AER

Actas del congreso de Irun, octubre 2001

El estamento espeleológico

en la estructuración del socorro en cavidades subterráneas

Jueves 4 de julio de 2002, por Varios autores (Fecha de redacción anterior: febrero de 2002).

EL ESTAMENTO ESPELEOLÓGICO EN LA ESTRUCTURACIÓN DEL SOCORRO EN CAVIDADES SUBTERRÁNEAS

IÑAKI LATASA UNDAGOITIA
- Miembro del Espeleosocorro Vasco
- Euskal Espeleologoen Elkargoa / Unión de Espeleólogos Vascos
- Grupo de Actividades Espeleológicas GAES de Bilbao

1. REVISIÓN RETROSPECTIVA

En primer lugar vamos a recordar varios acontecimientos que nos permiten comprobar la evolución que ha sufrido el espeleosocorro en España, lo que dará pie a unas reflexiones sobre como debe de evolucionar este tema en el futuro.

1.1. Década de los 70

La situación que existía hasta finales de los años 70 era, en términos generales, la de inexistencia total de una infraestructura institucional para socorro en cavidades. Las federaciones territoriales (entonces comités de espeleología), coordinaban a una serie de espeleólogos que, por lo general, y visto desde una perspectiva actual, no estaban muy bien preparados en técnicas de rescate (técnicas que por otra parte tampoco estaban muy desarrolladas en esa época), sin embargo, estos espeleólogos eran las únicas personas capaces de desenvolverse en el medio subterráneo y de llevar a cabo la evacuación de una víctima. En el entonces comité Nacional de Espeleología (dependiente de la Federación Española de Montaña), existía una "Vocalía de espeleosocorro", que trataba de coordinar el socorro a nivel nacional, siendo su principal cometido la formación en técnicas de rescate.

El accidente más representativo de esa época fue el que se produjo en Hundidero-Gato (Málaga) en el año 1976 y en el que perdió la vida el espeleólogo José Manuel Vera. Este trágico accidente fue un hecho de gran trascendencia en el momento, tanto por su duración como por su desenlace, y causo gran conmoción en todo el país, al contar con gran seguimiento de los medios de información de la época.

Los numerosos espeleólogos congregados junto a la boca de la cavidad, poco pudieron hacer hasta que mejoraron las condiciones meteorológicas; mientras tanto, el gentío se daba cita en las proximidades de la cueva, gracias al cercano trazado de la vía férrea.

1.2. Década de los 80

En la década de los 80 se producen varios accidentes importantes en Cantabria, que actuaron como catalizador en el tema del espeleosocorro. El primero de ellos en la Red del Silencio (Rasines), con resultado de muerte, fue un accidente post-sifón que requirió la actuación de equipos de espeleobuceo, en él se llevó a cabo la extracción de un cadáver a través de 12 Km. de galerías. En el otro rescate, sucedido en la sima de Cueto (en el municipio de Arredondo), un herido tubo que ser evacuado por una red de pozos de 600 m de desnivel, en la que fue necesario realizar ampliaciones con explosivos para poder pasar la camilla por algunos pasos estrechos. En ambos rescates tubo un papel muy importante el Spéléo Secours Français, cuya actuación fue decisiva, dada la precariedad en algunos recursos, por parte del socorro español; no obstante, estos hechos sirvieron de revulsivo y condujeron al espeleosocorro español a su mayoría de edad. Durante los años siguientes se produce una mayor divulgación y una homogeneización de las técnicas de rescate.

En esa época los grupos de espeleosocorro, dependientes de las federaciones territoriales, muestran una preparación muy diferente, que está en función de la espeleología que se práctica en cada una de ellas, dependiendo a menudo de los requisitos físicos y técnicos de las propias exploraciones de las cavidades de la zona.

1.3. Década de los 90

En la década de los 90 le llega la hora a la profesionalización de los rescates. Podemos ver como casi cada cuerpo de policía y cada parque de bomberos organiza un grupo de rescate que, entre otras cosas, aspira a resolver los accidentes en cuevas o simas que se producen dentro de su ámbito de actuación y que, a menudo, cuentan con el entusiasmo de sus integrantes, deseosos de dar a su trabajo un contenido diferente. Así, podemos ver grupos como Bomberos de la Generalitat, (quienes fueron pioneros en el tema), los GREIM de la Guardia Civil, la Ertzaintza, y otros muchos cuerpos de bomberos, que abordan estas labores. Mientras tanto, los grupos federativos, dependientes de las Federaciones Territoriales de Espeleología, adquieren una cierta capacidad operativa en algunas regiones, pero sin que se produzca una autentica consolidación a nivel general; la federación choca una y otra vez contra la negativa de la administración central en el intento de dotarse de un presupuesto que destinar a este fin, consiguiendo, tan solo, unos insuficientes y precarios convenios, que no tardaron en desaparecer, dejando al espeleosocorro nacional totalmente desestructurado.

Visto con una cierta perspectiva, podemos decir que el hito histórico más significativo de cuanto acontece en el socorro en esa década, son las V Jornadas Estatales de Espeleosocorro, que se celebraron en Jaca en el año 1996. En esas jornadas se pudo ver con gran claridad, como se está generalizando la profesionalización de la que hablamos. En Jaca el porcentaje de participantes profesionales era impresionante; allí se podían ver entre otros, ertzaintzas, guardia civiles y numerosos bomberos de diversas procedencias. La representación de estos era tal que muchos podrían pensar que esa precisamente, la asunción del socorro en cavidades por parte de profesionales, era la solución esperada a este viejo problema; así pensaban, por ejemplo, los representantes de la Federación Española que acudieron al evento, contentos de ver que esa federación podía dedicarse, por fin, a quehaceres puramente federativos, en vez de dedicarse a temas, como la asistencia a terceros en caso de accidentes, que, ni eran propios de una federación deportiva ni esta recibía para ello una dotación presupuestaria que le permitiese abordarlo.

2. ANÁLISIS Y PERSPECTIVAS

La proliferación de distintos grupos de rescate, cosa que, sin duda, nos alegra a todos, y que, aparentemente debería ser la solución del socorro en cavidades, lleva implícito, a nuestro modo de ver, un grave problema y es la independencia y desconexión de todos estos grupos entre sí. Estos grupos, perfectamente capaces de solucionar cualquier otro tipo de rescates, cuando intervienen en espeleología y dado su tamaño medio, pueden solucionar, cada uno de ellos por si solo, accidentes o más bien incidentes que acontecen en cavidades sencillas o en las proximidades de las bocas (no se pretende poner aquí en duda su capacidad para operativos más complejos); no obstante, pensamos que, estos grupos en conjunto, y de cara a operaciones complejas resultan, al menos por el momento, una amalgama difícil de coordinar por alguien ajeno a la actividad espeleológica, que sea capaz de hacerse a la idea de los problemas tan específicos que se plantean en un rescate de este tipo. No hay que olvidar que el espeleosocorro puede requerir que concurran en un solo rescate enormes cantidades de medios humanos, tantos que algunos pensamos que es imposible hacerlo solamente con los elementos que se dedican profesionalmente a estas intervenciones; ya que, incluso un accidente leve puede provocar (dependiendo de la cavidad) movilizaciones propias de situaciones catastróficas.

Con todo esto vemos que es necesario vertebrar y articular todos los medios disponibles en un "todo coherente" que, permita actuaciones de gran envergadura y que dé forma a una dirección que sea aceptada y asumida por todas las partes que intervienen en cada una de las fases de un rescate, que, como ya sabemos puede ser largo y complejo. Para ello es necesaria una colaboración que supere todas las suspicacias.

La naturaleza de los distintos estamentos que intervienen en un rescate espeleológico puede suscitar cierta desconfianza en las relaciones que se dan entre ellos; los espeleólogos, por una parte, siempre hemos pensado que, como tales, somos los únicos capacitados para desenvolvernos en un medio que nos es propio y también para comprender las interioridades de un rescate de estas características. Por otra parte, es muy probable que las instituciones con competencias en Protección Civil y los grupos profesionalizados, no estén muy seguros de, hasta que punto, los espeleólogos, como amateurs que somos (es decir, personas que dedicamos a esto las energías que sobran de otros quehaceres, incluida la propia práctica de la espeleología), somos una opción capaz de solventar los problemas que se puedan presentar, seguramente, unos y otros tenemos razones para pensar así.

La Federación de Espeleología no agrupa actualmente a todos los grupos que se dedican a esta actividad en el estado, en realidad nunca lo ha hecho; sin embargo, la mayor parte de los grupos si que están federados y sujetos, de alguna manera, a su estructura organizativa, por ello, si la Federación Española de Espeleología renuncia a ejercer un liderazgo sobre el socorro en cavidades o baja la intensidad de su esfuerzo en esta actividad, cosa que, hasta ahora ha estado sucediendo, será muy difícil ejercer una autoridad moral que permita mantener cierto control y coordinación, pues es fundamental que las labores de dirección sean llevadas a cabo por personas cuyo liderazgo cuente con la credibilidad de los que intervienen en la operación. El hecho de que el fin de la federación sea el de desarrollar actividades deportivas, no debe hacernos olvidar que es la asociación de espeleólogos con más representación a nivel estatal; cualquier otra alternativa, tipo SEMAC, para cubrir ese vacío de forma suficiente, requiere de una estructura a nivel estatal que necesita de la estrecha colaboración de ese estamento, además de una dotación económica cuya ausencia fue, precisamente, al menos en su aspecto formal, la causa del alejamiento de la Federación hacia el espeleosocorro. A este respecto, no debemos olvidar que es la Federación quien debe velar por los intereses de los espeleólogos como colectivo y, si bien es discutible que por ello deba cargar con toda una infraestructura de socorro, si que al menos, debe hacer todo lo posible porque si exista una estructura capaz de desarrollar esas funciones. Con ello, no queremos decir que deba ser la Federación, necesariamente, quien asuma el tema de la dirección de espeleosocorro, pero si, que cualquier solución pasa por su compromiso y colaboración, y que, quien dirija las operaciones debe contar con el respaldo del conjunto de los espeleólogos.

Pensamos que cualquier solución ajena a la participación de los espeleólogos como voluntarios, sería, económicamente, tan costosa que, todos los practicantes de espeleología seriamos las primeras victimas de la situación que se crearía a la larga.

3. CONSIDERACIONES PARTICULARES. A MODO DE EPÍLOGO

La proliferación de grupos profesionales de rescate capaces de desenvolverse en el mundo subterráneo, tiene un valor superior al de su propia capacidad de actuación en ese medio, ya que, la alta calificación requerida para operar en unas condiciones tan exigentes, les capacita para cualquier otro tipo de rescate, bien sea urbano o de montaña.

La posibilidad de crear grupos profesionales con un gran grado de autosuficiencia para este tipo de actuaciones, requiere de dotaciones importantes en medios técnicos y humanos; dotaciones que pueden ser discutidas al ser tan reducida la población de riesgo susceptible de un accidente de este tipo.

El personal profesional capacitado para intervenciones en espeleosocorro, por lo general, está encuadrado en unidades operativas, de modo que, es poco frecuente que estén habituados a labores de coordinación y dirección.

La coordinación y dirección de un rescate espeleológico requiere de personal que sea buen conocedor de ese medio y que, necesariamente, debe poseer una formación y madurez, en lo que al espeleosocorro concierne, que, difícilmente se puede adquirir lejos de la actividad espeleológica, aunque, probablemente, esta actividad por si sola, no sea suficiente para desarrollar las capacidades necesarias; es decir, un espeleologo, por el hecho de serlo, no está automáticamente capacitado para dirigir un operativo de rescate en cavidades subterráneas.

Los medios humanos necesarios en un rescate complejo son tales que hacen imprescindible la intervención de espeleólogos voluntarios, siendo necesaria, además la solidaridad interterritorial.

El espeleosocorro no es para los espeleólogos resultado de un altruismo desinteresado pues, como víctimas potenciales, son los primeros beneficiados de una estructura de rescate sólida y eficaz. La Federación de Espeleología, en tanto que representante de quienes se dedican a esa actividad, no debe abdicar de sus funciones en cuanto a espeleosocorro concierne, pues, pensamos, su intervención es fundamental para vertebrar las distintas aportaciones que concurren en un rescate en cavidades subterráneas.

P.-S.

Actas de los Encuentros Cantábrico-Pirenaicos de Espeleosocorro, Irun, 2001.

Secretario y coordinador de la publicación : Javier Busselo Ortega

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