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Cuadernos del Valle del Asón

Cuevamur

Nº 2 Junio 1999 - Página 25

Lunes 28 de abril de 2003, por Juan Perez Perez


Hace tiempo, mucho tiempo cuando eran otros tiempos y uno era algo más que un crío, me consideraba espeleólogo.

Hubo una primera visita a Cantabria y en aquel tiempo vine a Ramales y aquí, visité Cuevamur por primera vez. De esto hace ya algo más de dos décadas, pero en ese instante supe que hasta entonces no estaba haciendo espeleología, sin covachas y agujeros de mala muerte.

Desde el primer día que entré en Cuevamur me maravilló y no pude pensar en otra cosa que en hacer fotos para inmortalizarla. Gastamos tres rollos de diapos y se nos hizo poco.

Todo esto sucedió sobre la Navidad de 1975, después de comer el pavo en un 1.500 de gasoil y saltar de Barcelona a Ramales en unas 17 horas, por fin llegamos con mucha ilusión.

Mi primera visita fue Cuevamur y sólo pensábamos que llegase el verano para trabajar en ella. Volvimos en Semana Santa y trabajamos en ella, en sus entrañas, con mucho cariño terminamos la topo, bueno, parte de ella e hicimos el empalme por "Los Retales".

Trabajamos con mucho tiento y cariño en Cuevamur, pues es una cueva parecida a la de los cuentos. Se parecía a las cuevas que leía yo en los libros. Era toda una inmensidad de formaciones, era un silencio agradable, era pasar las horas tontas y sentirse a gusto.

Ha pasado mucho tiempo de eso y como la juventud se va, también el pensamiento cambia. Y me gustaría cambiar tantas cosas.

Quizá Cuevamur esté viva todavía y no haya dicho su última palabra, y le queden muchos metros por descubrir, pero a tenor de lo que ha sufrido, lo mejor es que siga durmiendo.

He visto pasar por Cuevamur a espeleólogos manazas, que donde ponen el casco joden alguna estalagmita, y luego se ríen como tontos, como si de un chiste se tratara. He visto pisar sus entrañas a un cursillo de unos veinte domingueros que eran peor que Atila, en el cual me incluyo, con bastante pesar para mí, por haberles metido en ella. También he visto en ella algunos depredadores que no llegan al grado ni de domingueros.

He visto formaciones de lo más variopintas, vi unos gours con más de 200 pisolitas, las cuales fueron apachurrándolas como si de pelotillas de barro se tratasen, yo incluido, hasta destruirlas casi por completo.... y rompieron el ancla que había, y los lapiceros de más de dos metros, casi todos rotos y masacrados....y más y más.

Y aún hay gente legal que con toda su buena intención bate zona, se rompe las rodillas y el pecho, se esgüevan para sacar simas y cuevas, con todo su orgullo, y cuando sacas algo te llena de emoción. Pero es triste, muy triste que cuevas y simas sean maltratadas y pateadas, se llenen de toneladas de mierda, de gente incompetente, que no merece el aire que respira en las cuevas, que harían un favor si se quedasen en sus casas jugando al parchís.

Quizá aún no he dicho mi última palabra, quizá me queden ya pocos metros por visitar, no se. Pero lo que si tengo claro hace mucho tiempo, es que cuando vaya de visita a alguna cueva o sima, mi lata de cerveza, mi carburo o mi basura saldrá conmigo en la saca y mi conciencia estará tranquila, sin más capulladas. Y para aquellos principiantes, y no tan novatos, cuando vayáis a alguna cueva pisar despacio, pisar bien, con tacto y la basura al basurero. La cueva os lo agradecerá y por supuesto las próximas generaciones también.

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