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Cuadernos del Valle del Asón

El Molino de "Las Toberas"

Nº 4 Diciembre 2000 - Página 34

Jueves 1ro de mayo de 2003, por María Josefa Garzón Otegui


Hechos y Paisajes

"Son ángeles que van al cielo", decían antiguamente cuando moría algún niño. Hoy nacen pocos y a Dios gracias tampoco mueren.

Ha comenzado "el Milenio" y el mundo se rige de diferente manera. Todo es progreso, prisa, ruido, trabajo, tensión, cansancio, insatisfacción, hastío... ¿Y antes qué? ¿Cómo se vivía?

Quiero sacar a la luz la historia de alguien que vivió hace dos siglos (por lo tanto de la tumba).

Parece que lo que voy a narrar es algo de "cuenta cuentos", no realidad.

¿Cómo puede uno asimilar la historia de una humilde mujer, nacida y viviendo siempre bajo la soledad de las montañas, donde su vista solo se recrea y vislumbra los campos verdes cubiertos de florecillas silvestre y los frondosos árboles luciendo sus hermosos frutos?

En una casa sólo hay silencio, ¿Electrodomésticos? Secadoras, lavadoras... ¿para qué? No tenían por que existir. Si las aguas que rodean su casa son las más puras y cristalinas del mundo, y sus coladas brillan al sol y se balancean como locas al son del aire que las mece.

No existen carreteras, solo senderos, el trinar de los pájaros y manantiales por doquier.

El camarote que retiene las aguas del molino está en silencio y muy cerca de la casita blanca donde vive María. Esto es "El Molino de las Toberas", donde Dios de los 7 días que empleo para hacer el mundo, eligió este lugar y dijo: "Háganse las aguas" y las aguas brotaron alborozadas con grandes torrentes.

María nunca salió de su paraíso rodeada de su marido y sus hijos. Su paseo más largo, Ahedo.

¿La mar? ¿La playa? Y ¿para qué ir tan lejos? Si ella tiene un río más grande que todos los mares juntos.

¿Y las arena? ¿Para qué? Con la harina que ella tiene, tan dorada y tan molida, que se escapa entre los dedos... y dibuja corazones... mil, porque lo que sobra es tiempo, y algunos cruza con dardos cuando sufre desconsuelos.

Pero María sonríe y recibe a los viajeros que igual que en un nacimiento, los sacos de maíz día y noche le van trayendo. ¿Maíz? ¿Quién dice Maíz? ¡Es ámbar! ¡Ámbar del más puro y bueno! Y mientras gira la rueda le va ofreciendo alimentos.

¡Pobre María! Ha llegado el 36 y se ha acabado el silencio.
El ruido de las sirenas ha roto todos sus sueños.
La rueda ya se ha parado, aunque sigue el riachuelo.
El fuego ya se ha apagado, ya no hacen falta los leños.
Y las aguas vienen turbias.
No florecen los almendros.
 
El ámbar que tú cogías de los sacos con remiendos,
en balas se han convertido.
Hay odio en ti, no hay consuelo...
porque te llevan a un hijo, te dicen que es un guerrero
y la patria lo reclama. Y tú le abrazas muy quedo...
y le besas con cariño.
 
María viste de luto.
María guarda silencio.
Parece que lo sabía. El ya no vuelve. Está muerto.
Ni muerto le ves María.
De tus gritos y lamentos no han cesado las tormentas y caen medallas del cielo...
 
Medallas para el soldado.
Medallas para el guerrero.

Para mis nietos, la historia de su tatarabuela.

P.-S.

María Josefa Garzón Otegui, más conocida por Pilar, es vecina del barrio El Camino, en Ampuero. En 2000 ha ganado el V Certamen de Poesía Merche Lanza, al que se presentaron escritores de diversos puntos de España.

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