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Cuadernos del Valle del Asón

Espeleosocorro en acción

Nº 2 Junio 1999 - Página 30

Lunes 28 de abril de 2003, por Ángel García Fuentes


La llamada llega de improviso, en el momento más inoportuno, es decir, cuando los componentes del equipo de socorro están de fiesta, practicando su entretenimiento favorito: el levantamiento de vidrio. Algunos acaban de regresar cansados de las exploraciones que realizan en un macizo cercano. De todas formas, uno a uno son localizados por el coordinador del equipo y se concentran junto al cuartel de la Guardia Civil, que ha dado la alarma y tiene los primeros datos sobre el incidente.

La información de la que se dispone es, como siempre, escasa y poco fiable; parece que un grupo de número desconocido ha quedado atrapado en una sima situada en otro de los macizos del Asón a unas 2 horas de pateo, si no se dispone de helicóptero.

Los socorristas se dirigen a los nidos de material para preparar las cuerdas, camillas, poleas.... todo el equipo que precisa una operación de rescate. Luego se dirigen a sus domicilios para recoger su equipo personal, comida y sacos de dormir, por si acaso la cosa se complica más de lo esperado. Todo este trabajo se realiza con calma, sin prisas, como enseña la experiencia adquirida en los numerosos rescates que han afrontado estos hombres; lejanos los días en los que se salía disparado y casi en pelotas, para después pasar largas horas esperando al frío o al sol a que se disponga de más medios, personal o datos del incidente.

Cuando el grupo de rescate está listo, todo el mundo sube a los vehículos de la Guardia Civil para acercarse lo más posible a la montaña. La niebla no permite el uso de helicópteros, por lo que los socorristas cargan sobre su espalda las pesadas sacas con el material y lentamente comienza el ascenso por las laderas, tratando de buscar referencias que les permita encontrar el camino correcto. Afortunadamente, los muchos paseos y exploraciones realizados en la zona hacen familiares algunos de los puntos del terreno. Finalmente, dos horas y media después, el Grupo llega a la boca de la sima, donde hace un viento helado, que congela el sudor sobre la piel de los miembros del equipo, que se tumban detrás de las rocas buscando refugio.

El equipo de punta se coloca el material (mono, arnés, casco,...) y recoge las cuerdas, placas y mosquetones que precisa para instalar los pozos de la sima. Comienza la instalación de los pozos y los hombres desaparecen en la oscuridad del primer pozo.

Poco después se reciben noticias de la localización del grupo desaparecido, afortunadamente en los primeros pozos cerca de la superficie. Los desaparecidos se muestran nerviosos, gritan sin parar y es necesario calmarlos y convencerlos para que inicien el ascenso, acompañados de los socorristas que les animan y tranquilizan.

Uno a uno, los desaparecidos son sacados al exterior donde reposan agotados, sucios y desconcertados. Por último, los espeleosocorristas desinstalan la cavidad y salen también fuera de los pozos. En ese momento, la niebla se aclara, permitiendo ver los alrededores.

Sorprendentemente, los recién rescatados despliegan sus enormes alas y entre graznidos emprenden el vuelo hacia unos picos próximos, donde se posan y comienzan a limpiar su plumaje, mientras miran extrañados a esos seres envueltos en sus monos que los contemplan, entre risas y bromas sobre el espantoso olor que emanan los rescatadores.

Dos horas de pateo cuesta abajo para llegar a los vehículos y las acostumbradas labores de limpieza y colocación del material, para terminar con el informe de esta intervención del Espeleosocorro. Causas del accidente: inexperiencia, desconocimiento del medio, falta de equipo y preparación y encima ¡NO ESTABAN FEDERADOS!

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