Cuadernos del Valle del Asón
Nº 5 Julio 2001 - Página 43-46
Sábado 22 de marzo de 2003, por Pedro Merino Múgica

Llega el puente de diciembre y surgen de nuevo los habituales interrogantes: quienes somos, de donde venimos y, sobre todo, a dónde vamos. La respuesta no es muy difícil: sin dinero, ni nenas, ni vida social ni espiritual, la única opción para este grupito tan marginal está clara: cueeeeevas.
Decididos por una vez a salir de nuestro feudo espeleológico del Asón (los Marqueses del Hornijo, parecemos), optamos por bajamos a Andalucía, a Ronda, donde se celebra el 1 Congreso Andaluz de Espeleología. Al final hay deserción masiva, y acabamos bajando allí Cristóbal (el único andaluz con RH-, tras vivir varios años en Llodio; todo lo malo se pega) y yo.
Salimos de Llodio por la mañana, y el viaje transcurre sin incidencias... hasta poco después de Sevilla, donde en un tramo de autovía en obras nos hacen un bocadillo con otros dos coches. El episodio se salda con billones de juramentos y una matrícula sujeta con la cinta de una mochila, amén de la chapa un poco "tocada".
Murmurando entre dientes llegamos a Cañete La Real (Málaga), la patria chica de Cristóbal, donde sus padres tienen a bien asilamos (probablemente porque ignoran mi capacidad de ingestión de alimentos). Es un pueblo de unos 3000 habitantes, en el que se respira un ambiente relajado, tranquilo...y con unas niñas...
Tras dejar los petates vamos a buscar a los cueveros de la comarca, del club Athenea, para preparar las actividades del día siguiente e hidratamos un poco a base de lúpulo. Decidimos ir a un trescientos que hay cerca de Grazalema, la Sima de Pozuelo III.

Al día siguiente nos dirigimos a la Sima de Pozuelo III con gente del Athenea y del G. E. Campillos. La instalación de esta cavidad forma parte de las actividades del Congreso, así que vamos a echar una mano y de paso ver otro agujero pestilente. Pero las lluvias de los últimos días han incrementado muchísimo el caudal del río que por allí se sume, y es imposible entrar siquiera en la sima (donde, debido a su estrechez, en épocas de crecida el agua inunda completamente el último pozo...y es de 40 metros).
Me empiezo a poner nervioso y sugiero ir a cualquier otro lado, pero ya. Por no aguantarme, Cristóbal y Juan deciden intentar hacer Hundidero-Gato, a pesar de lo crecido que hemos visto Gato cuando hemos pasado por allí. En buena hora abrí la bocaza.
Hundidero-Gato es la travesía más famosa del Sur de la Península, siendo en condiciones normales un paseo de poco más de tres horas en el que se combinan zonas acuáticas y galerías semifósiles, sin mayor problema que el equiparse con un neopreno. Y esa era la idea que yo tenía. Claro, que tras un montón de días lloviendo, las condiciones normales brillaban por su ausencia.
El mosqueo comienza cuando al acercarnos observo que en la zona de captación de aguas hay... un pantano. Cojonudo. Sube varios grados el mosqueo cuando leo en un cartelito turístico que el pantano nunca llegó a funcionar bien porque las galerías de Hundidero vaciaban sus aguas. Hostia, hostia, que mal rolloooo, con lo poco que me gusta el agua. ¿Y si vamos al bar?
Esta propuesta es rechazada con sádico regocijo por los otros dos elementos: "Ezo no es ná, hombre". Así que haciendo de tripas corazón vamos para el torco.
Hundidero tiene una gran boca fósil, pero enseguida comienza la zona acuática, con cuerdas fijas que nos dejan en profundas marmitas o largos lagos. Este tramos mantiene el nivel de agua más o menos estable independientemente de la lluvia.
Poco después llegamos a una zona donde el nivel del agua es muy superior al normal, obligándonos a tomar unos pasos superiores utilizando restos de pasarelas metálicas en un estado de colapso total. Esto nos veremos obligados a hacerlo varias veces a lo largo de la travesía, colgándonos de pasamanos de acero de poco más de 3 mm. (uno se rompió al colgarse Juan). Llegamos a la llamada Plaza de Toros, donde aparecen dos cascadas como dos soles. El amigo Juan dice que nunca había visto tanta agua, lo que mosquea; pero me mosquea más cuando se empeña en seguir hacia Gato, cuando yo estoy deseando darme la vuelta. Cogemos la Galería del Aburrimiento, llamada así porque te aburres de andar... generalmente. Nosotros de lo que nos aburrimos es de nadar. Parece que no se acaba nunca la hijaputa. En algunos lugares la fuerza de la corriente es tal que nos vemos obligados a abandonar cuerdas para aseguramos en medio de la corriente. Unas ganas locas de haberme quedado en el pueblo muerto de asco, tú. Finalmente llegamos a Las Dunas, donde la travesía nos lleva por galerías fósiles. Sólo cerca de la salida volvemos a tener que nadar en un par de lagos, y volver a pelearnos con la corriente justo en la surgencia misma. Hacia tiempos que no me alegraba tanto de salir de una cueva...
Tras secarnos y cambiarnos vamos a Ronda, a por las acreditaciones del Congreso y esos rollos. Nos dan una bolsita, un librito, unas pegatinitas, una camisetita, unos folletitos... y nosotros quince mil pesetillas. Este es la única pega del Congreso, caro para lo que ofrece, al menos si lo comparamos con otras jornadas, como las del GEMBO. Pero en fin, nadie es perfecto.
Ronda está tomada por unos extraños seres con forro polar, melenudos, desaseados... Me estremezco pensando que puedan ser frikis (¡bluargh!), pero no, no llevan mallas de colorines, sólo son cueveros. Paseando por allí encontramos a unos cuantos conocidos: el trastornado del Javito, ex-presi de la E.E.E., el camarada Fredo que también se ha bajado de Ramales, Zape, Estíbaliz, Bernard, Sergio...es hora de ir al bar.
Esta noche dormimos en el refugio en obras de Benaoján, propiedad de la F.A.E. Lo de dormir es un decir, al menos en lo que a un servidor, alérgico al polvo, se refiere. Hay unos ácaros tan grandes que incluso pienso en entrenarles para partir carburo. Vuelta y vuelta en el saco, hasta que Blas decide acabar con la tortura... a las 6:20 de la mañana, pegando golpes con una cacerola y gritando: "el pajhá señore, que ze quema el pajhá". Es recibido con diversas invocaciones a su progenitora, pero surte efecto.
El plan de hoy es instalar la Sima del Cacao, en Cádiz, así que para allá nos dirigimos. Hoy nos acompañan otros espeleólogos del Congreso, así que somos unos diez en total. Tras unas cuantas vueltas encontramos la entrada de la Sima, en la que se encuentra un ominoso recuerdo de lo "chungo" que se pone a veces el tema: una placa en memoria de un chaval que se mató aquí.
Equipamos el pozo, de unos 60 metros hasta una ventana en la que hay que hacer un péndulo, y seguimos por unas rampas que llevan hacia la galería inferior. Lamentablemente la cuerda no llega por unos metros, así que nos dedicamos a sacar unas fotos por allí y para afuera. Al salir nos pilla una tormenta de narices (Andalucía, sol y playa... por los coj...), y llegamos hundidos a los coches, o, más exactamente, al bar. De allí marchamos a Ronda, a ver alguna de las ponencias y tomar muchas cervezas.

Este día lo dedicamos a las charlas, las tapitas, las cervezas....Por una vez hacemos turismo de verdad, paseando por Ronda, que es una ciudad preciosa. Vamos a la ponencia de Petzl, más interesante por el morbo de tener a un miembro de esa saga que fabrica aparatos de tortura, que por el contenido de la charla en sí. Nos fumamos también la ponencia de Sergio, sobre exploraciones en Eslovenia (mira que llega a haber taraditos sueltos en este planeta), varios trabajos sobre karst locales, que si bien no son de grandes cavidades sí que son muy minuciosos y con una magnífica presentación de Power Point... Luego vamos a ver una proyección de fotografía en 3D, que nos deja boquiabiertos, y después, al papeo.
Tras unas copas, volvemos a la carga, y más charlas, más birras...en definitiva, un día de lo más relajado, que ya tocaba.
Finalmente nos vamos otra vez a Benaoján, donde nos tiramos hasta las tantas en el bar. Algunos, ya que otros no irán al refugio hasta casi la hora en que nos levantamos los demás.
Al día siguiente Cristóbal emigra a Cañete, y yo me voy a ver La Pileta, cueva con arte rupestre. Allí me encuentro con Javito y sus colegas y con ellos visito la cueva. Increíble la cantidad de pinturas que tiene, algunas de lo más curiosas. Están datadas entre el Gravetiense (25.000-20.000 años) y el Magdaleniense Medio (15.000-10.000).

Después, unos blancos y al Congreso, donde nos encontramos con Alfredo y nos vamos a comer. Más charlas, más paseos por Ronda...y el colofón, la cena del Congreso, con entrega de premios (uno a Ildefonso Felguera, espeleólogo emérito donde los haya, y el único que dice algo sensato). Tengo la suerte de sentarme junto a un montón de inapetentes, y me pongo hasta las manillas, pasando de los consejos de los demás: "Mira que te va a sentar mal"...Pues sí, un empacho de narices: toda la noche con un impresionante dolor de tripas, que no me abandonará hasta el mediodía siguiente, ya a la altura de Madrid (y es que una ciudad como esa tiene que aflojar el vientre a cualquiera).
Tras despedimos de colegas y los padres de Cristóbal, que han tenido una paciencia a prueba de bombas, emprendemos un regreso menos accidentado y más silencioso, ya que con el dolor de tripas no digo ni mú, cosa que Cristóbal agradece seguro, que para oír bobadas ya ponemos la COPE.
Pues eso es lo que dio de sí el Congreso: cuevas, cervezas, tapitas y mucho bla, bla, bla. Y muchas ganas de volver a Málaga, a pesar de que, digan lo que digan tópicos y meteorólogos, aquí llueva más que en Galicia.