Cavernas y Minas. Patrimonio Subterráneo de Cantabria.
Edición 2004 - Página 101-103
Martes 20 de septiembre de 2005, por Varios autores

La cueva de El Soplao (11.438 m, -150 m) se localiza en la sierra de Arnero (Valdáliga-Rionansa), uno de tantos bellos parajes de la montañosa geografía de Cantabria. Este relieve no ofrece exteriormente un paisaje cárstico en calizas demasiado espectacular. Los lapiaces de agujas en las dolomías ankeríticas de esta zona tampoco nos llaman demasiado la atención, de manera que nada hace presagiar el extraordinario sistema subterráneo natural que se esconde en el interior. Pero, como consecuencia de la intensa labor minera encaminada a recuperar, como en otras explotaciones del occidente de Cantabria, minerales de zinc y plomo, se intersectaron en varios puntos magníficas galerías concrecionadas, únicas en nuestro planeta. El origen de las cavidades herméticas de las que nos vamos a ocupar, tanto en La Florida como en Udías, hay que buscarlo en la relación espacial entre las rocas carbonatadas del Cretácico Inferior en la cornisa Cantábrica. Las dolomías, en una primera fase, se carstifican en forma esponjosa, es decir, se agrandan por disolución la multitud de pequeños agujeros propios de estas rocas y cuyo origen está en el proceso sedimentarlo que dio lugar a estos materiales. La dolomitización consiste en el intercambio de iones calcio del sedimento carbonatado por otros de magnesio que provienen de la salinidad del mar, en cuyo fondo se produce esta evolución. Pero esta sustitución implica la generación de espacios vacíos, hasta un 4,5 % del volumen de la roca, ya que el magnesio es un elemento de radio fónico menor que el calcio. El agua, que se cuela en estas circunstancias con facilidad hacia el interior, al encontrarse con calizas, comienza a carstificarlas de manera clásica, llegando, incluso, a hacer desaparecer el estrato. Es decir, se ha podido crear un inmenso vacío en el interior de la montaña que nos pasa del todo desapercibido.
El apelativo soplao forma parte del lenguaje coloquial entre los mineros que trabajan en el subsuelo de zonas carstificadas. Cuando un conducto artificial corta cavernamiento se produce una fuerte corriente de aire, un soplao, tanto más intenso cuanta mayor envergadura tengan las nuevas galerías descubiertas. Precisamente, el conocimiento de la cavidad que tratamos se debió a este hecho, ya que en aquella explotación la cantidad de soplaos era muy numerosa. La consecuencia de esta asociación es un entramado laberíntico de decenas de kilómetros de galerías artificiales que se entrecruzan con 11,5 kilómetros de naturales. Incluso los obreros utilizaron la cueva, debido a su comodidad, para transitar de unas zonas a otras, trazando vías de ferrocarril por las que circulaban vagonetas cargadas de mineral. En la actualidad los restos de estos trabajos nos ofrecen un sugerente espectáculo, mezclándose la influencia humana con bellísimas zonas cuajadas por todo tipo de excéntricas, agujas de aragonito, cristales de calcita, etc. El Soplao es sin duda la cavidad mejor decorada del mundo en cuanto a formaciones no convencionales se refiere. Los hilos de CaCO3 (calcita o aragonito) se retuercen sobre suelo, paredes y techos siguiendo un orden incomprensible. Se hace obvio que la gravedad no ha podido tener que ver con la formación de estas concreciones. Nosotros, después de visitar decenas de cavidades decoradas magníficamente por este tipo de filigranas, hemos comprobado que, en todos los casos, se daban dos circunstancias comunes: grandes cantidades de barro (arcillas) y hermetismo del cavernamiento, de manera que el acceso hasta esos rincones sólo había sido posible gracias a los trabajos mineros, que los habían descubierto por casualidad o al tesón de los espeleólogos que, en su afán por avanzar en la caverna, habían forzado pasos inverosímiles. Ambas circunstancias nos hacen imaginar una génesis peculiar para este tipo de espeleotemas, que hemos resumido al comienzo del texto de este libro. El Soplao también alberga extraordinarias formaciones gravitacionales, sobre todo en la zona más oriental (galerías del Tejo). Pero, la reciente moda por los deportes de aventura, ha llenado esta cavidad de todo tipo de visitantes, algunos de ellos respetuosos con la cueva y otros auténticos canallas que han destrozado las galerías de más fácil acceso. El comercio con excéntricas está prohibido, pero la fiebre irracional de algunos coleccionistas hace que estas piezas alcancen una cierta cotización en el mercado negro. Volviendo a la cueva de El Soplao, ésta consiste básicamente en una galería rectilínea de varios kilómetros, orientada de oeste a este, que va uniendo una serie de salas. Los ramales laterales son escasos y en general de corto recorrido. En el año 2003 el Gobierno de Cantabria inició el acondicionamiento de una parte de esta cavidad para ofertarla turísticamente. Como consecuencia de este hecho fue necesario clausurar varias bocaminas. El recorrido que voy a describir es anterior a este cierre y con los párrafos que vienen a continuación sólo pretendo dar una idea de la complejidad y belleza del entramado minero-cárstico.

Si penetramos por las diversas bocas de la mina de Lacuerre, labores más occidentales del grupo de La Florida, incluyendo un pozo de unos 100 metros de profundidad, con bonito castillete de madera, tendremos acceso a una larga galería, de más de un kilómetro, que finaliza en una interminable y agotadora rampa ascendente, labrada artificialmente en la roca viva. Al final de ésta toparemos con el límite occidental de El Soplao. El primer tramo de esta cavidad es la conocida como galería de los Fantasmas, debido a la forma y tamaño sugerente de las estalagmitas. Seguidamente, el volumen del cavernamiento crece considerablemente, galería Gorda. Ambos conductos fueron acondicionados por los mineros, incluso en la última existen los restos de una vía de tren, que debía tener salida al exterior por algún lateral, hoy en día derrumbado. Las virguerías de aragonito, formando extrañas lámparas de araña, adornan los techos de la galería Gorda a unos 12 metros del suelo y nos ofrecen un extraordinario espectáculo. El Falso Suelo es una pequeña estancia cuyo techo está formado por un mundo de "coral" que nos hace dudar sobre el medio en que nos movemos: ¿en tierra? o ¿en el mar? El conducto principal se hace a partir de ahora algo más modesto en sus medidas, aunque no en cuanto al concrecionamiento que presenta. No obstante, ésta es la zona más deteriorada, y no por el laboreo minero, ya que los trabajadores respetaron las increíbles formaciones, situadas a tan solo centímetros de los caminos que ellos fueron modificando en la cavidad natural. Más adelante, una serie de preciosa salas, El Bozque, El órgano y La Coliflor nos recuerdan que seguimos en el kilómetro más bello del subsuelo de la Tierra. Después, un inmenso cavernamiento, carente de formaciones y el ruido de una cascada, nos avisan de que entramos nuevamente en zona minera. Una rampa ascendente, al final de este tramo, nos lleva hasta el exterior tras superar unos 400 escalones tallados por el hombre en el suelo de una galería artificial, meandriforme y con diferentes ramificaciones. Si la naturaleza creó el maravilloso Soplao, el minero labró aquí, sin pretenderlo, un entramado de una belleza digna de esta cavidad. En nuestro recorrido por la caverna nos encontraremos con un resalte de 12 metros que salvaremos con ayuda de la cuerda. Abajo, una fuerte pendiente de barro finaliza en otro espectáculo sin igual: La Desecación Poligonal. Es un conjunto de grietas de retracción en arcilla, con más de un metro de profundidad, que parecen haber sido trazadas por el más experto delineante.
Volviendo a la base del resalte, y tras una pequeña escalada, entraremos en una compleja red de conductos muy oscuros, Galerías Vírgenes, con la roca llena de agujeros, pero que ocasionalmente nos regala con rincones bellísimos. Tras superar este laberinto, toparemos con lo que en otra época fueron multitud de nidos de perlas, en la actualidad existen más pisadas en el delicado suelo de arcilla-concreción que pisolitas, La complejidad para continuar por la cavidad natural a partir de este punto es considerable, de manera que los espeleólogos hemos optado por otra vía más sencilla. Por debajo del recorrido natural que hemos descrito existe un largo Kilómetro de Mina que presenta varios lugares de acceso. Este monótono pasillo nos lleva, en sentido oriental, hasta una bifurcación. De los dos caminos posibles, uno de ellos es una rampa artificial de tal pendiente que casi es necesario el uso de la cuerda. En su base, una amplia galería minera, con vagoneta incluida, se une a grandes conductos naturales, al final de los cuales, si hemos instalado dos verticales de aproximadamente 20 metros cada una, podremos ascender, para salir fuera por Torca Ancha. Ésta es una de las dos bocas naturales de acceso a El Soplao, y se abre al exterior en un precioso bosque de hayas, robles, acebos, etc. Aquella rampa-límite que nos llevó a la vagoneta y que debía ser utilizada por los mineros para encauzar el material hasta el exterior, continúa hacia abajo, con una pendiente aún mayor, hasta una galería horizontal con acceso fuera por la mina de Las Ligorias. Si al final del Kilómetro de Mina, tomamos el otro camino, descenderemos entre bloques por la galería del Alud, antesala de una zona laberíntica en que, una cuerda ascendente, nos llevará a la parte más baja de las inmensas galerías del Tejo. Los conductos más occidentales de El Soplao son asombrosos en cuanto a excéntricas se refiere, pero la zona oriental es un verdadero paraíso de las formaciones convencionales. Se accede a estas galerías, de manera más sencilla que realizando el recorrido que acabamos de describir, por un pequeño agujero, en rampa, situado en una pradería inmediata a Torca Ancha. Rápidamente la pendiente se convierte en una vertical de 20 metros, irregular, cuyas paredes repletas de aristas ocasionan numerosos roces en la cuerda. Abajo se abre una gran galería maravillosamente concrecionada, tanto es así que, incluso en algunas zonas, es difícil encontrar la roca caliza que se carstificó. Un texto de J. R. R. Tolkien, entresacado de El Señor de los Anillos, es la descripción perfecta de estos conductos:
"Y cuando se encienden las antorchas, Legolas, y los hombres caminan por los suelos de arena bajo las bóvedas resonantes, ah, entonces, Legolas, gemas y cristales y filones de mineral precioso centellean en las paredes pulidas; y la luz resplandece en las vetas de los mármoles nacarados, luminosos como las manos de la Reina Galadriel. Hay columnas de nieve, de azafrán y rosicler, Legolas, talladas con formas que parecen sueños; brotan de los suelos multicolores para unirse a las colgaduras resplandecientes: alas, cordeles, velos sutiles como nubes cristalizadas; lanzas, pendones, ¡pináculos de palacios colgantes!. Unos lagos serenos reflejan estas figuras: un mundo titilante emerge de las aguas sombrías cubiertas de límpidos cristales; ciudades, como jamás Durín hubiera podido imaginar en sus sueños, se extienden a través de avenidas y patios y pórticos, hasta los nichos oscuros donde jamás llega la luz. De pronto ¡pim!, cae una gota de plata, y las ondas se encrespan bajo el cristal y todas las torres se inclinan y tiemblan como las algas y los corales en una gruta marina. Luego llega la noche: las visiones tiemblan y se desvanecen; las antorchas se encienden en otra sala, en otro sueño. Los salones se suceden, Legolas, un recinto se abre a otro, una bóveda sigue a otra bóveda y una escalera a otra escalera, y los senderos sinuosos llevan al corazón de la montaña. ¡Cavernas! ¡Las Cavernas del Abismo de Helm! ¡Feliz ha sido la suerte que hasta aquí me trajo!. Lloro ahora al tener que dejarlas".

Un pozo aéreo, de 43 metros, situado imprevisiblemente en un lateral de este gran conducto, nos transporta a otras salas asombrosas, en cuyo final se abre el estrecho pasadizo que comunica con las galerías que veníamos describiendo.
En las minas de La Florida se beneficiaron blenda y galena, aunque al principio de los trabajos estas menas aparecían alteradas, dando lugar a las clásicas calaminas, Pero, lo que ha convertido, recientemente, a las minas de La Florida en una localidad clásica en el mundo de la mineralogía es el hallazgo de extraordinarias cristalizaciones de calcita. En 1998 un grupo de aficionados, recorriendo exhaustivamente las complejas galerías abandonadas de estas labores, descubrieron y recuperaron de las zonas más recónditas de Lacuerre multitud de geodas rellenas por dolomita sobre la que se asentaban maravillosos cristales de calcita. Se recogieron unos 3.000 ejemplares que se encuentran entre los mejores del planeta de esta especie. Muchos de estos poliedros, frecuentemente con aspecto esférico, en realidad, son maclas, es decir asociaciones de cristales que se apartan de los clásicos escalenoedros, dientes de perro, en que se suele presentar este mineral. En resumen, podemos asegurar que el conjunto minas de La Florida-El Soplao es el paraíso del carbonato cálcico.
Cerca de las minas de Lacuerre se desarrolla, próxima a la superficie, una cavidad natural, cueva de Lacuerre (2.075 m). Varias entradas nos llevan a una monótona y tortuosa galería sin interés alguno, salvo los 300 metros más occidentales en que parece que todas las maravillas que nos ofrece El Soplao hayan quedado resumidas en este conducto.
Desde 1975, el Espeleo Club Cántabro, de Santander, ha sido el principal grupo que ha explorado estas cavidades.
