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Sábado 3 de septiembre de 2011, para mí un día de trabajo normal rematado con cena espeleológica del AER y colegas varios.
Domingo 4 de septiembre de 2011, 2’25h de la madrugada, suena el móvil insistentemente:
¿Sí? -contesto mecánicamente.
Hola, te llamo del 112...
Si, dimeee.
Tenemos un aviso de un grupo de espeleólogos de Madrid, del grupo GEX que no han salido de la travesía Tonio-Cayuela. Nos llama la compañera de uno de ellos. La tengo en llamada en espera, te la paso.
Vale.
¿Hola? -me dice una voz femenina lejana.
Si dime, ¿donde estáis? -le pregunto.
Estamos en Madrid, pero nos habían dado instrucciones de la hora en que tenían que salir.
¿Cuantos son? ¿A que hora han entrado?.
Si mira, son cuatro, algunos son expertos y otros iniciados. Han estado por la mañana buscando la entrada y les ha costado mucho encontrarla porque no correspondía con la descripción que tenían. A las 15h estaban en la entrada y nos han llamado por teléfono, suponiendo que entraban en la travesía a las 16h.
Bueno, creo que es un poco justo para empezar a preocuparse -le contesto para tranquilizarla.
Nos habían dicho que saldrían a las 12 de la noche, que si a la 1 de la madrugada no estaban fuera que diéramos aviso. Hemos esperado hasta las 2’15 que ya estábamos preocupadas.
Bueno, no os preocupéis, seguramente se habrán perdido en la zona de Cayuela. Nos ponemos en marcha.
Se vuelve a oír la voz de la operadora del 112:
No he localizado a Martín.
Ya, es que está de viaje en Toledo y en un pueblo posiblemente sin cobertura. Yo creo que este grupo todavía está dentro del horario de travesía con retraso posible, pero nos ponemos en marcha ahora.
De acuerdo, hasta luego.
Termino de desperezarme y no comprendo porque me duele la cabeza, ah si, claro, la cena... Llamo a Pedro una, dos, tres veces pero no descuelga. Tampoco me extraña, si de día ya no suele coger el teléfono, a estas horas de la noche menos.
Llamo a Antonio, descuelga tras mucho insistir y le cuento la situación:
Vale, dame diez minutos para preparar los trastos y recógeme en casa -me contesta.
Bien, pasaré a recogerte con la furgoneta
Llamo a Tato, que este descuelga a la primera:
Oeeeeeeh, oeeeee, oeeeeee, tunda, tunda.
¿Tato? -interrogo ante la falta de respuesta.
Uh, ah, la coonga, de jaliscoooo -atronadora música de fondo.
¿TATOOO? -insisto yo, a grito pelado.
SI, ESPERA QUE NO TE OIGO. Vale, ahora te oigo.
Oye, que tenemos un aviso de rescate, un grupo se ha retrasado en Tonio-Cayuela.
Estoy en las fiestas de Valle...
Ya, ya, ya oigo ya.
Dame unos minutos, voy a Ramales a recoger la saca y nos vemos en la plaza.
¿Ya estas en condiciones de conducir?.
Estoy fenomenal.
Vale, vale. He llamado a Antonio y lo recojo en un rato.
Vuelvo a intentar hablar con Pedro, pero sigue sin responder. De todos modos, tampoco hace falta nadie más de momento. Si es como supongo que se han perdido en la zona de siempre con ir dos es suficiente. Recojo los papeles, el portátil, ropa de abrigo, agua y el material, me abraso la lengua con un café y en quince minutos estoy con la furgoneta en la plaza de Ramales.
A los cinco minutos llega Tato con su hermano, con un coche en dirección contraria, cuando suena otra vez mi móvil:
¿Si?.
Hola, te llamo otra vez del 112, es para decir que el grupo ya ha salido.
¿Están todos bien?.
Si, si, están bien, simplemente se han retrasado. Al llegar al coche han llamado a su familia y ellos nos han avisado.
De cuerdo, nos volvemos a la cama.
Son las tres de la madrugada del domingo. Le digo a Tato que vuelva a la fiesta y llamo a Antonio para decirle que ya no le paso a recoger, que se anula el aviso y puede volver a dormir, lo siento por ellos.
Vuelvo a casa y mentalmente hago números, si han entrado a las 16h significa que han tardado casi 11 horas en la travesía, lo cual es una barbaridad. Un horario promedio suele andar sobre las seis horas, ocho si vas haciendo fotos y es un grupo numeroso.
El nombre del grupo que hemos puesto es ficticio, pero los interesados se reconocerán. No estamos aquí para juzgarles, si estaban preparados técnicamente o no, o si tuvieron uno o varios percances, o se despistaron en algún tramo del recorrido. Están todos bien, pues todos a dormir.
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Al día siguiente, mejor dicho el mismo día unas horas más tarde, se impone una reflexión sobre lo sucedido. Es algo que ya hemos comentado entre nosotros varias veces, normalmente con sorna y que generalmente tiene como protagonistas a espeleólogos madrileños. Varias veces, al bajar del monte, a mediodía o a primeras horas de la tarde, o volviendo nosotros de una cueva, nos hemos cruzado con espeleólogos que se dirigían a una cueva. En algunos casos, conocidos nuestros que están de fin de semana o puente. De todo ello se acuñó la frase "horario madrileño" que simplemente significa tarde, muy tarde o tardísimo...
La reflexión que hay que hacer, es que a una travesía que calculamos que tardaremos ocho horas, no se puede entrar a las cuatro de la tarde. Ni a esa travesía ni a ninguna otra. Si el problema es que hemos tardado mucho en encontrar la entrada, pues se deja la visita para otra ocasión, que la cueva no se mueve de sitio. En el monte, como en las cuevas, hay que empezar temprano. Por la mañana rendimos mejor, hay tiempo para solucionar los imprevistos sin provocar retrasos nocturnos. Empezando pronto terminamos pronto y, si algo va mal, no terminamos a horas intempestivas, ni se ponen nerviosos los que nos esperan fuera. Además, durante la madrugada rendimos peor físicamente y mentalmente, porque no tenemos el cuerpo habituado a trabajar durante la noche y por lo tanto aumentan las posibilidades de sufrir un accidente.
Conclusión, seas o no madrileño, madruga un poco y empieza tus actividades espeleológicas temprano, pero si eres madrileño, con más razón...
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