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Cuadernos del Valle del Asón

A esta cueva, ¿también la va a cuidar Pencho?

Nº 5 Julio 2001 - Página 9-13

Sábado 22 de marzo de 2003, por Susana Rodríguez Sánchez


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La Lastrilla
Foto: © Pedro Merino

Introducción

El Programa Intercampus de cooperación universitaria iberoamericana ha producido, en el corto tiempo en que está vigente, un entusiasmo tan importante entre el movimiento estudiantil que ha llevado a las autoridades del ICI (Instituto de Cooperación Iberoamericana), a promover un plan similar entre profesores / investigadores universitarios. La convocatoria de Becas de profesores universitarios 1996 tuvo una oferta de 845 (ochocientas cuarenta y cinco) para toda América Latina, de las cuales correspondieron 203 (doscientas tres) a Argentina. Sin embargo, ninguna de esas plazas era para mi especialidad. Por ello, debí elegir entre las "opcionales", es decir, las que considerara pertinentes aunque correspondieran a otro país y esperar que a través del ICI en Madrid, todos los inscriptos fueran analizados por el Comité de Selección establecido por la Agencia Española de Cooperación Internacional.

De esta manera obtuve la plaza: "Intercambio de técnicas de excavación arqueológica" propuesta por el Departamento de Prehistoria y Sociedades Precapitalistas de la Universidad Autónoma de Barcelona, (Bellaterra) habiendo sido la única ganada entre todos los postulantes. El hecho de ser opcional, si bien convierte a la beca en una posibilidad más remota aún, significa la evaluación de los antecedentes y de la Memoria del postulante desde España con los criterios que ha fijado el país.

Debido a los cambios políticos ocurridos en el gobierno español para esas fechas, las excavaciones que mi Director de Beca, el Dr. Jordi Esteves Escalera iba a realizar durante la campaña del verano/96 se suspendieron, motivo por el cual, mi tutor en una acción que renueva las características de la hidalguía, se preocupó para que formara parte de otros equipos de investigación que no tenían cortados sus presupuestos. Así fue como una vez arribada a Barcelona, pasé a la región Cantábrica a trabajar en dos sitios prehistóricos. Hoy nos ocuparemos de uno de ellos: la cueva "El Mirón" quedando para otra entrega, si así lo creen conveniente, el relato de la experiencia de trabajo en la cueva "Del Castillo", en Puente Viesgo, enclave del arte paleolítico de Europa. También tuve la oportunidad de visitar los yacimientos de la sierra de Atapuerca, en la provincia de Burgos de una importancia excepcional para el proceso de hominización y el conocimiento de la evolución del Homo sapiens neanderthalensis. Por último, el sitio de "Mas Castellar-Pontós (Alt-Empordà)", en el nordeste de Cataluña, yacimiento protohistórico (desde los últimos momentos de la Edad del Bronce hasta la colonización romana: Siglos III / II a.C.) al que pude recorrer con el equipo que allí trabajaba.

La cueva "El Mirón"

En el valle del río Asón, que nace en un anfiteatro salvando un desnivel de más de 200 metros, en el sector oriental de la región cantábrica, se encuentra el pueblo de Ramales de la Victoria prácticamente rodeado de cuevas prehistóricas, la mayoría de las cuales, tiene arte rupestre perteneciente al Paleolítico Superior. Una de ellas, es motivo de estas líneas.

El equipo dirigido por el Dr. Manuel González Morales de la Universidad de Cantabria y el Dr. Lawrence Guy Straus de la Universidad de Nuevo México, EEUU, estuvo compuesto por estudiantes de grado unos y del doctorado otros, de la carrera de Prehistoria y Arqueología de sendas unidades académicas y por quien suscribe como becaria de investigación del Programa Intercampus 1996.

La cueva en cuestión, es de grandes dimensiones: 24 m de boca, en la entrada por 125 m de largo metiéndose adentro de la montaña y estrechándose sus paredes en el sector medio a la vez que presenta un desnivel en los sedimentos y una inclinación hacia el norte en el recorrido por sus entrañas. Está muy próxima a la cueva de "Covalanas", a la de "La Haza" y a la de "Cullalvera" y a escasos 2 Km. del centro del poblado. Por ello, a pesar de que recién se había empezado su estudio sistemático, forma parte de la historia reciente del pueblo ya que al momento de iniciar las excavaciones, era refugio natural de un piño de cabras perteneciente a unos vecinos. Incluso los más chicos se interesan ya que, intrigados por nuestro trabajo, repartido como es natural en toda tarea arqueológica: entre el campo y el laboratorio, se acercaban a ver qué hacíamos, cómo y para qué.

Muy especialmente, en el laboratorio, donde las horas parecen no pasar nunca por lo monótono del trabajo, los chicos que asistían a la escuela de danzas cuyas clases se daban en el mismo edificio cedido al equipo arqueológico por el Ayuntamiento de Ramales, luego de cumplir con sus clases, se acercaron a observarnos movidos por la natural curiosidad y, luego de satisfacer sus preguntas, uno de ellos me miró y me dijo: "a esta cueva, ¿también la va a cuidar Pencho?".... Tuve que contener la emoción que encierran esas palabras en boca de un niño de 9 años que ya sabe lo que significa el patrimonio cultural y que conoce de los desvelos de Pencho, que no es otro que Joaquín Eguizábal Torre, el guía de Covalanas, antes de responderle que ojalá cuando se terminen los estudios y el sitio esté abierto al público, pueda ser Pencho o cualquier otro que siguiendo sus pasos, realice con el mismo entusiasmo y dedicación la tarea de guiar a todos los visitantes de Ramales de la Victoria, por entre las húmedas paredes de las cuevas que encierran momentos del pasado de la humanidad y que guardan y conservan el arte que los primitivos habitantes de Cantabria realizaron sobre sus paredes durante el Paleolítico Superior (aproximadamente entre 40.000 y el 10.000 años antes del presente).

Los objetivos de esta campaña de junio y julio de 1996, estaban puestos en lo que los arqueólogos llamamos una prospección, es decir, un trabajo exploratorio que nos permita encontrar testimonios sobre las problemáticas que en este caso se habían planteado:

  1. cambios en el uso del hábitat;
  2. estrategias de caza especializada en cabras;
  3. movilidad estacional entre las costas y la sierra;
  4. relación entre ésta y las cuevas próximas con arte rupestre fechado entre 20.000 y 17.000 años antes del presente;
  5. posible abandono momentáneo del sitio durante el Holoceno inicial (hace 10.000 años aproximadamente);
  6. presencia de habitantes neolíticos.

Se realizó, tal cual estaba previsto, el sondeo en la zona del vestíbulo y en la galería interior y el saldo fue altamente positivo: el sector cuadriculado de 2 m por 2 m de la entrada, que mira al oeste, nos dio luego de los primeros niveles de la Edad del Bronce, unos hogares (sitios de uso permanente de combustión, cocción de alimentos, generación de calor, iluminación, etc.,) y muchos testimonios más de una secuencia que intuíamos como extraordinaria. Dadas las características de la campaña (debíamos hacer sondeos para poder programar las siguientes etapas de trabajo), a pocos días de empezar, dejamos un sector (1 m por 1 m) como testigo y proseguimos con el resto hasta que el tiempo, inexorable, nos indicó el fin de las tareas por este año.
Como medida de control, días antes de finalizar, se enviaron al laboratorio de Geocronología de Cambridge, tres muestras para ser analizadas por el método del carbono 14 de sendos niveles representativos y ellas han confirmado nuestras sospechas: el nivel más superficial, es decir, el que primero encontramos, pertenece al 900 +/- 80 antes de Cristo. Luego, uno que contenía una punta calcolítica (Edad del Bronce): 3270 +/- 270 antes de Cristo y, la más antigua que hemos mandado -por ahora, y que pertenece a nuestro nivel 9- ha registrado una fecha de 5470 +/- 400, a.C.

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Cofiar
Foto: © Pedro Merino

Por supuesto, esto es una primera aproximación a lo que será todo el trabajo que nos espera no sólo en el sitio sino también en las tareas de laboratorio. Además, se están procesando otras muestras con mayor precisión es decir, se utilizan procesos de aceleración de partículas para mejorar la exactitud de las fechas. Esto fue sólo el comienzo de una serie de fechas que hoy completan el panorama con un total de 40 que representan una secuencia de ocupación de las más completas estudiadas en Cantabria con un registro que va desde los 19.000 a los 3.500 años BP.

El registro que se lleva es meticuloso: se lleva una hoja por cuadrícula y cada cuadrícula, se subdivide en cuatro sectores orientados según los puntos cardinales. De cada sector, que se denominan: A, B, C y D se registra una planilla completa. Si por alguna razón, es necesario señalar algo indiciario (es decir, que nos da un dato casi inmediato de un estilo, una tendencia, una metodología, una técnica de talla, etc.), se abre otra planilla con todos los datos que se consideren de valor. Además, se lleva una hoja de procedencia de campo y de laboratorio de manera que no se deje nada al azar: en ella se dan números correlativos a los elementos que se desea destacar y se hace una breve descripción desde el momento en que aparece en el sedimento. Luego, esta tarea se completa en el laboratorio con el lavado y limpieza del material para ubicarlo en las cajas correspondientes. Después habrá que determinar estilos, tipos, materias primas y, finalmente, clasificar. Ardua tarea que comenzamos a hacer con mucha paciencia, como se requiere en todo trabajo arqueológico y que deberá continuar próximamente, a lo largo del año académico de la Universidad de Cantabria.

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Arco B
Foto: © Pedro Merino

Tuve la suerte de obtener otra beca de Intercampus al año siguiente y repetir la experiencia de trabajo con el equipo del Mirón y adentrarme así, sin darme cuenta, en la vida cotidiana del maravilloso pueblo de Ramales. Este año de 1997 ya teníamos una novedad en el laboratorio: hacíamos flotación de todo el material de manera que se han podido realizar estudios de vegetales ya que se recogen las muestras de cada una de las bolsas traídas diariamente de la cueva al laboratorio.

Pero el éxito de todo este esfuerzo no hubiera sido tal de no ser por: a) la organización de la campaña a cargo de los dos directores, personalidades distinguidas en el estudio de la Prehistoria Europea; b) el otorgamiento de fondos necesarios para llevarla a cabo; c) el trabajo en conjunto de dos universidades (Cantabria y Nuevo México) que permite organizar y distribuir los trabajos de estudios específicos en diferentes laborarios , instituciones y destacados especialistas que, en cada caso, se ocuparán de ellos; d) la muy buena integración del equipo conformado; e) la colaboración inestimable del Ayuntamiento que, entre otras cosas, nos cedió una parte de las instalaciones de su Biblioteca y Salón Comunitario "Juan Zorrilla de San Martín" para montar allí nuestro laboratorio. Asimismo colaboró el Cuerpo de Bomberos de Ramales que nos proveía del agua necesaria para el cribado del material (cientos de litros), en la misma entrada de la cueva, durante la campaña de 1996, con todo el esfuerzo que eso significa. Por último, la hospitalidad de la gente, vecinos del pueblo de Ramales que hacen de nuestra estada una jornada sumamente agradable. Además, se notaba en ellos, en cada momento, su interés por nuestro trabajo, su preocupación porque podamos seguir haciéndolo porque valoran el patrimonio cultural con el que conviven.

Pero no terminó para mí esta experiencia: regresé con una beca del Ministerio de Cultura y Educación de Argentina para realizar el Doctorado en la Universidad de Cantabria durante los años de 1999 y 2000. Por ese motivo y como mi Tutor es el Dr. Manuel González Morales, tuve ocasión de seguir participando de las campañas en ambos veranos. Cada año son mayores y más notables los descubrimientos que se hacen y con ello se amplía el panorama del conocimiento de la región en general y del papel que le correspondió a El Mirón, en particular, en toda la prehistoria de este sector del valle del Asón.

Comprometida como me siento con la región, cómoda y a gusto con los pobladores de Ramales y localidades vecinas, no podía dejar de considerar en mi tema de Tesis Doctoral, algo relacionado con la comunidad y su paisaje, que tuviera incidencia en el conocimiento del pasado cultural en este sector oriental de Cantabria. Por ello, mi tema fue sencillo aunque novedoso. Desde octubre del año pasado estoy preocupada por escribir sobre: Cuevas y agua en la cultura paleolítica de Cantabria. Memoria y presencia. Este tema comprende la zona del valle del río Asón, en su curso medio, una vez que recibe las aguas de los ríos Gándara y Calera y hasta aguas debajo de la desembocadura del Carranza. Me interesa estudiar todas las cuevas que abundan en esa zona ya sean santuarios dedicados al arte o sitios habitación, es decir, lugares donde vivieron los más antiguos habitantes de la zona. Sería interesante encontrar las razones que los llevaron a hacer un uso distinto de estos sitios, tal vez alternando con actividades de recolección de mariscos en la región costera.

El tema lo completo con el estudio del imaginario colectivo de los pobladores actuales de las ciudades y pueblos asentados al pie de los montes kársticos. El conocimiento, estudio, recuerdo, que los pobladores tengan de la vida en las épocas pasadas tan cerca de sus viviendas actuales; el uso del espacio que actualmente hacen los ganaderos de la región, el uso que hasta ayer hicieron los que utilizaban las cuevas y covachos para el resguardo de su ganado menor o incluso para vivir, en algún caso un grupo familiar en tiempos no muy lejanos en la cueva El Mirón; en fin, todo el acervo de tradiciones orales que se conservan en la memoria de la gente, será tema de estudio.

Tuve la suerte de empezar con este enfoque durante unos días de la campaña del verano de 2000 y luego en el mes de noviembre en que viví confundida con la gente de Ramales. He podido entrevistar a algunas personas, con recuerdos y anécdotas magníficas que a medida que hacían el ejercicio de relatar, iban tirando de algunas puntas del ovillo de la memoria. Es cuestión de empezar a tirar, nada más y los recuerdos salen solos... Pero no es únicamente a la gente mayor a quien voy a entrevistar -cuando pueda volver a ese querido rincón cantábrico- sino a los chicos, a los adolescentes, a los jóvenes. A todos los que viven o han vivido en relación con ese paisaje de cuevas, en medio del agua y con la presencia de los relatos que los abuelos contaban a sus nietos, hoy grandes, adultos, sobre el misterio que encierran las cavernas, las historias que se contaban, verdaderas o no tanto, sobre los hechos que tienen relación con el pasado y que permanecen en el recuerdo.
Y a ese niño de 9 años, que hoy ya tiene 14, también quisiera entrevistar... ahora le preguntaré yo muchas cosas sobre las cuevas... así como lo entrevisté a Pencho, ¡qué personaje! con el que tengo que seguir charlando ya que es una fuente inagotable de recuerdos. Al igual que Jesús, el primer guía que tuvo Covalanas. Pude conversar con varias personas, me queda mucho por hacer. Espero poder cumplir con el trabajo para que el resultado sea óptimo. Confío en llegar algún día, de nuevo por Ramales y los pueblos cercanos y volver a encontrarme con la gente, con los chicos, los adultos, los mayores y conversar sobre las cuevas que rodean a las verdes montañas. Aunque no parezca, lo que cada uno pueda aportar, es una fuente inagotable de sabiduría que permitirá conocer mejor el patrimonio cultural de la región. Ese que un día de hace cinco años, a un chiquito de Ramales lo llevó a preguntar: "a esta cueva, ¿también la va a cuidar Pencho?".

Sólo una reflexión final ya que el espacio es limitado: ésta ha sido una gran oportunidad de trabajo ya que no sólo fue posible dar lo que uno tiene sino recibir, en gran medida con este intercambio: en lo académico por la naturaleza del sitio y las condiciones de los dos directores y en lo personal, por la gente: colegas, compañeros y vecinos. Por todo ello, estaré siempre agradecida.

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