Cuadernos del Valle del Asón
Nº 1 Diciembre 1996 - Página 6
Jueves 24 de abril de 2003, por José María Montoya
Estamos comiendo en un restaurante de Asón, allí están colgadas de la pared unas fotografías de las cuevas Coventosa y Cañuela, me fijo en una foto de esta última y quedo prendido de ella.
Otro día un amigo me enseña una revista de montaña, en ella aparece un reportaje sobre la travesía de Tonio-Cañuela, a partir de entonces dicha travesía se convierte en una meta a conseguir. Intentamos contratar a un guía para realizarla, pero perdemos contacto con él.
Tras estar en la II Jornada de Espeleología en Arredondo, nos aconsejan apuntarnos al grupo de espeleología de Ramales, una vez socios de dicho grupo, se nos presenta la oportunidad de realizar la travesía, por fin el día soñado tiene lugar.
Quedamos a las 9h., la realizamos cuatro personas. La subida hasta la boca de Tonio se hace rápida, comemos en la entrada, de seguido realizamos la bajada, un Pozo de 15 m .un P l7 un P 10 un P 48; es una gozada bajar rapelando estos pozos, hasta que llegamos a la hermosa diaclasa. Aparece el nerviosismo y el temor a quedarnos atascados, la pasamos con facilidad, el mito de la diaclasa desaparece. Así seguimos disfrutando de la bajada, hasta llegar al techo de la cueva.
Allí me impresiona la corriente de aire que se igualmente impresionante me resulta estar colgado en el último rápel, con esa sensación de vacío que provoca la Sala Ollivier Guillaume.
Hemos terminado el descenso, tiempo invertido 6 horas, hay prisa por salir, el cansancio hace presa en mí. El diablo en forma de genio se apodera de mí. Lo vuelco sucesivamente sobre mi compañera en forma de quejido.
La desorientación también toma presencia, damos vueltas por Cañuela la mágica retornando al mismo sitio sin encontrar la salida. Por fin damos con ella, dejando atrás este laberinto. El retorno tiene lugar sin más problemas El viaje concluye a su fin.
A pesar de todo la aventura me fascinó.