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Cuadernos del Valle del Asón

Ensalada de Cañones

Nº 3 Abril 2000 - Página 3-9

Lunes 14 de abril de 2003, por Ángel García Fuente


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La Cuca de las Bellostas, en la subida a Otín
Autor: © Ángel García Fuente

Por fin estamos en Julio, y con él, las vacaciones que llevo tiempo planeando, hablando con lo amigos del Club y con Xavi en Andorra, para realizar una tournée por algunos cañones interesantes. He tenido que modificar la fecha de mis vacaciones para tratar de acoplarme a las de los demás, y ahora, en el momento de la partida, sólo se presenta Xavi, que después de uno de sus típicos viajes relámpagos, ha venido hasta Ramales para volver acto seguido hacia el Pirineo. El resto de los miembros del Club se han excusado con las disculpas habituales (tengo que levantar vidrio, he quedado para emborracharme, las fiestas de la zona no son nada sin mí, hasta han osado decir que han quedado con una mujer,...) En fin, un cúmulo de imponderables, totalmente imposibles de superar, que dejan esta expedición convertida en un dúo.

Entremeses

Embarcamos los trastos en el coche de Xavi y nos dirigimos al primer cañón que nos proponemos hacer (Gorges de Sant Aniol), que curiosamente se encuentra en el extremo más alejado del Pirineo, en la provincia de Gerona, por lo que nos damos una panzada a conducir; y, a pesar de la oposición del mapa de carreteras que llevamos, conseguimos llegar al atardecer hasta la pista que indica la guía como inicio del cañón. Sacamos los trastos de cocinar y elaboramos un variado menú a base de pasta de sobre con tomate, lo último en "alta cocina". Ya de noche nos acostamos en un agradable colchón de "micropiedras" y acompañados del calor y los mosquitos nos dormimos.

La luz del día permite apreciar con claridad el lugar donde estamos desayunando, rodeados de encinas y altas paredes de caliza amarillenta. Empaquetamos los trastos en los sacos y comenzamos la caminata río arriba. Esta primera parte es más ancha y el cañón pasa por algunos prados y sigue una pista hasta llegar a una pequeña presa que recoge el agua del río y la canaliza hacia los pueblos de más abajo.

A partir de aquí el cañón se estrecha y el camino se convierte en un sendero de muretes de piedra, roca excavada y troncos que discurren por encima del agua que es transparente y forma pasos en los que apetece bañarse. El siguiente tramo discurre por una zona boscosa en la que confluyen dos barrancos. _Tomamos el de la izquierda, siguiendo un sendero entre los árboles que nos lleva hasta la recta de la ermita de Sant Aniol; en este lugar encontramos un antiguo monasterio cuyos monjes vivían en este difícil terreno, construyendo terrazas para el cultivo en las laderas de los montes del alrededor.

En este punto es donde de verdad empieza el cañón, que podemos ver frente a nosotros con sus paredes blancas y amarillas que se elevan por encima del horizonte. Desde aquí ni siquiera parece posible que existe un camino para remontar río arriba, pero existe y lo seguimos, poco a poco, ascendemos admirándonos a cada momento del trabajo realizado por los monjes, ya que el sendero circula por unas estrechas terrazas y pasa de unas a otras por tramos de escalada no demasiado fáciles. Cuando alcanzamos la cima de una de las paredes, podemos divisar parte del cañón, y, al fondo, los restos de otro monasterio aún más remoto que el primero; definitivamente, aquellos monjes eran unos hombres duros.

Un rato más tarde, llegamos a un pequeño arroyo que es afluente del cañón, por lo que lo seguimos río abajo y nos conduce hasta unas pozas, que serán el comienzo de nuestro descenso de cañones. Tumbados al sol comemos algo y nos ponemos los neoprenos, para a continuación recoger las sacas y saltar al agua que refresca un poco nuestros cuerpos apretados por la goma.

El cañón no tiene tramos en los que sea necesario nadar, pero aprovechamos cualquier oportunidad para darnos un chapuzón. Sí tiene varios rappel de distinta longitud, siendo los más largos los del tramo final, entre ellos una bella cascada de colada, por la que el agua forma una cortina bastante tupida y sobre todo el último de 40 m. que nos deja en mitad de la piscina pública de la comarca, que es lo que parece la poza de abajo que está llena de personas en un día tan caluroso. _En este lugar finaliza el descenso y nos quitamos los neoprenos, para a continuación emprender la caminata de regreso hacia el coche, con alguna parada inevitable para darnos un baño en las pozas.

El resumen de este barranco es que es idóneo para personas dispuestas a caminar largas horas para hacer poco barranco. Pero, en cualquier caso, para mí el paseo merece la pena, siendo atractivo y variado, y, como el cañón es corto, no se hace demasiado pesada la excursión.

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Croquis de las Gorgas del Llech
Del libro "Gorgas y Barrancos de Catalunya Mallorca y Alto Esera", por Eduardo Gómez y Miquel Soro.

Cocina francesa

Por nuestra parte, buscamos una sombra donde soportar los 40º de calor y secar el material, cosa que ocurre rápidamente. Comemos algo y planeamos nuestro siguiente objetivo que será el barranco de Llech, en el Pirineo Francés, pero primero pasaremos por Andorra para recoger a unos amigos. _Así pues, iniciamos otro largo viaje por las tortuosas carreteras del Pirineo, en el que para amenizar mantenemos una de nuestras habituales discusiones sobre lo divino y lo humano, sobretodo lo humano. De nuevo, me asombro de la capacidad de discusión de Xavi, que a duras penas puedo mantener y que hace que lleguemos a Andorra enzarzados en crear un nuevo sistema electoral.

Pasamos el día en la ciudad, haciendo vida civilizada (comiendo en restaurantes, tomando cerveza,...) y tengo la oportunidad de contemplar el nuevo papel pintado de la casa de Xavi. que consiste en una topografía tamaño gigante de la cueva de Siech, en Ariège, que está explorando en Francia.

Salimos de Andorra por Pas de la Casa hacia el Pirineo Oriental Francés y tras varios túneles, puertos y cruces de carretera, llegamos al pueblo Estoher, donde tomamos una polvorienta pista que asciende por uno de los lados del barranco. Este se encuentra situado en una zona de sierras peladas y de lomas suaves, en la que el agua ha excavado un profundo surco hasta aflorar el granito que constituye su base y en el que ha formado abundantes saltos y pozas.

Dejamos el coche en un aparcamiento entre árboles, donde ya se encuentran muchas personas que se retiran del barranco, ya que es uno de los más visitados del Pirineo y siempre se encuentra lleno. Este punto de salida está situado a mitad del barranco, ya que a partir de aquí pierde verticalidad y no es muy atractivo, lo que presenta dos inconvenientes: el primero es que precisa subir un largo tramo de pista bajo un sol de justicia para llegar al punto de partida y el segundo es que al terminar el descenso se debe remontar toda la ladera para llegar al aparcamiento. Afortunadamente, el primer problema nos lo resuelven unos catalanes que se dirigen hacia la cabecera y que nos hacen sitio en su coche (¡para que luego digan!). Así pues, descendemos desde la pista por un bosque hacia el fondo del barranco donde empezamos a colocarnos los neoprenos.

El comienzo indica cual será la tónica de este barranco y consiste en un salto a una poza profunda, unas brazadas y un nuevo salto. Como digo, este es el tipo de actividad más común en todo el recorrido, junto con varios toboganes en los que se alcanzan velocidades de vértigo, con giro incluido, y algún corto rappel que, en ningún caso, supera los 15m. El salto más largo que ejecutamos es de 8 m., pero si se es osado y se tiene buena puntería, se pueden realizar saltos de mayor envergadura.

En cuanto a los toboganes, es de destacar uno de ellos que tiene un salto de 5m. al finalizar el recorrido, con lo que se sale disparado sin ver el final, para encontrarse de pronto en el aire en una postura poco adecuada para el aterrizaje; en fin, este paso consigue dejar el cuerpo vacío de adrenalina y la espalda con un planchazo sobre el agua.

Con una cadena final de saltos, se termina la zona encañonada del barranco y con ellos la excursión, no sin antes ascender una fuerte pendiente hasta el aparcamiento, que, a pesar, de encontrarnos al final de la tarde nos hace sudar como en una sauna finlandesa.

El retorno hacia Andorra requiere de la misma variada colección de accidentes geográficos que la ida, pero me pierdo la mitad dormido como un tronco.

El barranco del Llech es, pues, de lo más divertido y variado, con una sucesión tan grande y continuada de dificultades, que lo convierten en un parque de atracciones natural, aunque no está carente de algún paso delicado "Rompe Tibias". Quizás el único inconveniente sea el elevado número de personas que realizan este descenso de 180m. de desnivel y 1Km. de longitud durante todas las épocas del año.

Cocina internacional

Nuestro próximo destino, es la Meca de los cañones en España, es decir, la Sierra de Guara, en la provincia de Huesca, donde llegamos al atardecer, y tras unos momentos de duda sobre si estamos en España o en los Campos Elíseos, nos dirigimos al Camping de Rodellar para plantar la tienda completamente rodeados de franceses por todas partes. Es habitual que se encuentren muchos franceses en Guara, pero además es el 14 de Julio, su fiesta nacional y esto está lleno.

Después de cenar un novedoso plato a base de pasta con tomate, nos dirigimos al bar del pueblo para disfrutar de una cerveza y un poco de conversación sentados en la calle, contemplando la noche. Xavi me relata las historias de los primeros descensos en los cañones de esta zona, cuando sólo quedaban por aquí cuatro pastores ancianos y algún que otro joven con ideas de comuna. Este es uno de los atractivos de este tipo de actividades, el poder estar en buena compañía haciendo lo que te gusta, sin necesidad de que lo que haces sea lo mejor y lo más grande.

Por la mañana, nos damos un buen madrugón para poder afrontar la subida con la fresca. Nos dirigimos al Mascún, para lo que atravesamos el pueblo con sus casas de piedra, parte de las cuales están restauradas y convertidas en albergues.

Descendemos al fondo del barranco y continuamos por su fondo río arriba, hasta que el agua desaparece al haberse infiltrado hacia niveles inferiores, por lo que andamos sobre un suelo de cantos rodados y arbustos, con las paredes a los lados mostrando curiosas formas.

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Barranco de Holtzarte
Autor: © Ángel García Fuente

Poco después abandonamos el cauce y ascendemos por la ladera izquierda del barranco, en dirección al pueblo de Otín, que sólo mantiene una casa habitada y convertida en albergue. Llegamos al pueblo después de sudar las cervezas del día anterior y hacemos una foto a la antigua ermita que fue el hogar durante un tiempo de uno de esos melenudos urbanitas que descubrió a costa de sus piernas, que las ovejas no son unos bichos a los que se les convenza fácilmente para hacer lo que uno quiere.

Pasado el pueblo, tomamos un pequeño barranco afluente del principal, que nos permite acceder a una cornisa, la cual seguimos a lo largo de una de las paredes del barranco y que nos deja al pie del "Saltador de las Lañas", que es la primera cascada de este barranco. En este punto descansamos, comemos algo y dejamos pasar un grupo de franceses que circulan por el lugar.

Cuando nuestro espíritu y nuestro estómago están dispuestos, nos ponemos las armaduras de neopreno y partimos río abajo dando saltos en algunas pozas, hasta el primer rappel donde tenemos que esperar a que se desatasque el paso.

El barranco del Mascún tiene dos partes diferenciadas. El Mascún Superior de 2’5 Km. de longitud y 120 m. de desnivel con abundantes cascadas y pozas profundas, que precisa del uso de material de montaña, así como del neopreno para nadar en las frías aguas, sobretodo en una zona característica denominada los Oscuros de Otín, donde las paredes se juntan tanto en la parte superior que forman una galería de cueva donde apenas penetra la luz. Esto provoca en la persona que los atraviesa una excitante sensación al nadar casi a tientas rodeado de altas paredes.

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Barranco de Holtzarte
Autor: © Ángel García Fuente

El segundo tramo del barranco es el Mascún Inferior con 4’5 Km. de longitud y 60m. de desnivel, carentes de dificultades técnicas, pero donde la naturaleza ha excavado interesantes figuras en la roca. En esta zona existe un gran caos de bloques que ha taponado el cañón y que hace necesario bordearlo por las laderas en un tortuoso sendero, es el Caos del Onso.

Nosotros descendemos las zonas de cuerdas lo más rápidamente posible, adelantando algún grupo más numeroso con guías y aprovechando los tramos más abiertos del barranco para tomar el sol y bañarnos en pozas más cálidas. El agua en los Oscuros está fría y, a pesar, de estar acostumbrados a los cañones oscuros de las cuevas, la sensación de nadar sin ver nada es siempre excitante. Algunos descensos y saltos más y llegamos al tramo del Mascún Inferior, donde nos quitamos los neoprenos y nos tumbamos a secarnos durante un rato, comemos algo mientras contemplamos las evoluciones de un grupo de cabras en las paredes del barranco.

Continuamos bordeando el bosque de bloques del Caos y caminamos contemplando las extrañas formas de las agujas de roca que nos rodean, hasta llegar a las proximidades de Rodellar, donde observamos los ejercicios gimnásticos de un grupo de escaladores en las desplomadas paredes del barranco, juzgando con toda la ironía de que somos capaces (que es mucha) el estilo de cada uno de los escaladores, como haría un comentarista deportivo cómodamente sentado en su butaca, mientras un ciclista echa los ojos subiendo un puerto.

Al llegar al pueblo, atacamos la ducha, la cena y el bar en ese orden, para de nuevo contemplar las estrellas con una cerveza en la mano, comentando los pasos del barranco del Mascún.

Plato fuerte

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Barranco de Holtzarte
Autor: © Ángel García Fuente

A la mañana siguiente, abandonamos Rodellar con dirección norte, al Pirineo Francés. Cruzamos la provincia de Huesca y penetramos en el Valle del Roncal, que al llegar a la zona de Belagua se ve cerrado por las montañas que forman el puerto de La Piedra de San Martín. Cruzamos este puerto en un día soleado, disfrutando del paisaje formado por bosques de hayas, pinos y un lapiaz escabroso lleno de simas.

Continuamos bajando por la vertiente francesa hasta encontrar un merendero a la sombra de los grandes árboles, donde os podéis imaginar lo que cocinamos para comer (¡sí, sí, pasta con tomate para variar!), eso sí en grandes cantidades, que nos dejan tumbados sobre la hierba contemplando el cuidado bosque que nos rodea. Siempre que voy a Francia me maravillo del método de explotación forestal que practican, realizando entresacas de árboles mediante cables, que permite obtener beneficios de la madera por tiempo indefinido, disfrutando además de hermosos bosques y garantizando el futuro de la explotación. Todo lo contrario que en España donde se practica el arrasamiento sistemático y el beneficio a corto plazo, que nos deja sin bosques e impide vivir de ellos a las generaciones futuras.

Finalmente llegamos a nuestro destino, el albergue de Logibar, donde finaliza el barranco de Holtzarte. Decidimos tomar una pista que asciende a un monte situado frente al barranco que nos proponemos hacer al día siguiente, el de Olhadibia, que es afluente del de Holtzarte; su aspecto es impresionante con el río hundido en la roca cerca de 200m., lo que parece una gigantesca grieta en un glaciar de roca caliza y con espesos bosques que se asoman e incluso se despeinan por sus bordes. Podemos ver con claridad la vertiginosa pasarela de cable y tablas que atraviesa el precipicio.

En un recodo del camino, plantamos la tienda y hacemos la cena, acostándonos con el sol, puesto que nos levantaremos también con el sol.

Así lo hacemos y tras desayunar y recoger las sacas y la tienda, dejamos el coche en el aparcamiento y comenzamos a caminar por el sendero que asciende sobre una de las laderas del barranco, hasta alcanzar el borde justo encima del cruce de los dos barrancos, con una vista espectacular de la pasarela, que cruzamos poco después con los vaivenes del rigor, parándonos a contemplar el fondo con el río 150m. más abajo. Este puente nos deja en un bosque de gruesas hayas, con las marcas del GR-10, que seguimos hasta una pista forestal cortada por grandes árboles caídos y dos arroyos caudalosos que vierten sus aguas al cañón. Cerca ya del inicio del barranco se oye el estruendo de la cascada de 20m. que constituye el primer gran salto del descenso.

El fin del bosque es también el comienzo del barranco de Olhadibia, donde nos ponemos los neoprenos, el arnés y sacamos las cuerdas.

El primer encuentro con el agua fría es siempre incómodo, sobre todo cuando llega a la altura del segundo cerebro de los hombres, pero una vez superado este momento, nos atrevemos a saltar a las pozas y cruzar a nado los tramos que lo precisan, hasta llegar a la ruidosa cascada de 20m. donde montamos las cuerdas y descendemos hasta una zona más estrecha, donde el agua corre rápida formando peligrosos remolinos, que nos obligan a movernos con cuidado. El cañón es sombrío, con altas paredes de 50m., coronadas por el bosque y donde el ancho no supera los 6m., sucediéndose las pozas y saltos cortos, hasta llegar a una gran cascada de 40m., que da paso a un tramo más ancho con grandes bloques y donde llega un afluente por la izquierda, cayendo el agua desde gran altura y que ha arrastrado grandes troncos que aparecen cruzados en el cañón por encima de nuestras cabezas.

Metidos en esta ratonera que no ofrece ninguna escapatoria en caso de crecida, no podemos evitar sentirnos sobrecogidos y admirados por la fuerza de la naturaleza que ha esculpido esta enorme cicatriz. La marcha continua rodeando bloques gigantescos, andando en equilibrio sobre los troncos y con algún rappel corto, para situarnos a la entrada de un túnel oscuro, formado por un fuerte estrechamiento del cañón, en el que se han empotrado numerosos bloques. Es necesario bajar un resalte por el que se precipita el río hacia la oscuridad, para a continuación nadar a tientas por un pequeño lago subterráneo. A la salida de este tramo se agradece la luz y el ensanchamiento del cañón, que ahora nos ofrece un tramo muy largo (1’5 Km.) casi llano y con algunos caos de bloques.

Cuando pensamos que este cañón no tiene fin, llegamos a un largo tramo recto, que permite disfrutar de un panorama imponente, con la pasarela colgada en lo alto, como el cable de un funambulista cruzado entre dos enormes paredes de 150m., desde las que cuelgan árboles y enredaderas, al fondo se aprecian las lomas del cañón de Holtzarte y, para colmo, el sol en lo alto está en línea con la gran grieta, con lo que lo recibimos en la cara, calentándonos e instándonos a tumbarnos y comer algo, cosa que hacemos mientras contemplamos el paisaje. Reemprendemos la marcha, pasando por debajo de la pasarela, por la que cruzan algunos turistas, y llegamos al último resalte del cañón que se baja junto con el chorro de agua, completamente envuelto por ella.

Por fin hemos desembocado en el barranco de Holtzarte que forma grandes pozas por las que bajamos nadando e, incluso tumbados como pequeños barcos nos dejamos arrastrar por la corriente. El paisaje es precioso y lo único malo es lo deslizante de las piedras que nos hacen caer varias veces. Llegamos al aparcamiento y con él a la civilización, pues está lleno de turistas.

El resumen de esta actividad es que es idóneo para los que quieran disfrutar de la naturaleza en todo su esplendor y en toda su dureza, con una larga aproximación y un exigente descenso con agua fría, es decir, una verdadera maravilla si te gusta lo salvaje.

Este fue el final de nuestra ensalada de cañones, después del inevitable viaje kilométrico en coche hasta Ramales. Habíamos realizado un recorrido variado por los diversos tipos de cañones que es posible encontrar en el Pirineo, todo ello gracias al amplio y dilatado conocimiento que Xavi tiene de los cañones de esta zona.

P.-S.

Puedes encontrar información de algunos de estos barrancos en las guías publicadas por Eduardo Gómez Eduatours, como el que hemos mencionado de "Gorgas y Barrancos de Catalunya Mallorca y Alto Esera".

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