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Los Colores de la Oscuridad

CUEVAS Y MINERÍA EN CANTABRIA

Edición 1998 - Página 81-83

Jueves 1ro de mayo de 2003, por Varios autores


El Soplao - Minas de La Florida

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Cueva de El Soplao. Camino minero en la galería Gorda.
Autor: © Francisco Fernández Ortega y María Valls Uriol, Ediciones Creática 1998

"El Soplao, una cueva única", como es el título de un monográfico editado por el Speleo Club Cántabro, grupo que estudia y topografía la cavidad, se localiza geográficamente en la Sierra de Arnero, situada al sur de San Vicente de la Barquera, y dentro de los límites de la Reserva del Saja. Geológicamente hay que encuadrarla en la unidad denominada Entrante Mesoterciario Costero. Posee dos entradas naturales: Torca Ancha y Torca Juñoso, también denominada El Tejo. La primera, abre su espectacular boca dentro de un precioso bosque de hayas, acebos, etc.; la segunda, en una pradería próxima. Para mí no está suficientemente claro que el conjunto de galerías Tejo-Torea Ancha comunicaran de forma natural con aquéllas más occidentales de la cavidad, aunque con seguridad se trata del mismo sistema subterráneo. Lo cierto es que estos últimos conductos, en donde la profusión de excéntricas es increíble, se encontraban aislados del exterior, hasta que las labores artificiales penetraron en ellos, y es muy probable que en la actualidad siguieran siendo desconocidos si no hubiera sido por este hecho. Así es, que el tránsito entre una v otra zona ha de ser abordado en mayor o menor espacio a través de pasillos o rampas artificiales. El conjunto minero aquí desarrollado, y hoy en día abandonado en su totalidad, se aproxima con seguridad a los 100 kilómetros de galerías, estructuradas en varios niveles. La mayoría de los tramos horizontales están perfectamente conservados, y es muy sencilla la progresión por ellos, incluso con bicicleta de montaña, pero esto lo comentaré más extensamente cuando trate sobre el sistema de Udías. Hay que tener presente que el riesgo de perderse en este laberinto es grande, si no se tiene la suficiente experiencia, si bien está rigurosamente prohibida la entrada por el dueño de la concesión, AZSA, para evitar posibles accidentes. Es increíble el trabajo que el hombre ha efectuado; por todos los sitios aparecen magníficos muros de contención, a veces sin ningún tipo de cementación entre los bloques, pero que ofrecen una seguridad total. Las uniones entre los pisos se realizan por fuertes rampas o por agotadoras escaleras de caracol de cientos de peldaños, bien labrados en la roca o con piedras acarreadas hasta allí. Lógicamente, los trabajadores caminaban por éstas y arrojaban el mineral por aquéllas hacia zonas inferiores con mejor acceso al exterior. Muchas de las galerías horizontales tienen aún los carriles del tren y no es raro encontrar de vez en cuando antiguas vagonetas, que dan un atractivo especial a la exploración, difícil de describir en estas líneas. Varias son las entradas de mina que nos llevan al interior. De oeste a este las más conocidas son las de Lacuerre, La Isidra, La Florida, Plaza del Monte, Cereceo, Las Ligorias y Minas de Bustriguado, aunque un derrumbe muy próximo al exterior en estas últimas impide la comunicación con el resto. No obstante, los accesos aquí enumerados se sitúan a diferentes niveles en la montaña. Es menester insistir en que la verdadera "Florida" son las ruinas que quedan en el collado situado cerca del repetidor más oriental, muy cerca del pico Castro Rubio. En realidad su abandono no es tan antiguo; concretamente se deja de explotar definitivamente en 1978. Sucede que las inundaciones de finales de agosto-septiembre de 1983, derrumbaron parcialmente estos edificios, siendo aprovechada la piedra de la que estaban construidos por algunos vecinos de los pueblos de alrededor. Recientemente, en 1996, he constatado un nuevo traslado de estas piedras, que han dejado el antiguo asentamiento minero en unas ruinas irreconocibles. Por tanto, el cartel indicador en la carretera que va de Treceño a Labarces y que dice: La Florida 4, es erróneo, debería poner Caviña, a no ser que el nombre de este pequeño pueblo haya sido cambiado, hecho que desconozco.

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Pisos superiores en la cueva del Rescaño.
Autor: © Francisco Fernández Ortega y María Valls Uriol, Ediciones Creática 1998.

Pero volviendo al interior, son bastantes los puntos en donde las labores artificiales cortan las galerías naturales "soplaos". Al ser éstas muy fáciles en su tránsito, son aprovechadas por los mineros para ir de una zona a otra de la explotación. Siendo esto así, es realmente sorprendente lo bien conservadas que se encuentran las formaciones, a veces bellísimas, situadas en ocasiones a tan sólo unos centímetros de este camino, y que desgraciadamente en épocas más recientes han sido arrancadas en parte por algún desaprensivo para comerciar con ellas. Una de las zonas más curiosas de la cueva de El Soplao es la llamada Desecación Poligonal. Se trata de un conjunto de grietas de retracción en arcillas, que no son raras en muchas cavidades, sin embargo aquí estas diaclasas alcanzan tal perfección en sus dibujos y profundidad que constituyen una estructura fuera de lo común. Sin embargo, es más que probable que parte de su génesis tenga origen en la propia mina, ya que esta desecación se localiza en una zona deprimida, a la que se llega a través de un resalte de 12 metros, seguido de una rampa de barro. Es lógico pensar que en el fondo se acumulaba el agua; puesto que la arcilla es un material impermeable. Por debajo y accesible a través de fuertes rampas de mina, existe un amplio conducto artificial, abierto sin duda mediante explosiones controladas. A mi entender, una de ellas abrió una grieta por la que, de forma inmediata, cayó el agua contenida en aquel embalse. Lo que sucede a continuación es fácil de imaginar; la arcilla se secó y resquebrajó, dando lugar a la Desecación Poligonal. Es curioso cómo es posible, en bloques concretos, leer inscripciones con la típica caligrafía de la época, del nombre de algún minero, Amadeo, su pueblo, Celis, y el año 1957 en que, supongo, lo escribió.

Como va he referido en este capítulo y en otros, lo que hace excepcional a la cueva de El Soplao es la cantidad y calidad de las excéntricas que guarda en su interior y que, con seguridad, forma un conjunto único en el mundo, como se puede comprobar a través de los documentos fotográficos que aporto. Quizás el paraje más bello, repleto de este tipo de concrecionamiento, sea el Falso Suelo, verdadera "Capilla Sixtina" del mundo subterráneo. Pero la codicia de algunos o el recuerdo para otros puede convertir estas maravillosas galerías en "desiertos" si no se protege con diligencia esta cavidad. Espero que cuando estéis leyendo estas líneas, que escribo hoy, en febrero de 1998, el problema haya quedado resuelto, y sobren estas advertencias.

El Bozque, caracterizado por la profusión de los fenómenos litogénicos convencionales, de una blancura inmaculada, debió de ser algo extraordinario en otras épocas. En la actualidad, las numerosas agresiones que ha sufrido lo han convertido en una estancia digna de ver todavía, pero que a mí particularmente me causa un cierto desencanto.

El término "galerías vírgenes", hace referencia a una zona en donde no existió aprovechamiento minero, ni siquiera como servidumbre de paso a los trabajadores, hecho que contrasta con una gran parte del resto de la cavidad.

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Cueva de El Soplao. Gour cristalizado.
Autor: © Francisco Fernández Ortega y María Valls Uriol, Ediciones Creática 1998.

P.-S.

Nota del webmaster: Este artículo, así como LA EXPLORACIÓN, han sido extraídos del libro Los colores de la Oscuridad de Francisco Fernández Ortega y María Valls Uriol, Ediciones Creática 1998. En ese libro abundan las fotografías, de El Soplao y otras cavidades de Cantabria, de gran belleza, que solo pueden apreciarse en su formato original en papel.

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