AER

Cuadernos del Valle del Asón

Aguas Rojas

Nº 2 Junio 1999 - Página 19-20

Lunes 28 de abril de 2003, por Francisco García Ortiz (Fecha de redacción anterior: junio de 1999).

Nota del webmaster:
Sobre este texto, y las fotografías que lo ilustran, hemos escrito un artículo aclaratorio:
EL SR. JP WOLLERSHEIM, EMPLEADO DE MICROSOFT
Os recomendamos su lectura...

El Gran Atlas, la majestuosa cadena montañosa que atraviesa Marruecos de SO a NE y se extiende a lo largo de 450 kilómetros. Las montañas del Gran Atlas con más de 4.000 metros de altura enlazan con las del Medio Atlas de más de 3.000 metros protegen en su interior estrechos valles y profundas gargantas.
Un paraíso desconocido para la mayoría de los piragüistas, cuando la nieve se retira los "oueds" se revelan...

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Autor: © JP

En un principio la intención era ir a Galicia pero ante la falta de agua alguien dejó caer la posibilidad de "bajarse al moro". La verdad es que la idea no se discutió mucho, así que nos pusimos manos a la obra. No tenemos mucha información: un libro alemán, que por lo menos nos indican donde están los ríos, y algún artículo de "Canoa kayak".

Después de haber tomado contacto con el agua en Oum er Rbia, río que da nombre a la cuenca principal del Medio Atlas, nos desplazamos hacia el siguiente oued, concretamente el Ahamesal, río que vierte sus aguas a un gran pantano conocido como el lago. Este río tiene tres tramos interesantes de IV y V grado. Nosotros escogemos el último tramo dada la dificultad de acceder a ellos.

Para empezar el día tardamos unas dos horas de viaje por pistas, hasta un poblado llamado Tilougguite, que está en el culo del mundo, y en el que hay un mercado de burros gigantesco. Nosotros alucinamos, pero creo que ellos alucinan más con nosotros; para no variar somos la atracción del pueblo.

Hemos llegado, conocemos la graduación del río cuando lleva bastante agua, pero... ¿cuánto es bastante agua? No hay medidor, con lo cual no sabemos nada. El río tiene bastantes olas, y algún paso comprometido, pero casi todos ellos se reconocen desde el kayak.

Sobre las cuatro de la tarde estalla la tormenta. Hoy ha comenzado antes y parece que el cielo se viene abajo. Hemos entrado sobre las dos, o sea que nos queda todo. Pasa el tiempo, y en vez de amainar, arrecia.

Hacemos una parada antes de entrar en el cañón para vaciar el agua que entra. De repente se oye como un zumbido. Que será. Alguien dice que puede ser un helicóptero. No La respuesta tarda segundos en llegar: un pequeño afluente que habíamos dejado por detrás revienta. ¡Madre mía! Se oían rodar las piedras por debajo nuestro. Salimos pitando entre palos, hojarasca y demás sedimentos.

Ahora sí notamos que el río está subiendo. Entramos en el cañón, muy estrecho, y nos caen chorros de agua y piedrecitas por todos lados. Nos miramos. El cague está patente en todas las caras, no hay salida. Otro afluente más abajo que aporta mucho caudal y para colmo sabemos que a mitad del cañón hay un infranqueable (según las reseñas). Paramos en un sitio muy cutre y evaluamos las alternativas, que son dos: intentar vivaquear en algún lugar si es que lo hay (porque material para ello teníamos), o intentar salir de allí como fuera. Elegimos la segunda opción. No podía fallar nadie, pues debido al caudal y a la práctica ausencia de orillas se hacía imposible un rescate.

Curva a la derecha y vemos una cascada que cae por el lado izquierdo y justo enfrente las rocas que delatan el infranqueable. Se puede parar a la derecha bastante bien. Lo reconocemos y para nuestra sorpresa no existe, lo crecida lo ha tapado. Acojonante. Comemos un poco y para abajo ¡Que peso nos hemos quitado! Después de un buen rato, y a buen ritmo, pues 33 kilómetros llevan lo suyo, vemos como el valle va abriéndose.

Comienzan las risas y los vaciles hasta que uno de nosotros grita: ¿Qué es eso de ahí delante? ¡Pues hay que pasar como sea!
Una masa de palos, troncos, tierra y demás sedimentos con un espesor de unos 30 centímetros obstruye todo el cauce que ya era ancho. Además tiene movimiento de rotación, y muy lento. ¡Esto ya es la leche! Entramos, y cada cual sale como puede, no sin grandes esfuerzos. El fenómeno lo bautizamos como "La Lavadora", y es producido por el choque de la corriente del río con la corriente ascendente del embalse. Creo que hubiéramos podido andar sobre ello. Queda el tramo de remada por el pantano, que se hace eterno. Así que atravesamos algún istmo de tierra, y cuando caía la noche vemos a la noche como un vehículo nos hace señas con las luces. Es nuestro colega de apoyo que ya empezaba a estar intranquilo.

Llegados a la furgo hacemos repaso: ríos de barro, trombas de agua, un centrifugado, remar pantano arriba...demasiadas novedades para un solo día.

Al siguiente día, y para no dejar el relajo, nos vamos al Ouzoud y salimos al pie de dos grandes cascadas: 80 metros la primera y 30 la segunda, seguidas. El lugar es alucinante, y el agua sigue siendo roja. El tramo se compone de saltos, saltos y más saltos; grandes, medianos y pequeños. Muy vacilón, hasta que vemos que el río se sifona entero. Se acabó el vacilón. Porteo y, sin más novedades, después de remar un rato tranquilamente contemplando monos y el paisaje de cedros gigantescos, acabamos otra jornada.

El río más "cañero" que se bajó fue el Ourika, que nace en las estribaciones del Djebel Toubkal (4.165 metros), la montaña más alta del Atlas. Este río es totalmente diferente a los otros: mucho caudal, mucha fuerza, bolos de granito y aguas muy frías y claras. Estaremos dos días y descenderemos varios tramos, pero esto ya es otra historia...

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Autor: © JP

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