Cuadernos del Valle del Asón
Nº 7 Julio 2002 - Página 26
Miércoles 29 de octubre de 2003, por Pedro Merino Múgica
Saco la cuerda del rapelador y me enjugo el sudor de la frente. La maldita sima es bastante atlética. O quizás comience a estar mayor para esto. Sí, eso debe ser. Al fin y al cabo ya no soy ningún chaval, y este trabajo no es para puretas, no señor. Así que habrá que ir pensando en el retiro. Con los años que llevo, ya toca. Pero, de mientras, tendré que acabar la jornada de hoy.
Vaya meandrito desfondado que viene ahora. Y con la galbana que tengo. Decididamente, hay días que pienso que más valdría haberme presentado a aquellas oposiciones... Sobre todo, en días como hoy. Un -600 y en ayunas, amén de la resaca de ginebra. Que no es de las mejores ¡Opsss! Resbalé. Más me vale divagar menos, no la vayamos a liar. Recuerdo el trabajito del Bloque: un despiste, tres metros de caída y una pierna rota. Aún me entran sudores de recordar aquellas 15 horas que tardé en salir solo, medio loco del dolor con la pierna hecha un cuatro, fractura abierta y todo el belén, infección incluida. Así que atento, que el vuelo libre no es lo mío.
Ahora pozo con ducha. Cojonudo. Al menos, me quitará la resaca. Eso, optimismo. Podría ser peor, que decía el otro. Podría llover. Sí que sería peor. Como entre en carga este agujero vamos a ser dos los que hoy tengamos un mal día. Qué asco de curro.
¿Qué qué soy? No, no soy ningún miembro del Espeleosocorro, en heroica misión de rescate. En otros tiempos (hace mucho) lo fui. Pero podríamos decir que me pasé al lado oscuro. Sí, es una buena definición. ¿Que sea más claro? Habría que hacer un poco de historia. Tiempo tenemos, así que si ustedes quieren...
Quizás los más viejos del gremio recuerden cómo eran las cosas hace años. Cada grupo trabajaba su zona de exploración, y en paz. Sí, había sus fricciones, los inevitables piratas y eso. Pero eran las excepciones, no crean. Con el tiempo, las técnicas avanzaron, los metros de galerías tipografiados también. Y disminuyeron las galerías inexploradas, los macizos vírgenes. Cada vez era más raro oír que tal grupo había "pillado". Y comenzaron los problemas. Los roces se convirtieron en peleas, de ahí pasaron a enfrentamiento abierto, y por fin, la guerra. Quizá a los ajenos al mundillo les parezca una exageración. Puede ser. Pero los espeleólogos son así. Un tanto raros, ellos. Empezaron con minucias, que ahora a los profesionales nos hacen sonreír. Una cuerda cortada en medio de un pozo, spits sin expandir... de aficionado. Pronto las cosas pasaron a mayores. Y aquí es donde entramos nosotros. ¿Qué quienes somos nosotros? Pues... no sabría decirles. Hay un poco de todo, creo. Si quieren un rasgo común: pocos escrúpulos, dedo suelto y un buen nivel técnico (no crean, aquí donde me ven, soy iniciador de la EEE. Y todo). ¿Qué qué hacemos? Creo que es evidente, ¿no? "Limpiamos", como el señor Lobo. ¿Se escandalizan? Hombre, viendo lo que cobran los futbolistas, mi capacidad de santa indignación se apagó hace tiempo. Eso si alguna vez la tuve. Que lo dudo.
¿También se sorprende? No le extrañe no haber oído nunca nada semejante. Los espeleólogos somos muy nuestros, y preferimos resolver los asuntos de puertas adentro. O de cuevas adentro, como prefieran. Además, no pretenderán que demos mala fama a un deporte olímpico. Pobre Samaranch. Bastante tiene con la EPO y esas cosas.
Pero me están distrayendo. Yo he venido a trabajar. Y ante todo, soy un profesional. La gatera está bastante estrecha. Jodidamente estrecha, que diría si estuviera un thriller americano. Como no pasamos de esperpento español, dejémoslo en una puta mierda de gatera. ¡Umpfff! Pasé por los pelos. Y es que me hago mayor, he de reconocerlo. ¿Uh? ¡Ah, que quién nos contrata! Pues lo típico: grupos con problemas de piratas en sus zonas de exploración, sobre todo. Aunque con el tiempo hemos ido ampliando nuestro campo de actuación. Disensiones federativas, candidaturas rivales en los clubs... ya saben. Política subterránea. La verdad es que es un sector en auge, no nos podemos quejar. Pero, si me disculpan. Ya saben, antes el deber...
¿Es usted Diego Adelante?
¡Eh! ¿Quién es usted? ¿Qué hace aquí? ¿Porqué...?
Al AER no le gustan los piratas. Esto es de su parte.
Bang.
En fin, se acabó la jornada. Bueno, más o menos, que me quedan 600 metros de cuerda. Y el meandro desfondado. Sí, habrá que empezar a meditar lo del retiro.
¿Remordimientos? Pues, la verdad, no. Aunque si he de serles sinceros... A veces, cuando subo un pozo especialmente largo, me pongo a pensar. Es una cosa que no lleva a ninguna parte. Pensar, digo. Pero a veces no puedo evitarlo, y pienso. Y sí, a veces, sólo a veces, siento algo similar a los remordimientos. Y es que no me gusta dejar basura en las cuevas. Qué le vamos a hacer. Soy un sentimental.