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Cuadernos del Valle del Asón

Cantabria prerromana

Nº 6 Diciembre 2001 - Página 27-29

Viernes 11 de abril de 2003, por Arantxa Sánchez Vicente


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Estela cántabra de Barros
Autor: Neila González Campos. Original: www.matesco.unican.es/∼gcampos/barros1.jpg

Los cántabros hacen su entrada en la historia con la conquista romana. Antes de esa fecha no tenemos ninguna referencia escrita de los pueblos que habitaban este área.

La mención más antigua de los pueblos del Norte afirmaba del río Ebro que nace entre los cántabros y que era "magnus atque pulcher, pisculentus" (grande, hermoso y rico en pesca). A partir de ahí las referencias se encuentran inmersas en el marco de las guerras contra cántabros y astures. Veamos en primer lugar lo que nos dice Floro, quien presenta como causa de la guerra que los primeros saqueaban a los pueblos vecinos, aliados de los romanos:

"En Occidente casi toda Hispania estaba pacificada, excepto la que baña el océano Citerior y toca a las montañas de la extremidad del Pirineo. Aquí se agitaban dos pueblos muy fuertes aún no sometidos, los cántabros y los astures. Los cántabros fueron los primeros, los más duros y pertinaces en guerrear, quienes no contentos con defender su propia libertad, pretendían también dominar a los vecinos y vejaban a los vacceos, turmogos y autrigones con frecuentes incursiones".

La mayoría de las informaciones proceden de Estrabón, que nos habla así de los pueblos del norte de Hispania:

"Llevaban una vida de continuas alarmas y asaltos, arriesgándose en golpes de mano, pero no en grandes empresas, y ello por carecer de impulso para mantener sus fuerzas unidas en una confederación potente; pues si hubieran logrado juntar sus armas, no hubieran llegado a dominar la mayor parte de sus tierras ni los cartagineses ni los celtas. Luego vinieron a combatir a los iberos los romanos, venciendo una y otra vez a todas sus tribus, y aunque tardaron en ello mucho tiempo, acabaron, al cabo de unos doscientos años, por poner a todo el país bajo sus pies".

Con motivo de describir a los astures y a los cántabros, que protagonizaron las guerras cántabras, los autores griegos y latinos dan algunos datos interesantes sobre estos pueblos.

Característica de su carácter era el amor por la libertad y el no querer ser esclavos. Dion Casio escribe "de los cántabros no se cogieron muchos prisioneros, pues, cuando desesperaron de su libertad, no quisieron soportar más tiempo la vida, sino que incendiaron antes sus murallas, unos se degollaron; otros quisieron perecer en las mismas llamas; otros ingirieron un veneno de común acuerdo, de modo que la mayor y más belicosa parte de ellos pereció."

"En las Guerras Cántabras las madres mataron a sus hijos, para que no fueran hechos prisioneros; un niño, apoderándose de una espada, dio muerte a sus parientes y hermanos por orden de su padre; una mujer hizo lo mismo con sus compañeros de esclavitud"

"Se cuenta de los cántabros este rasgo de loco heroísmo, que habiendo sido crucificados ciertos prisioneros, murieron entonando himnos de victoria"

El amor a la libertad es característico de los cántabros: "Los cántabros hechos prisioneros en la guerra y vendidos como esclavos, asesinaron a sus dueños y se fueron a casa." El historiador Floro afirma lo mismo: "aquellos bárbaros, al ver llegado el fin de su resistencia, a porfia se dan muerte con el fuego y con el hierro, en medio de una comida, con un veneno que allí se extrae del tejo, librándose así de la esclavitud, que les parecía más intolerable que la muerte"

Sobre su modo de vida escribe Estrabón: "Todos estos habitantes de las montañas son sobrios; no beben sino agua, duermen en el suelo y llevan los cabellos largos al modo femenino, aunque para combatir se ciñen la frente con una banda. Comen principalmente carne de cabrón. A Ares sacrifican cabrones, aunque también cautivos y caballos. Practican luchas gímnicas, hoplíticas e hípicas, ejercitándose para el pugilato, la carrera, las escaramuzas y las batallas campales. En las tres cuartas partes del año los montañeses no se nutren sino de bellotas, que, secas y trituradas sirven para hacer pan. Beben "zytos", y el vino, que escasea, cuando lo obtienen lo consumen rápidamente en grandes festines. En lugar de aceite usan manteca. Comen sentados sobre bancos construidos alrededor de las paredes, alineándose en ellos según edades y dignidades; los alimentos se hacen circular de mano en mano; mientras beben, danzan los hombres al son de las flautas y trompetas, saltando en alto y cayendo en genuflexión. Las mujeres bailan también mezcladas con los hombres, unidos unos y otros por las manos. Los hombres van vestidos de negro. Usan vasos de madera labrados como los celtas. Las mujeres llevan vestidos con adornos florales. En el interior en lugar de moneda practican el intercambio de especies o dan pequeñas láminas de plata recortadas. A los criminales se les despeña y a los parricidas se les lapida. Se casan al modo griego. Los enfermos, como se hacía en la Antigüedad entre los asirios, se exponen en los caminos para ser curados por los que han sufrido la misma enfermedad.

Su rudeza y salvajismo no se deben sólo a sus costumbres guerreras, sino también a su alejamiento, pues los caminos marítimos y terrestres que conducen a estas tierras son largos y esta dificultad de comunicaciones les ha hecho perder toda sociabilidad y toda humanidad....viven sin preocupaciones, porque dejan transcurrir su vida sin más apetencia que lo imprescindible y la satisfacción de sus instintos brutales. Si no se quiere interpretar como un régimen confortante de vida el que se laven con los orines guardados durante algún tiempo en cisternas y que tanto los hombres como las mujeres se froten los dientes con ellos"

Y en cuanto a la condición de las mujeres cántabras nos llegan las siguientes informaciones: "Es cosa común entre ellos la valentía, no sólo en los hombres sino también en las mujeres. Estas cultivan la tierra; apenas han dado a luz, ceden el lecho a sus maridos y los cuidan. Con frecuencia paren en plena labor, y lavan al recién nacido inclinándose sobre la corriente de un arroyo, envolviéndolo luego"

Por último, esto es lo que sabemos de la religión:

"Tienen una cierta divinidad innominada, a la que, en las noches de luna llena, las familias rinden culto danzando hasta el amanecer ante las puertas de sus casas."

Vamos ahora a analizar las conclusiones que se extraen de todos estos datos:

El ganado caprino debía ser muy numeroso y la base de la dieta carnívora, junto con el cerdo, cuya manteca utilizaban como aceite.

Se trataba de pueblos muy pobres como demuestra el hecho de que la bellota era su principal alimento.

Antes de la conquista no conocían la moneda, que fue traída por los romanos.

Existían entre ellos leyes de las que Estrabón conserva algunos datos: despeñar a los criminales y lapidar a los parricidas.

El hombre se casa con una sola mujer. Esto es lo que quiere decir Estrabón con la frase "se casan al modo griego". Parece que en otros pueblos hispanos lo normal era la poligamia.

La sociedad estaba jerarquizada y estratificada, pues se sentaban las personas en bancos adosados a las paredes según sus edades y dignidades.

La agricultura estaba en manos de las mujeres. Esto es un signo de matriarcado, término que Estrabón utiliza expresamente: gynaikokratía. Esta se manifiesta en que el varón dota a la mujer, la herencia se transmite por línea femenina, las mujeres buscan el matrimonio a sus hermanos y trabajan en el campo, además de participar junto a los hombres en la guerra.

Otro rasgo característico que cita el historiador es la costumbre de la covada. Después de dar a luz la mujer reanuda sus tareas habituales y es el varón quien se acuesta con el bebé y recibe cuidados. Esta costumbre no es exclusiva de cántabros y astures. Se practicó también en Europa y América. Entre los caribes de la Guayana el hombre ayuna durante seis meses, y después de este período es arañado y golpeado por sus convecinos hasta que cae enfermo. También se consideran vestigios de estas costumbres las prácticas seguidas en ciertas comarcas de Suiza y Alemania, tales como exponer una camisa del marido en la ventana de la parturienta o que la madre vista los pantalones del padre tras el parto. La finalidad de esta costumbre no es clara para nosotros. Probablemente se trate de un reconocimiento de la paternidad en el contexto matriarcal del que hemos hablado.

La conquista romana del territorio cántabro

Ésta fue la última guerra de conquista que sostuvo Roma en la Península Ibérica. Las fuentes literarias nos dicen que los cántabros y astures realizaban incursiones en territorio de aliados romanos. Sin embargo los intereses del estado romano iban mucho más allá. Augusto, reciente vencedor de una guerra civil, ha instaurado en Roma un poder personal, poniendo fin a la República. La guerra contra los legendarios pueblos del norte de Hispania suponía un golpe de efecto tendente a consolidar el nuevo régimen.

La parte del ejército dirigida por Augusto acampará junto a Aracillum, donde los cántabros tenían su mayor foco de resistencia. El sistema utilizado por estos era el sistema de guerrillas. Los guerrilleros aprovechaban la lentitud del ejército romano con sus pesadas armas, carros, material de asedio etc... La escabrosa topografía constituía una muralla continua que favorecía la defensa indígena. La mitad de los soldados cayó enferma y hasta el propio Augusto decidió retirarse a Tarraco a pasar el invierno. Su lugarteniente Antistio logrará la conquista de Aracillum. A finales del 25 a.C., tras licenciar a los veteranos y fundar Emérita Augusta (Mérida), Augusto regresa a Roma.

Aparentemente la zona estaba pacificada, pero en el 24 a.C. astures y cántabros reanudan la guerra. Según las fuentes los indígenas ofrecieron trigo a los romanos y cuando éstos acudieron a recogerlo les mataron. Éstos respondieron saqueando campos y ciudades.

La última batalla tuvo lugar en el año 19 a.C. Agripa mató o vendió a todos los hombres en edad de luchar, confiscó sus armas e hizo bajar a hombres y mujeres al llano.

Las consecuencias de la conquista fueron múltiples. En primer lugar hace aparición la vida urbana, se crean vías de comunicación y aparece la economía monetal. La fundación de una ciudad se produce en un momento histórico determinado y para satisfacer una serie de necesidades (de defensa, económicas, culturales, de ocio, administrativas...) que hagan útil su establecimiento y posible su permanencia en el futuro. El caso de IULIOBRIGA corresponde con estas afirmaciones: el final de las Guerras Cántabras, la glorificación de Augusto (de la gens Iulia) y la necesidad de un núcleo urbano que cumpla esas funciones en un territorio conquistado. Esta ciudad debió ser fundada e. 18 a.C., fecha en la que Agripa, general de Augusto obligó a la población a bajar de la montaña y asentarse en el llano.

Es posible que existiera ya en ese lugar un asentamiento prerromano, pues el sufijo -briga parece de origen céltico. Así, a lo largo del S. 1 se puede confirmar la presencia de grupos indígenas, vencidos en las guerras, que trabajan y viven para la ciudad romana.

Una vez finalizadas las Guerras Cántabras comienza el período que ha venido denominándose Pax Romana, que supone la implantación de diversas medidas que afectan a la sociedad, economía, administración y ejército establecido en Hispania.

Comenzó en gran escala la explotación minera, sin duda la razón de que los romanos se tomaran tantas molestias por conquistar estas tierras. La rentabilidad recaía exclusivamente sobre Roma, quien las explotaba por medio de esclavos.

En la división de las provincias, los astures son adjudicados a Lusitania. Los cántabros a la Tarraconense o Citerior. La división entre ambos pueblos parece que se fijaba en el río Sella.

Factor importante fue la introducción de la lengua y la escritura latinas, verdadero nexo de unión del Imperio Romano. Por la romanización Hispania entra en la corriente de la Historia antigua, recibiendo la cultura griega y más tarde el cristianismo.

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