Cuadernos del Valle del Asón
Nº 9 Junio 2006 - Página 31-40
Jueves 3 de agosto de 2006, por Ángel García Fuente, Enrique Fernández Gibert

Esta es una historia de oscuridad, barro, sudor, esfuerzo, frío, cansancio y niebla, mucha niebla. Pero también es una historia de ilusión, alegría y excitación. En fin es una historia más de la exploración de cavidades a la que algunos somos adictos.
La cosa comienza en Julio del 2004, durante la tercera edición del campamento de Fuente Fría que aglutina espeleólogos de muy diversas procedencias, en torno a esa actividad tan masoquista que se llama prospección del macizo. El día 18, durante uno de esos bucólicos paseos, nos acercamos a lo que parece una pequeña hondonada en mitad de la ladera, que desprende un frescor bastante intenso; al lado comienza un pequeño cañón que resulta ser un pozo. Sobre este cañón se asienta un enorme bloque. Una mirada al bloque muestra restos de una pintada francesa, por lo que es muy posible que la sima esté mirada.
En cualquier caso Bernard, Fredo y Natha que forman el equipo de ataque, inician la instalación de la sima con un primer pozo de 37 metros que les deja en una rampa de piedras sueltas y peligrosas, que caen sobre un segundo pozo de 16 m. de grandes dimensiones. El fondo de este pozo colmatado de piedras parece ser el final de esta sima, aunque una estrecha fisura con aire confirma el frescor que se nota en el exterior. Al ascender se percibe una posible ventana al otro lado del pozo, pero precisa de un largo pasamanos.
Al día siguiente el mismo equipo regresa a la sima y clava el pasamanos, que con algún péndulo los deja en la cabecera de un estrecho pozo, al que siguen otros dos más. Una primera estrechez en rampa es salvada, pero un segundo paso muy estrecho sólo es forzado por Bernard, que tras otro corto resalte llega a una nueva cabecera de lo que parece un pozo de bastante longitud. Conseguida la piedra de sondeo y enviada hacia el abismo, no parece haber respuesta desde el fondo lo que siempre produce un escalofrío y excitación aunque sea en un espeleólogo tan curtido como Bernard.
La buena nueva es trasladada a sus compañeros mientras salen al exterior, ya que no disponen de material para tamaño pozo. El eco del descubrimiento se extiende poco después a todos los miembros del campamento, reunidos junto al fuego comiendo unos torreznos regados con vino.

El día 20 están los tres de nuevo en La Mole que es como se ha llamado a la sima, en referencia al gigantesco bloque que lo corona. Les acompañan Antonio y Ángel, que se encargarán de la topo. Los pasos estrechos son francamente cabrones y además de quitarse todo el material, algunos tienen que recurrir a ejercicios gimnásticos y juramentos varios, pero finalmente todos llegan a la cabecera del pozo, donde de nuevo practicamos el ritual de lazar una piedra y escuchar su respuesta. Antonio sufre una alucinación y queda impactado por la no respuesta de la piedra y habla de pozo de 400 metros o más. En cualquier caso sólo llevamos unos 300 metros de cuerda por lo que sea como sea no bajaremos más de eso.
Bernard comienza la instalación colocando numerosos fraccionamientos que eviten roces y racionalicen la progresión por la sima, de forma que poco a poco perdemos su luz y su voz que apenas recibimos de un fondo muy lejano. Nata y Fredo descienden a su vez escalonándose por el pozo, hasta recibir la llamada de Bernard indicando que se ha quedado sin cuerda, en el aire a pocos metros del inicio de unas grandes galerías que parece cortar el pozo. Sus pataleos e intentos de estirar la cuerda de nada sirven y así una de las peores pesadillas del espeleólogo se ve materializada al quedarse a un paso de una gran "Premiere". Retornan al exterior topografiando y de nuevo La Mole es el tema de conversación de la noche.
El acceso a la sima es complicado y lleva una hora de andar por el lapiaz y bosques de hayas con pocas referencias, pero al día siguiente hay de nuevo exploradores en La Mole, aunque el equipo de cuatro se queda en dos por problemas de salud, con lo que son Wichi y Pep los encargados de poner pie en las galerías vírgenes.
Pasamos el día en los trabajos habituales del campamento y durante la cena, comentamos que Wichi y Pep deben de haber encontrado buenas galerías ya que tardan mucho; sobre las 24:00 ya estamos algo moscas y nadie se va a dormir. La niebla espesa lo cubre todo y nos tememos que los chicos se han perdido. Finalmente a las 01:00 decidimos organizar una expedición de "búsqueda y rescate" y salimos hacia la sima tratando de no perdernos también.
En el primer collado tenemos la esperanza de que respondan a nuestros gritos, pero sólo se oye el viento y el goteo de los árboles. Con muchas dificultades encontramos el camino y llegamos a la boca de la sima, con el convencimiento de que nuestros compañeros han debido de tener un problema dentro y la cosa no pinta bien; sólo esperamos que no haya heridos. Afortunadamente comprobamos que una bolsa de comida que se dejó en la boca ya no está, por lo que deducimos que han salido. Gritamos a todo pulmón y por fin desde el fondo del valle casi en el Hoyo Salzoso, se oye una voz débil que nos confirma que los compañeros están bien, aunque no han podido encontrar el camino y han tratado de bajar al valle de más abajo.
Retornamos al campamento más tranquilos y de nuevo con dificultades de orientación, dos de nosotros van en su busca, aunque no regresaremos todos hasta el amanecer. Wichi y Pep han recorrido unos 500 metros de galerías de gran tamaño dejando algunos cruces pendientes. La Mole "continua", aunque nos ha dado un susto y mucho esfuerzo.

El día 23 asalto general a la Torca de La Mole. Hacemos varios equipos con distintas tareas. Zape, Marta y Pedro bajan los primeros para topografiar la galería que avanza hacia el Oeste. Josemi y Ángel les siguen para topografiar el Pozo Buldo que es como hemos llamado al gran pozo y continuar por la otra galería. Turry y Dani bajan y retocan la instalación, además de cambiar unas cuantas chapas. Carol, Wychy y Juanchi bajan a desobstruir y fotografiar.
Josemi y Ángel topografían unos 56 puntos en galerías grandes hacia el este, con varios pozos laterales y sin agua. Llegan a una barrera de bloques que tiene un paso en lo alto que traga mucho aire. Josemi avanza y tras la barrera encuentra una sala, seguida por una galería de menor tamaño por la que sigue el aire.
De mientras Marta, Zape y Pedro topografían unos 900 metros de una galería enorme bastante rectilínea, dejando alguna incógnita lateral. Tapizada de enormes bloques, no tiene ni gota de agua, y una gran barrera de bloques interrumpe la galería. Emprenden el regreso haciendo alguna foto.
Mientras comienza el ascenso ambos grupos coinciden en la base del enorme pozo, dándose las novedades pertinentes. A las 23:30 están en el campamento, donde son recibidos con unos magníficos (o eso les parece) platos de spaghetti y lentejas.
Aquí finalizan los descensos a La Mole realizados durante el campamento del 2004, pero dado que el buen tiempo continúa, después del verano pudimos realizar algún ataque más, aunque esta vez con más de dos horas de pateo desde el coche, que ha pesar de lo espectacular del paisaje, nos dejaron la espalda bien domada.
El 14 de Septiembre, amanece lluvioso y nos mojamos para subir a la boca. Estamos sólo dos pringaos, Pedro y Ángel, que entramos sobre las 12:00. Pedro instala la continuación del pozo Buldo desde la unión con las galerías y bajamos un total de 71 metros hasta que se cierra y subimos topografiando. Luego vamos a topografiar el ramal que sale de la galería Oeste y lo dejamos en la cabecera de un pozo muy roto, que cierra el paso en una sala.
Salimos sobre las 20:00 y de nuevo llueve y hace viento y frío. El pozo Buldo resulta tener 314 metros de caída libre y nosotros una buena chupa de agua y cansancio, pero "La Mole sigue".
Otro día Olarra, Fredo, Bernard y Nathali, salen tarde hacia la Mole, con idea de hacer fotos en el gran pozo y continuar la exploración. Después del largo pateo descienden y tratan en vano de hacer las fotos en el pozo, pero sí consiguen hacer algunas de las grandes galerías.
Exploran el ramal Este que a su vez se bifurca en dos, continuando por la izquierda con algunos desfondes que precisan pasamanos, pozos laterales y alguna ventana. También encuentran una zona bellamente concrecionada en la que hacen más fotos.
Retornan a la civilización a altas horas de la madrugada ya que como dice Bernard con su español académico "Joderr esta sima está a tomarr por er culoo".
18 de Septiembre, el tiempo es bueno y nos juntamos once personas o similares, para acercarnos hasta la sima aunque descendemos nueve y hacemos tres grupos de tres, con diferentes tareas y siguiendo los criterios del estado autonómico de "juntos pero no revueltos".
Los sorianos van a revisar las galerías del Oeste, los de Castro revisan la variante que sale de las galerías oeste donde lo dejamos la última vez y el resto vamos a la punta este a mirar la gatera sopladora.
Tras el descenso, el grupo del Este llega a la punta y no nos aclaramos mucho con la topo y lo que falta. Encontramos la gatera que asciende, para acabar en una grieta estrecha por la que entra el aire.
Volvemos y sobre las 18:00 estamos en la base, donde llegan los sorianos, que no han encontrado gran cosa salvo una posible galería colgada que precisa uno o dos spit, Comenzamos el ascenso sin los de Castro, pero sobre las 21:00 estamos todos fuera, con buen tiempo, pero con niebla. En la galería Suroeste (Capitán Vinazo) se ha bordeado el pozo que cerraba la galería y continuado ésta con abundantes desfondes y pasamanos. La galería acaba en un caos de bloques con aire pero muy inestable, que se juzga impracticable, pero si hay numerosos pozos por bajar. El desarrollo aumenta notablemente y "la Mole continua".
Finalmente el once de diciembre Dani y Ángel realizamos una salida relámpago para desinstalar el gran pozo y la entrada con vistas al inminente invierno.

Acababan así los trabajos en La Mole del año 2004 y no sería hasta finales de Julio del 2005, cuando volvimos a la sima durante la cuarta edición del campamento Fuente Fría. Se nos planteaba la duda de si organizar un vivac subterráneo para acometer las numerosas incógnitas pendientes o realizar ataques de un día, que fue lo que finalmente hicimos.
El día 23 de Julio, Cristóbal, Luis, Cola y Pedro, toman de nuevo el tortuoso camino de la Mole, instalan el pozo de entrada y llegan al pozo Buldo. De nuevo pueden sentir la impresión de asomarse a un abismo de esas dimensiones, que se aprecia con más claridad cuando la línea de luces repartidas por los fraccionamientos muestra parte de su longitud y el compañero en punta, que baja instalando apenas es un puntito oscilando en el extremo de la cuerda. Ya en las galerías bajan tres pozos en la galería Este, que tienen 25, 35 y 44 metros respectivamente. Ninguno tiene continuación por lo que inician el retorno ascendiendo el largísimo pozo, y para las nueve de la noche están en el campamento.
El domingo 24 la gente se va levantando a su aire, ya que el campamento está "muy mal organizado", y los grupos se van haciendo sobre la marcha. Hacia la Mole van Cristóbal, Luisillo y Antonio, una vez en las galerías sufren un contratiempo al romperse el spitador en el segundo pozo que bajan, teniendo que dejarlo a medias, en unos cincuenta metros. El primer pozo que han bajado cae unos 40 metros y se cierra. Cuando llegan al campamento el cabronazo de Argi (mascota oficial de la expedición), se come los macarrones.
Dos días más tarde Marta y Zape van a la Mole, donde bajan el pozo que dejó Cristóbal a medias. Bajan unos 60 metros y lo dejan en una estrechez que precisa desobstrucción y tras la cual se abre un pozo de unos diez metros. También localizan una galería lateral obstruida pero con corriente de aire.
El 27 un equipo formado por Gelo, Wychy, Alfredo (Portu), los Danis y Richi se dirige hacia la sima. Tras llegar a las galerías comen y se dividen: Wychy y Richi consiguen pasar la estrechez, a pesar de que los problemas con los gases les obligan a subir y bajar continuamente. Descienden un pozo de unos 30 metros para descubrir que el aire se pierde en una estrechez minúscula. Por su parte Gelo y Dani miran otros dos pozos. De mientras Alfredo y Dani dan una vuelta revisando la galería. Hacia las cinco se reúnen los diversos grupos para salir, y para las nueve se encuentran todos en el exterior.
Otro día en el campamento donde el despertar va por fases, así que Pedro y Manu se van temprano a la Mole a bajar los pozos de la galería Noreste. Revisan un P6, un P7, un P40 y un P28, quedando sólo un P40 sin bajar. Ninguno de ellos tiene aire ni mayor interés. De vuelta se encuentran a Fredo y Eli, que han revisado otro pozo en la galería Este, sin resultados. Para alivio de Manu le han bajado el pantín, que había olvidado en la boca de la Mole, cosa que agradecerá en el pozo de 300.
El campamento del 2005 había terminado y La Mole no nos había abierto las puertas de acceso hacia los pisos inferiores que todos esperábamos, a pesar de las horas y sudores dedicados a ello. En cualquier caso todavía quedan numerosas incógnitas sobre todo en las galerías del Oeste, en la que este año no hemos estado.
El desarrollo actual de las cavidad alcanza los 3.800 metros con una profundidad de 470 metros, siendo el pozo Buldo de 314 m. unos de los más largos de España.

La Mole se encuentra situada en mitad de la ladera sur de Peña Rocías, en un valle que desciende desde el Mortillano hacia el Hoyo Salzoso a una cota de 1075 metros. La boca se encuentra coronada por un enorme bloque, bajo el cual hay un P37 en forma de cañón, y al que se puede acceder por varios puntos. En la base, una rampa de 15 metros cubierta de pequeñas piedras nos lleva a la cabecera de otro pozo de 16 metros que acaba obstruyéndose. Es pues necesario realizar un pasamanos de 10 metros en dicha cabecera, que nos lleva a una nueva vertical de seis metros. Otro pozo de cinco metros, con menores dimensiones, da comienzo a la zona estrecha de la cavidad, donde hubo que realizar tres desobstrucciones. Son un P25, P8 y P15 estrechos, donde se nota con fuerza la corriente de aire que exuda la sima. Pasadas las estrecheces llegamos a la cabecera del Pozo Buldo (314 m.).
Tras la cabecera, no demasiado amplia, el pozo adquiere cómodas dimensiones, con roca buena en general, aunque hay que prestar atención a alguna repisa y a algún tramo con roca algo descompuesta. Presenta algún goteo aislado que nos hace suponer que estará bastante regado en invierno. A -256 del pozo (-360 desde la calle) encontramos una enorme ventana en el pozo (pequeño péndulo) que da paso a una gran galería. Comienzan aquí las galerías horizontales de la Mole.
El pozo ha cortado una gran galería, que se orienta fundamentalmente de Este a Oeste, con otras galerías laterales. Desde el pozo y hacia el Oeste, se progresa por una enorme galería bastante uniforme, con una anchura media de unos 20 metros y una altura de 15, suelo formado por enormes bloques de caliza oscura, ausencia casi total de formaciones y completamente fósil, no habiendo agua ni para cargar los carbureros (sólo se ha encontrado un gour). Presenta una galería hacia la izquierda, algún pozo y varias chimeneas. El final de este tramo, de unos 900 metros, es un caos de bloques que colmata completamente la galería, no existiendo en este punto corriente de aire alguna. La galería de la izquierda (galería del Capitán Vinazo) parece cortada por un gran pozo con abundantes goteos, que se bordeó por su izquierda continuando esta con abundantes desfondes y pasamanos. La galería acaba en un caos de bloques con aire pero muy inestable, que se juzga impracticable. Pero sí hay numerosos pozos por bajar.

Volviendo al pozo, pero esta vez en dirección Este, la galería es inicialmente similar a la anterior, con grandes bloques recubiertos por otros más pequeños. Numerosos pozos que caen entre 20 y 50 metros aparecen en los laterales de dicha galería, que pronto se vuelve más bella, con formaciones y tramos tapizados de fina arena. Una galería que nace a mano derecha vuelve a salir poco más adelante a la principal. A unos 450 metros otro caos de bloques parece cerrar la galería, pero un estrecho paso nos sitúa en una salita de gran altura y pared lisa que continúa por una rampa de fuerte pendiente. La pronunciada rampa nos lleva a un cruce.
La galería de la izquierda avanza unos metros hasta un resalte de unos 10 metros, y toma dirección Noreste con numerosas formaciones y pozos laterales, pero que termina colmatándose. La galería de la derecha toma un rumbo Este-Sureste, con buenas dimensiones. Un resalte ascendente de cuatro metros nos permite continuar por la galería, que en este punto presenta una salita ascendente llena de bloques a su derecha. De frente, y tras un breve tramo horizontal, un acusado descenso se bifurca: por la izquierda una pequeña galería repleta de formaciones y gours secos acaba cerrándose por colada (esqueleto de murciélago). Por la derecha, otra fuerte rampa de bloques nos sitúa en una zona netamente freática, con pendants de buen tamaño y un suelo limpio de bloques, con arcilla, gours secos y colada. Una pequeña galería lateral surge a mano izquierda, para cerrarse poco después por arcilla. De frente, la galería principal se cierra por colada.

La Torca de la Mole parece ser parte del largamente buscado sistema, cuyas aguas resurgen en la Punta del Praduco, en el Asón, frente a Cubera.
Su origen se debe a las pérdidas subterráneas del Valle de los Trillos, hacia el W (al Asón). Por el momento se han localizado una serie de grandes galerías situadas a la cota 700 m.s.n.m. aproximadamente. La zona de absorción de estas galerías debía encontrarse aproximadamente entre lo que hoy es el Hoyo Salzoso y el Hoyo Masayo.
En principio, esta cavidad podría dar una información bastante completa de la evolución de la zona y de sus cavidades. La razón es el tipo de materiales en que se desarrolla:
Los grandes sistemas del Mortillano, localizados más a Sur (Mortero-Rubicera, Garma Ciega-Cellagua y Calaca) se encuentran en una zona donde las calizas alternan con estratos impermeables de margas y areniscas, de espesor y geometría muy variable. El encajamiento de estas cavidades está condicionado por esos niveles, y el resultado puede ser engañoso, además de bastante complejo de interpretar.
En cambio, más o menos a partir de Fuente Fría o el Hoyo Salzoso hacia el Norte, las calizas son muy homogéneas y continuas. Ello permite que los distintos niveles de encajamiento de las cavidades se reflejen muy claramente como conductos agrupados a distintas cotas. Un ejemplo de ello es el Sistema Cueto-Coventosa, en el vecino Macizo de Porracolina.
En la Mole, como hemos dicho, se han encontrado por ahora los correspondientes a un nivel situado a cota 700. Este nivel se describió por primera vez en la Sima del Mazo Chico, estando también presente en Rubicera (Galería de entrada). Son igualmente galerías de gran tamaño, morfología freática y orientación Este-Oeste, que indican un drenaje subterráneo desde los Trillos al Asón.
La disposición de los estratos impermeables a lo largo del Valle de los Trillos, sugiere que en un primer momento, las pérdidas subterráneas se producirían en el N, a través de las galerías de la Mole, en el punto de contacto entre margas-areniscas y calizas. Según el esquema hidrográfico planteado por Mugnier, el caudal recogido debía ser muy considerable: el río de los Trillos recogería agua de una gran parte de lo que hoy es el Valle del Gándara, al Sur, a través de terreno impermeable. Todo este caudal se infiltraría en un solo punto, lo que explicaría la dimensión de los conductos.
Posteriormente, la erosión del lecho del valle haría aflorar calizas más al Sur, y el punto de infiltración del agua cambiaría. De esta forma, las galerías de la Mole quedarían abandonadas de forma bastante repentina, y comenzaría a formarse un nuevo sistema subterráneo partiendo de lo que hoy es la zona de Llana la Cueva. Este abandono explicaría que en la Mole no se observen señales de encajamiento en ninguna de sus galerías.
Por lo tanto, según esto, los posibles niveles inferiores (más recientes) de la Mole, tendrían un origen diferente a las grandes galerías de 700. Corresponderían a una infiltración de agua más "difusa" o situada en otros lugares. Por ello, para alcanzarlas, seguramente habría que esperar a que alguno de los pozos de origen reciente los corten "por casualidad". Cabe pensar que se trataría de conductos más reducidos.
En cuanto a la evolución del sistema situado al Sur, resulta más complicada. Sus galerías si muestran señales de encajamiento desde el Nivel 700, dando lugar a numerosos pisos hasta el nivel freático actual, pero como dijimos antes, la presencia de estratos impermeables de geometría compleja hace difícil una reconstrucción detallada de los acontecimientos.

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