada. Apenas hemos llegado al pie de las primeras ramponas del Anie. Haciendo un rápido cálculo vemos que no nos da tiempo (anochece muy pronto), y nos retiramos. Salimos a la carretera un par de horas después, unos seis kilómetros más arriba de donde hemos dejado el coche. Así que de postre...a patear asfalto (comodísimo, por cierto) Tampoco nos iba a salir todo bien.


PIRINEOS

Los Pirineos son un sistema montañoso situado al suroeste de Europa que se extiende desde el golfo de Vizcaya hasta el mar Mediterráneo y separa la península Ibérica del resto de Europa. Se extiende a lo largo de 435 km aproximadamente, abarca unos 55.374 km2 y tiene una anchura máxima de unos 129 kilómetros. Los Pirineos forman una cadena regular y continua que se puede dividir en tres partes: occidental, central y oriental. La zona occidental, desde el golfo de Vizcaya hasta el paso de Somport, se funde con la cordillera Cantábrica del norte de España y es la parte menos elevada de la cadena, (entre 915 y 1.220 m). Los Pirineos centrales se extienden hasta el Col de la Perche y contienen los picos más altos del sistema, como el pico Aneto (3.404 m), la cumbre más elevada de la cadena, el monte Perdido (3.355 m) y el Vignemale (3.298 m). Las cimas de los Pirineos orientales, hasta el Mediterráneo, oscilan entre 2.135 y 2.745 m de altura. Los Pirineos, un sistema más antiguo que los Alpes, se formaron principalmente durante las eras paleozoica y mesozoica, si bien son elevaciones de la orogenia alpina. La mitad oriental está compuesta en su mayoría por granito y gneis, mientras que en la mitad occidental las vertientes inferiores son de piedra caliza y los picos de granito.

1 Mensaje

  • Jodidos Pirineos 20 de agosto de 2006 02:33, por adarne

    - vaya, me parece que Gelo puede prever recorridos aptos para Elfos :)

    - ¡Gracias! ¡por fin los sarrios!!

    - todo un creativo, corcho, nunca se me hubiera ocurrido que 0º fuese una temperatura aristotélica

    Por cierto, estaría bien analizar eso del peso de las sacas; ocurre muy a menudo, sobre todo cuanto más pesan:

    * ¿Fingen en casa como si pesaran poco porque temen que si las sopesamos bien no las "sacaremos?

    * ¿O es que en realidad no les apetece salir y es su fría venganza por los #&@!?

    * ¿Hay alguna teoría física por la que se transfiera masa nuestra a ellas con el tiempo? ¿Por el roce?

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