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Boletín Cántabro de Espeleología

Actualización de Accidentes y Movilizaciones: 1975 - 1995

Nº 12 Enero 1996 - Página 141-146

Domingo 11 de mayo de 2003, por Virgilio Fernández Acebo (Fecha de redacción anterior: diciembre de 1995).

Virgilio Fernández Acebo  [1]

Ya el año pasado se había actualizado la casuística Espeleológica en Cantabria, desde los primeros accidentes, registrados en los años setenta, hasta el 31 de diciembre de dicho año 1994. En las líneas que siguen y, sobre todo, en los gráficos que las acompañan, se incorporan a los estudios previos los incidentes acaecidos en el ámbito territorial de la Federación Cántabra de Espeleología entre el 1 de Enero y el 31 de Diciembre de 1995. Como en el artículo que se publicó en esta misma revista, la casuística del presente recoge tanto los casos padecidos por espeleólogos federados (lo mismo los ocurridos en las cavidades como realizando actividades espeleológicas en el exterior) como aquellos otros en los que los protagonistas de los incidentes carecían de anexión federativa (excursionistas, escolares,...). Como también se hizo años anteriores, se elaborará para su difusión en el ámbito nacional un artículo sobre el mismo tema que recoja los accidentes o alarmas que impliquen exclusivamente a espeleólogos federados; la finalidad de dicha segunda clasificación, en el que se criban ciertos fenómenos de actuaciones en cuevas, que pudieran considerarse de carácter local, es ofrecer un cuerpo de datos homologables a los que se registren en el resto de territoriales españolas, pretendiendo en última instancia que, tarde o temprano, lleguemos en el colectivo espeleológico español a realizar estos estudios de una forma conexa y sistemática en todo el territorio.

Durante el año 1995 se han registrado 11 incidentes (ya con implicación de espeleólogos, ya ocurridos en cuevas, o que hayan participado en ellos miembros del Espeleosocorro) de los que nos haya quedado constancia. No entraremos en su descripción detallada, remitiéndonos al artículo de Emilio López González que trata sobre la casuística de 1995 en páginas anteriores. El incidente que se excluye en el artículo recién referido, siguiendo el criterio de no incluir fenómenos locales no espeleológicos, es la caída en una rampa de mina, en el municipio de Castro Urdiales, de un joven navarro que accedía de noche a pescar en los acantilados; participaron en las labores de ayuda y rescate los miembros del Grupo Espeleológico La Lastrilla, como ocurrió con el otro accidente en que se vieron implicados personas sin filiación ni experiencia espeleológica: un grupo de escolares vizcaínos que quedaron bloqueados por la avenida de la Cueva de La Lastrilla en el mes de Abril. En estos casos, como en varios otros que fueron resueltos con autonomía por los miembros del Espeleosocorro pertenecientes a la Agrupación Espeleológica Ramaliega, no llegó a desplegarse el grueso de los componentes del equipo cántabro de Rescate en Cavidades. En algunos, sin embargo, adquirieron los despliegues cierta importancia, sobre todo en el rescate de la espeleóloga francesa ocurrido en Octubre; aunque no se llegó a igualar en número a alguno de los grandes despliegues de años pasados, se trató de un rescate calificable de ejemplar, tal vez el más pulido, desde el punto de vista organizativo de cuantos se han realizado, implicándose en el mismo además de la cántabra, las tres federaciones territoriales vecinas, el GREIM de la Guardia Civil de Potes y los recursos generales de Protección Civil y de la Guardia Civil; ello da una idea de las dificultades organizativas que pueden ir aflorando –desde la falta de avituallamiento hasta el sesgo de información esencial– pero que se resolvieron gracias a la capacidad de respuesta que otorgan la buena voluntad imperante dentro de la estructura federativa, el adiestramiento y la experiencia, junto a la inacabable fuerza moral de los rescatadores y demás componentes del operativo.

Volviendo a retomar la casuística global, se detecta, al comparar los últimos veinte años con los datos incorporados en 1995, un aumento importante de las pérdidas en las cavidades como causa de las alarmas (casi un 50% de las mismas). No se ha registrado siniestralidad relacionada con los aumentos bruscos de caudal en los acuíferos subterráneos, fenómeno frecuente en años anteriores, posiblemente debido a que las épocas de mayor actividad espeleológica no haya coincidido con períodos de inestabilidad en la meteorología del Cantábrico; circunstancia que hubiese complicado sin duda las actuaciones de los equipos de Espeleosocorro, con desenlaces imprevisibles.

Hemos comprobado la trivialidad con que se han abordado en los grupos visitantes algunos de los capítulos que han concluido en alarmas, por suerte, banales; hay acuerdo en la opinión de la mayor parte de los implicados en Espeleosocorro que la gran difusión de ámbito nacional dada a un recién publicado catálogo de Grandes Travesías de España ha incidido considerablemente en el aumento de las alarmas registradas, al ofrecer la falsa apariencia de simplicidad de las travesías que recoge (un buen porcentaje de las mismas ubicadas en Cantabria), sin duda por realizarse una lectura superficial de la obra. Se ve clara la necesidad de proyectar campañas de prevención de accidentes espeleológicos al menos tan masivas como las propias publicaciones espeleológicas cada vez que salga a la luz alguna nueva obra con gran difusión sobre grandes cavidades, acompañando con otra serie de medidas preventivas y de potenciación de la estructura de Espeleosocorro.

En cuanto a número de incidentes, el año 1995 ha sido altamente activo en alarmas y falsas alarmas, con desenlace positivo y sin gravedad la mayor parte de ellas, de rango idéntico a 1992, en el que también ocurrieron 11 incidentes tras haberse mantenido la media en 6 accidentes durante los tres años anteriores (1991, 1990 y 1989), año en que se disparó la estadística de Cantabria. Estos dos años con mayor número de incidentes (1992 y 1995) coinciden también en seguir a otros inmediatamente anteriores con seis accidentes. Dentro de la aleatoria ocurrencia de este tipo de acontecimientos puede esperarse una media superior a los seis accidentes anuales en Cantabria para los próximos años, en tanto se vaya disipando la moda del deporte-aventura improvisado de fin de semana; es decir un incidente cada dos meses. El año 1995 ofrece una nueva tendencia a centrar en los meses de verano los accidentes; la mencionada tendencia trivializadora y espontánea -no se cultiva excesivamente la preparación meticulosa de las expediciones, que son organizadas muchas veces en torno a un plano de apariencia simple- parece que fuese unida a una cierta "comodidad", alejándose de la dureza climática de los meses fríos y otras circunstancias desfavorables. Este fenómeno sociológico y sus consecuencias, en general, para la estructura estatal de Protección Civil, parece que no está siendo considerado con toda la seriedad que se merece desde diversos puntos de vista: conocimiento y control del destino de los excursionistas, nuevos esquemas operativos necesarios para resolver los incidentes, exigencia de seguros deportivos específicos para actividades escolares y para excursionismo comercial, incremento del control de actividades que vulneran la diversa normativa existente, etc. En Francia, que demostradamente nos ha precedido en este tipo de fenomenología, los incidentes ocurridos fuera del ámbito y control de la estructura federativa provocan ya una preocupación seria, tanto al Spéléo Secours Français como en la estructura de Protección Civil, sobre todo referido a los jóvenes que irradian periódicamente cada fin de semana o vacaciones desde las grandes ciudades a las mecas del deporte aventura; las incursiones en cuevas provocan las situaciones más complejas y frecuentes.

El sistema de la Cueva del Valle, en Rasines, es el de mayor desarrollo de Cantabria y uno de los mayores de España. Es el que ha atraído a la mayor parte de los grupos que se han visto implicados en alarmas durante 1995. Se puede pensar cómodamente que su elección como objetivo de la mayor parte de las incursiones se debe a su gran espeleometría, plasmada en los catálogos de travesías y grandes cavidades a que nos hemos referido; me atrevo a afirmar que no hay ninguna preferencia estética ni, por supuesto, científica o de carácter similar. Aunque en España hay cavidades de mayor desarrollo y desnivel que las existentes en Cantabria, se dan en menor número, su acceso no es tan cómodo y se encuentran con problemas de acceso (como ocurre también en Francia: cerradas con verja, vigiladas...) y muy dispersas geográficamente, por lo que muchos grupos acuden a esta región de Cantabria, cuyas principales cuevas -salvo las protegidas por su contenido arqueológico y otro reducido número cerradas a instancias de las propias entidades espeleológicas- carecen de vigilancia y se encuentran agrupadas en un radio de escasos kilómetros. Por lo que los visitantes pueden optar a introducirse en unas u otras, según se presenten las circunstancias (posible vigilancia, presencia de otros grupos simultáneamente, etc.). Estas condiciones, junto a la riqueza paisajística de la región cántabra y otras ya explicadas, justifican la gran afluencia de grupos espeleológicos que acceden a las cavidades cántabras dejando constancia reglamentaria de su presencia -otros muchos todavía sin dejar otros rastros de su paso que noticias posteriores o las grandes aglomeraciones en torno a ciertas fechas vacacionales; mientras se mantenga la frecuencia de visitas conocida en la actualidad seguirá latente la probabilidad de los accidentes.

A los ámbitos de Cantabria, institucionales y federativos, se nos plantea el reto de poner en marcha las necesarias medidas de prevención y organizar los recursos disponibles para tener a disposición un equipo de Espeleosocorro de alto nivel, lacónico en exigencias, con técnicas de aplicaciones amplias y capacidad docente bien desarrollada, capaz de extender las técnicas, compartirlas con los profesionales de modalidades de rescate afines y llegar a conjuntarse en equipos polivalentes.

Para la Federación Cántabra de Espeleología, que ha participado en la difusión de actividades en las que surge de improviso el accidente -con una trayectoria meritoria como pocas por sus aportaciones culturales y científicas, aunque no siempre leídos o conocidos los resultados del largo esfuerzo colectivo el reto es moral y los resultados son propios de un largo esfuerzo de muchas personas. La consecuencia futura deseable debe tener el listón mínimo en llegar a disponer en la Cornisa Cantábrica de una serie de equipos de Espeleosocorro estabilizados, capaces de actuar conjuntamente en cualquier emergencia ocurrida en ámbitos subterráneos. Paralelamente, inducir precaución en los visitantes mediante una política federativa adecuada, en la que la colaboración de la Federación Española de Espeleología y el resto de las territoriales tendrían un papel decisivo dado el origen de los accidentes y alarmas, reduciría el número de accidentes con que se sobrecarga cada año al equipo de Espeleosocorro de Cantabria, prácticamente uno mensual de media en el año que acaba de concluir.

BIBLIOGRAFÍA

FERNÁNDEZ ACEBO, V. (1992). La evolución del Espeleosocorro en Cantabria. Actas del V Congreso Español de Espeleología (Santander, 1 al 4 de Noviembre de 1990). 163-172. Federación Cántabra de Espeleología-Federación Española de Espeleología. Santander.

FERNÁNDEZ ACEBO, V. (1994). El Karst de Miera: Estudios, Patrimonio e Inventario de las Cavidades del municipio de Miera. Bol. Cánt. de Esp. N° 10. Monografía. Federación Cántabra de Espeleología. Santander.

FERNÁNDEZ ACEBO, V. (1995). Incidentes y movilizaciones para rescates espeleológicos en Cantabria. Actualización previa a una propuesta de estudio analítico y medidas de prevención. Bol. Cánt. de Esp. N° 11. Federación Cántabra de Espeleología. Santander.

FERNÁNDEZ ACEBO, V. (1995). Incidentes y movilizaciones para rescates espeleológicos en Cantabria: Hacia la prevención de los Accidentes Espeleológicos. Federación Cántabra de Espeleología-Federación Española de Espeleología. Santander.

FERNÁNDEZ ACEBO, V. (1995). Movilizaciones y Accidentes espeleológicos en Cantabria entre 1980 y 1994. En Protección Civil, Revista de la Dirección General de Protección Civil N° 25, Julio 1995, Págs. 15-18. Ministerio de Justicia e Interior. Madrid.

EL DIARIO MONTAÑÉS (I.M.). Viernes 15-9-1995, pág. 8: Rescatado un joven que se cayó en un túnel de Saltacaballos.

EL DIARIO MONTAÑES (Vicente Vila). Sábado 12-8-1995, pág. 5: Rescatados 5 espeleólogos murcianos perdidos en la cueva de La Cañuela.

EL DIARIO MONTAÑES (Alfonso Ruiz). Jueves 26-10-1995, pág. 8: Una espeleóloga francesa permanecía ayer atrapada y herida en una cueva de Soba.

ALERTA. Viernes 27-10-95, pág. 11: En estado muy grave la espeleóloga francesa accidentada en una cueva de Soba.



INCIDENTES DE ESPELEOSOCORRO EN CANTABRIA 1975-1995

DISTRIBUCIÓN POR PERÍODOS

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INCIDENTES ESPELEOLÓGICOS EN CANTABRIA

DISTRIBUCIÓN POR AÑOS. 1975-1995.

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AÑOS


INCIDENTES ESPELEOLÓGICOS EN CANTABRIA

DISTRIBUCIÓN POR MESES (1975-1995)

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MESES

Datos recogidos y elaborados por V. Fernández


INCIDENTES ESPELEOLÓGICOS EN CANTABRIA

1975 - 1995


INCIDENTES ESPELEOLÓGICOS POR MUNICIPIOS

CANTABRIA 1975 -1995

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MUNICIPIOS

Datos recogidos y elaborados por V. Fernández


INCIDENTES ESPELEOLÓGICOS EN CANTABRIA

LUGARES DE ORIGEN. 1974-1995.

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Se considera la existencia de grupos mixtos; sólo recontados incidentes espeleológicos.
Datos de Cantabria homologados al resto (Excluidos no espeleólogos) Total= l6.

V.F.


INCIDENTES ESPELEOLÓGICOS EN CANTABRIA

DISTRIBUCIÓN POR CAVIDADES. 1975-1995.

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CAVIDADES


CAUSAS DE MOVILIZACIONES PARA RESCATE ESPELEOLÓGICO

COMUNIDAD AUTONOMA DE CANTABRIA 1975-1995

Datos recogidos y elaborados por V. Fernández


Notas

[1] Secretario de Coordinación. Espeleosocorro Cántabro.

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