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El Soplao, una cueva única

BIOESPELEOLOGÍA DEL SOPLAO

Edición 1987 - Página 31

Jueves 13 de noviembre de 2003, por S.C.C. (Fecha de redacción anterior: 1987).

El Soplao, una cueva única

BIOESPELEOLOGÍA DEL SOPLAO

El estudio que a continuación se expone, está realizado sobre la fauna del Soplao existente en la parte de la cueva señalada en la fig. 1. De las zonas conocidas es la que presenta mayor abundancia de especies troglobias, por eso ha sido elegida para el trabajo; no obstante, esperamos poder proseguir en un futuro, y completar el estudio de la bioespeleología de toda la cavidad.

Las muestras fueron recogidas durante el año 1.980, mediante trampas que permanecieron colocadas en todos los casos durante 24 horas.

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Figura 1

Antes de pasar a la descripción de las especies encontradas conviene hacer una exposición de las condiciones actuales de las galerías estudiadas.

La existencia de explotaciones mineras en las proximidades, ha supuesto una serie de cambios producidos por la apertura de nuevas comunicaciones con el exterior, la presencia humana, los explosivos, etc.

Las nuevas comunicaciones con el exterior han llevado consigo una mayor ventilación de las galerías próximas, con el consiguiente descenso de la humedad relativa del aire, que es más baja que en el resto de las cavidades de la zona, (en algunos puntos no llega al 80%). A consecuencia de ello se han producido serios problemas de supervivencia para los animales de tegumento muy blando por la desecación ocasionada.

Los explosivos, durante la época en que fueron utilizados, produjeron un aumento de la concentración de los gases resultantes, lo que supuso la desaparición de algunas especies por muerte o huída a otras zonas.

El punto en que más ha influido la actividad humana, es en mi opinión la ruptura de la cadena trófica de la cueva (cuadro 5).

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Cuadro 5

La escasez de corrientes de agua, y la inexistencia de simas cercanas que puedan suponer un aporte de materia orgánica procedente del exterior, hace que toda la vida de la cueva dependa de la actividad de los troglófilos.

En la actualidad, los únicos troglófilos vistos en la zona estudiada, parecen ser algunos insectos voladores que aparecen muy esporádicamente y unos quilópodos de los que luego hablaremos.

Esto hace que no exista apenas aporte energético del exterior, y que éste sea insuficiente para mantener la fauna que sobrevive. El problema por el momento ha sido resuelto por el hombre sin querer, ya que en la cueva permanecen algunos depósitos orgánicos, madera principalmente, que sirven de base a la alimentación de los troglobios. Lógicamente cuando este alimento se agote, la vida de esta galo ría quedará notablemente reducida o llegará a desaparecer.

La solución a esta situación está en que algunas de las especies troglófilas que fueron alejadas, o bien otras diferentes, vuelvan a ocupar la cavidad. Un indicio de esto podría estar en los insectos voladores observados en ocasiones y la presencia de murciélagos en zonas muy próximas a las entradas naturales de la cueva Para ello por supuesto, es imprescindible protegerla de futuras acciones semejantes a las que han causado el desequilibrio actual.

LA DISTRIBUCIÓN DE LAS ESPECIES en la cueva es muy variada según las condiciones.

ZONA I.- (ver fig. 1). Es una zona de galería bastante ancha, con suelo de tierra, y que quizás se trata de las más afectadas por las explotaciones. La humedad es de las más bajas, no alcanzando el 80%. Aquí no se han encontrado signos de vida.

ZONA II.- En ella existen depósitos orgánicos introducidos por el hombre, en torno a los cuales se han encontrado colémbolos, coleópteros y algunos anélidos. Presenta humedad relativa del 82%; suelo de tierra y barro.

ZONA III.- Encontramos repartidos colémbolos, coleópteros y anélidos. La humedad es de 86%; suelo de barro, tierra y: algunos gours.

ZONA IV.- Carece de restos orgánicos y su humedad es del 82%. No se han encontrado en ella seres vivos. Suelo de tierra y piedras sueltas.

ZONA V.- Suelos de barro y piedras. Humedad relativa del 88%. Aparecen anélidos y colémbolos.

ZONA VI.- En ella no hay depósitos orgánicos, no se han encontrado seres vivos. Humedad 82%. Suelos de arena y colada.

ZONA VII,- Aparecen depósitos abundantes de madera. La humedad es del 90%. Se encuentran las mayores concentraciones de seres vivos; gran cantidad de colémbolos, algunos anélidos, coleópteros, ácaros y escasos quilópodos. El suelo es de barro, tierra y arena. Existe una cascada de carácter perenne. Se incluyen en la zona dos galerías secundarias en las que han aparecido colémbolos y anélidos.

La distribución de los animales en esta zona viene determinada por los depósitos de materia orgánica introducida por el hombre y por la humedad del aire. A partir de las gráficas que acompañan este trabajo, puede deducirse una relación entre la humedad relativa de las diferentes zonas de la cueva y de la densidad de población de algunos grupos de troglobios. Se comprueba sin embargo la no existencia de seres vivos asentados en las zonas IV y VI, en las que hay un descenso de la humedad pero a nivel similar al de la zona II en la que si hay troglobios. Por otro lado no existen depósitos orgánicos en estas dos zonas. (cuadros 1, 2, 3 y 4).

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Cuadro 1
Gráfico de humedades relativas medias por zonas
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Cuadro 3
Distribución de la familia CATOPIDAE (trazo continuo) en relación con la hum. rel. med. (trazo discontinuo).
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Cuadro 2
Distribución del orden COLEMBOLA (trazo continuo) en relación con la hum. rel. media (trazo discontinuo).
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Cuadro 4
Distribución del Filo ANNELIDA (trazo continuo) en relación con la humedad relativa media (trazo discontinuo).

En la zona I si existen depósitos orgánicos pero no se encuentran seres vivos y su humedad relativa es del 78 al 79%.

Finalmente en determinados puntos de las zonas II y VII alejados de los depósitos orgánicos se han observado la presencia de troglobios.

Todo esto nos lleva a pensar que ambos factores; humedad y existencia de materia orgánica, se combinan para determinar la densidad de población.

Parece existir un umbral mínimo de humedad entre el 80 y el 81% por debajo del cual no hay troglobios a pesar de existir alimento. Igualmente la ausencia de materia orgánica imposibilita la vida aunque los habitantes de la cueva no tienen porque concentrarse estrictamente en torno a ella, pudiendo ocupar un área bastante extensa a su alrededor.

En algunos casos, la distribución de las especies de forma individual, no re vela relaciones claras con el medio, pero si la distribución se realiza a nivel de grupos superiores a la especie, entonces si se obtiene resultados. Esto parece revelar la existencia en la cueva de especies de un mismo grupo, que compiten entre sí, y a las que el gran tamaño de la cavidad ha permitido instalarse en zonas diferentes, sin apenas interacción entre ellas, dependiendo, quizás, de variaciones ambientales no estudiadas por nosotros.

Para la realización de las gráficas de distribución de los diferentes grupos de troglobios, nos hemos encontrado con el problema de no contar con medios para realizar un recuento fiable que permitiera expresar la densidad de población de in dividuos por unidad de superficie, por lo cual hemos recurrido a un sistema porcentual que nos parece más aceptable.

Se han colocado una serie de trampas iguales, con cebos iguales a lo largo de las zonas de una forma homogénea, en las mismas fechas y durante el mismo tiempo (24 horas). Nuestra idea era que la cantidad de individuos recogidos en cada una debía ser proporcional a la densidad de población de la zona; y así refrendarlo el hecho de que se mantiene una proporcionalidad a lo largo de las diversas recogidas de datos. Posteriormente se ha expresado este porcentaje en relación con la superficie del sector en que se colocó cada trampa, variable según la anchura de las galerías, obteniendo así el tanto por ciento de individuos del total que corresponde a cada zona por unidad de superficie.

Finalmente, comentar que una vez efectuado el recuento en cada trampa, los individuos fueron dejados nuevamente en libertad.

La relación de los grupos taxonómicos es la siguiente: Clase Hexápoda: Orden Coleóptera: Familia Trechidae:
Han aparecido individuos del género Trechus en las zonas II y III. Presentan signos claros de despigmentación, y viven en los intersticios de la arena y las grietas de la pared. Son detritívoros. (fig. 2).

Figura 2: GÉNERO TRECHUS
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Figura 2: GÉNERO TRECHUS

Familia Pterostichidae, subfamilia Pterostichinae. Aparece la especie Antisphodruspeleus en las zonas II, III y VII. Es una especie de unos 20 mm de longitud color rojo con clara despigmentación, guanobios y detritívoros. Viven en las cuevas de Vizcaya, Cantabria, Asturias y León a una altitud máxima de 1.000 metros

Familia Catopidae, subfamilia Bathiscinae: Speocharis nadali. En la zona III. tiene 2 mm. de longitud, alimentación detritívora y su zona de mayor abundancia es Cantabria y zonas limítrofes de las regiones circundantes. (fig. 3).

Figura 3: SPEOCHARIS NADALI
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Figura 3: SPEOCHARIS NADALI

Speocharis cantabricus. Detritívoro, esta extendido por toda la cornisa Cantábrica. Se encontró en la zona VII.

Speocharis sharpi. En la zona II. Tiene una longitud de 2 mm.; alimentación detritívora y se extiende por la cordillera Cantábrica

Speocharis perezi. En la zona VII. Tiene 2’5 mm. de longitud; guanobio y detritívoro cuya distribución geográfica no es muy bien conocida.

Notidocharis uhagoni. Guanobio y detritívoro; zonas II y III.

Breuilia triamgulum. Detritívoro muy abundante en Asturias y Cantabria. Mide 2 mm. y fue hallado en la zona VII.

Breuilia jeanneli. En la zona VII. Distribución geográfica similar al anterior. Alimentación detritívora. (fig. 4).

Figura 4: GÉNERO BREVILIA
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Figura 4: GÉNERO BREVILIA

Oresigenus jaspei. En la zona VII. Tiene una longitud de 4 mm. Esta es una especie que solo se conocía en los Picos de Europa. Es de suponer que haya llegado al Soplao procedente de allí a través del macizo de Peña Sagra, aunque para confirmar esto sería necesario estudiar la fauna de las cuevas de esos montes. Tiene Alimentación detritívora y guanovia (fig. 5).

Figura 5: ORESIGENUS JASPEI
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Figura 5: ORESIGENUS JASPEI

Orden Celémbola. Subfamilia Entromobrioidea. Aparecen en las zonas II, III, V, VII. Son los animales de mayor densidad de la población de la cueva. Se alimentan de detritos. Su tamaño es de 2 a 3 mm., son hialinos y aparecen de color plateado. (fig. 6)

Figura 6: COLÉMBOLO ENTOMOBRIOIDEA
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Figura 6: COLÉMBOLO ENTOMOBRIOIDEA

Filo Annelida; Clase Oligochaeta. Se capturaron algunos individuos totalmente despigmentados viviendo en el suelo próximo a los depósitos de materia orgánica de cuyos detritos se alimentan. Se encontraron en las zonas II, III, V, VII. Su tamaño oscila entre 5 y 12 mm.; y son representantes de varias especies.

Clase Chilopoda. Sólo se han encontrado dos individuos del género Lithobius en la zona VII. La relativa proximidad de esta zona a una de las entradas artificiales de la cueva, y el hecho de que estos animales no se encuentran con frecuencia en galerías sin algo de luz, nos inclina a pensar que su presencia sea accidental. Su tamaño es de unos 35 mm. y son depredadores. (fig. 7).

Figura 7: GÉNERO LITHOBIUS
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Figura 7: GÉNERO LITHOBIUS

Clase Diplopoda. Ha sido imposible por nuestra parte llegar más lejos de la clasificación. Aparecen en la zona VII. Su alimentación comprende madera y detritos. Presentan un alto grado de despigmentación y unos apéndices de tamaño superiores al normal. Parecen tener tendencia a vivir en las proximidades de los gours.

Filo Artrópoda. Clase Arachanida. Orden Acari. Aparecieron en las zonas II y III. Su tamaño es de 1 a 2 mm. Carecen casi por completo de pigmentación y su tegumento es sumamente blando. Son necrófagos y necesitan vivir en zonas de humedad elevada.

De los animales descritos, todos los Catopidae viven en los intersticios entre los granos de tierra y arena, donde debido al reducido tamaño de estos, existe una humedad superior a la de aire de la galería.

Todas las demás especies citadas habitan en grietas de las paredes y suelo o bajo piedras sueltas, con dos excepciones, los colémbolos y los ácaros, que se encuentran sobre los depósitos orgánicos, y sólo se refugian entre la tierra en caso de peligro.

En el momento presente , las relaciones de alimentación entre estas especies son las siguientes:

Los coleópteros actúan como guanovios y detritívoros. Se alimentan de las maderas y demás restos orgánicos dejados por el hombre.

Los anélidos y en parte también los diplópodos, actúan como detritívoros, aunque los segundos también se alimentan de madera que aun no ha comenzado a descomponerse.

Los colémbolos se alimentan en la cueva casi exclusivamente de madera.

Los quilópodos son los únicos depredadores encontrados, aunque como ya hemos visto, no parece que se trate de habitantes habituales a la cavidad.

Finalmente la cadena se cierra con los ácaros que se alimentan de los cadáveres de los demás seres, y la fauna bacteriana que convierte la materia orgánica muerta en detritos que pueden ser aprovechados por otros animales.

El ciclo tiene un claro déficit, puesto que las bacterias no son capaces de reciclar toda la materia, y esto supone una pérdida que en la situación actual de la cueva no puede ser reparada.

Como conclusiones en el presente trabajo, quisiéramos destacar dos puntos, en primer lugar, el hecho de que han sido encontradas una serie de especies conocidas en toda la región, pero que hasta ahora no se habían localizado en el Valle del Nansa, sin duda por los escasos trabajos de Bioespeleología realizados en esta comarca. Es también interesante el que coexistan en la cueva especies que no suelen convivir. La explicación está, quizá en que el gran tamaño de la cueva permite la existencia de diferentes comunidades que apenas se interrelacionan entre sí, y que respetan sus respectivos territorios sin problemas. A nivel de algunas especies de troglobios, cada una de las zonas descritas funciona como si se tratase de una cueva diferente. En segundo lugar y de mayor importancia que la anterior es la constatación de los peligros a que esta sometida la fauna cavernícola.

El equilibrio ecológico subterráneo es muy inestable. La falta de seres autótrofos hace que ninguna cueva pueda mantener seres vivos incomunicados con el exterior; y esta incomunicación puede producirse fácilmente si los troglófilos se ven obligados a abandonarla. Por otro lado las condiciones del medio subterráneo permanecen tan constantes a lo largo del tiempo, que cualquier cambio de temperatura, humedad, composición de los suelos, etc. debido al alto grado de adaptación al medio de los troglobios, pueden hacerlos desaparecer.

Por esto, debemos intentar por todos los medios proteger a las especies cavernícolas de toda situación de peligro, evitando las actividades que puedan producir cambios ambientales o estructurales, así como la contaminación del medio.



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P.-S.

S.S.C.: Speleo Club Cántabro. Santander, 1987.

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